El Perola cumple 20 Ramas

Pepe el Perola no para. Sirve botellines a la parroquia del fondo, tira un puñado de manises sobre la barra o trae de la cocina la carne de conejo para el grupo del barrio de Guanarteme que le ha ocupado medio bar. Y por encima de risas y tertulias suena la banda con la música de la Rama que mañana bailarán miles de personas.

Teresa Artiles
TERESA ARTILES

Este es un año muy especial para José Juan Domínguez Dámaso, Pepe para sus amigos y el Perola para casi todo el mundo, gente «de la isla, de Canarias y del extranjero» que lo conoce, a él y al bar que abrió hace 20 años, uno de los más peculiares de Gran Canaria. El 30 de mayo celebró a lo grande sus dos décadas y mañana, 4 de agosto, volverá a convertirse en uno de los puntos de encuentro de la Rama de Agaete, la fiesta ancestral que une a miles de personas alrededor del baile y la alegría.

Los días previos a este rito festivo el Perola no cierra. Se mueve de un lado para otro entre las estanterías y vitrinas de madera añeja que siguen recordando a Antoñito y la tienda de aceite y vinagre que regentaba. A su viuda Rosaura e hijas Pepe el Perola no se cansa de agradecer que le hayan brindado la oportunidad, allá por 1992 y siendo lotero de profesión, de coger el local. A cambio, y por contrato, él se comprometió a dejar la decoración como antaño, lo que ha convertido el bar en historia viva de Agaete. Por eso conviven tras el cristal un paquete de cigarrillos El Progreso con una boya y anzuelos oxidados para pescar. O en la zona alta de las estanterías da la bienvenida un ejército de botellas cubiertas de polvo que han visto crecer a un pueblo que tiene a Pepe el Perola como una persona entrañable, buena y con una cierta dosis de mala leche, la necesaria para mantener a raya a quien se pase un poco. «Creo que por eso también ha aguantado tanto el bar», dice sonriente.