Voces, palabras...

El mejor clima del mundo y parte del extranjero

18/06/2012

Se queja el señor viceconsejero de Turismo del Gobierno canario de que las Islas pierden competitividad frente a otros destinos. Varias son las razones, aduce, que explican tal desfase: entre ellas, oferta poco especializada, producto sin identidad, incorrecto sistema de gestión, equipamientos e infraestructuras con grandes limitaciones. Por tanto, anota, es menester la potenciación de las Islas en aquellos países de tradición hacia Canarias o en los que hay posibilidad de mayor impacto. Y tras rigurosos estudios llega a la conclusión de que resulta imprescindible vender la idea de que Canarias no solo tiene un buen clima, sino que posee el mejor del mundo.
Yo no sé lo que habrá tardado en llegar a tal conclusión, atrevida y comprometida, pues aunque no con el mismo significado de potenciación turística, el mundo es ancho y ajeno, así tituló Ciro Alegría la mejor y más impactante de sus novelas. Es decir, tierras hay en estos mundos de Dios que nada le envidian en climas a Canarias e, incluso, llegan a superarla. Por tanto, la hipérbole «el mejor clima del mundo» me parece ya no sólo muy atrevida sino, incluso, provinciana. Bien es cierto que presumimos de dos estaciones al año, primavera y otoño, pero tengo la impresión de que el turismo de hoy exige mucho más, tal ocurre casi todas las mañanas por Vegueta, llena de chonis cuya mayor satisfacción parece que son las fotos con los perros de la Plaza de Santa Ana.
   ¿Qué tiene la ciudad de original, novedoso, curioso, interesante, para que sea atractiva a los turistas? ¿Qué se les ofrece? ¿La playa de Las Canteras, a gente que está de paso y que llega de Maspalomas? ¿Un recorrido por Vegueta para que se perplejen con la Casa de Colón, ayer construida aunque se venda como del siglo XVI? ¿O acaso el Pueblo Canario por el que tanto preguntan… aunque sus caras reflejan el desencanto cuando lo descubren? ¿Quizás el Museo Canario, enhiesto cual milagro de Alcorac, casi desertado por organismos oficiales? ¿Tal vez el Parque Santa Catalina, sucio, maloliente, abandonado? ¿Las calles de sus alrededores con edificios viejos, ahítos de abandonos y miserias? ¿O el impacto de país subdesarrollado con coches en aceras y calles peatonales? Porque aquello del clima, el tan socorrido recurso al que se pretende echar mano hoy para vender ya tiene su tradición, se remonta a campañas y lemas de los años setenta, como aquella reiterada frase de «Canarias, eterna primavera» por la que algún avispado cobró hasta derechos de autor, y lo cierto es que la había leído en Cairasco de Figueroa cuando describe la selva de Doramas («conserva una perpetua primavera») en el siglo XVII. He ahí, como simple botón de muestra, un detalle de la cultura: alguien que llegó de fuera leyó a un clásico, al primer poeta grancanario del Renacimiento. Y como nadie sabía de él, ni tan siquiera de su existencia, patentó la frase muy parecida.
   Y no es que Canarias tenga abandonada la promoción externa de sus Islas, en absoluto. Acude a todos los certámenes turísticos, a ferias en España y extranjero. ¿Acaso no vemos año tras año a las mismas decenas, centenares de personas ya en Londres, Berlín, Madrid, Dublín, Oslo, Honolulú, Patagonia, Caracas o Ghana, con los gorritos de paja y corbata o chaquetilla, impactantes cartelones que cuelgan de sus cuellos para que todos sepan que son canarios mientras asan la isa, e incluso asaltan saltonas? El espectáculo es idéntico, lo único que cambian son las fechas y los países. Presidente del Gobierno, presidentes de cabildos, consejeros de turismo, viceconsejeros de turismo, alcaldes de zonas turísticas y no turísticas, concejales de turismo, miembros de asociaciones turísticas, componentes de oficiales plataformas turísticas, señoras de, maridos de, amigos de, secretarios y secretarias de, jefes de protocolo de, gabinetes de prensa de, portadores de maletas de, invitados de medios de… en una muy curiosa función: hacen turismo con la excusa de fomentarlo hacia Canarias.
   Porque digo yo, me pregunto: ¿qué pueden vender tantas decenas de nativos canarios si los especialistas son otros? ¿Hasta qué punto influyen en hipotéticos visitantes de la República Checa o Gran Bretaña –un suponer- si la mayor parte de ellos no solo no sabe checo (aceptable) ni tan siquiera, más peor, inglés? ¿A qué van? ¿Cuál es su función? Pues hay una respuesta, ironía, coña, guasa, cachondeo: van a hacer turismo como supuestos conseguidores de turistas para Canarias. Nuestros impuestos pagarán hoteles, vuelos, traductores y gastronomías a países que, supuestamente, deben enviar turistas a Canarias. Y como allí se consumen y consuman presupuestos varios, ya no queda para ofrecerles a los turistas especiales descuentos en aeropuertos, creaciones inteligentes, atractivas. Porque no siempre estarán de remojo, digo, se nos arrugarían los pobres chonis, y luego los mandaríamos para sus países como cáscaras de algún tipo de aguacate, rugoso y casi lunático, cholas y calcetines blancos incluidos.
   El turismo es la base de nuestra supervivencia. Pero sol, playas, climas exquisitos, bondadosos, también están ahí al lado, a 99 euros desde Canarias. Si se dejara en manos de especialistas, gentes con imaginación, ecologistas, técnicos rigurosos y serios, quizás podrían subsanarse algunas deficiencias gravísimas, aunque hay zonas ya destrozadas in aeternum. La condición insular frente a la continental impone, obliga a que Turismo deje de ser destino político, enchufe, nominilla, acomodación para gentes de partidos que, por no saber, confunden au revoire con good morning. Porque para salidas de tono como lo de «el mejor clima del mundo» en Canarias, la verdad es que no necesitamos viceconsejeros de Turismo, concluyó el lógico Poirot.