El nuevo mapa de las cajas de ahorros, lío financiero

Cuando Carlos Solchaga devaluó la peseta a comienzos de los noventa, el entonces consejero de Economía y Hacienda, José Miguel González, dejó para los anales una frase premonitaria: «El dinero no conoce ni color, ni raza, ni bandera. El dinero es dinero».

Dos décadas después, la reflexión del veterano parlamentario encaja en el perfil de las cajas de ahorro, unas instituciones sociales creadas hace más de un siglo y que, ahora, con la crisis de mercados y deuda, mutan hacia un nuevo escenario donde cambia su protección jurídica, obligándolas a convertirse en bancos.

En realidad, el hoy modelo agonizante de las cajas estaba casi asimilado al conjunto del negocio financiero. Las grandes cabeceras disfrutan de una apetitosa cartera de participadas en Repsol, Telefónica, Gas Natural, Iberia o Mapfre, que les permite garantizar cualquier eventualidad, como los riesgos de los préstamos inmobiliarios, cifrados en unos 400.000 millones de euros, el 40% del PIB español.

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