El irrepetible Chencho Domínguez

Ignacio S. Acedo
IGNACIO S. ACEDO

Dicen los entendidos que como Chencho Domínguez, ninguno. Y basta con conocerlo para intuir que no es una etiqueta exagerada. Boxeador, campeón, entrenador, mentor, promotor y bienhechor. No hay faceta que escape a la magnitud de un personaje a su vez entrañable y que, puesto a presumir, lo hace únicamente de amigos.

Nacido en Las Palmas de Gran Canaria en 1942, se crió en Lanzarote siempre a la sombra de un ring. Inevitable fue su debut adolescente, con apenas 16 años, «ante un tal Dionisio». Ganó, como estaba mandado en alguien predestinado al éxito. Tenía tan claros sus deseos de prosperar que hasta pidió permiso a su padre para operarse del tabique. El resultado, «una trompada como Dios manda» de su progenitor, bronca en la familia y amago de cisma. «Me prometí que no volvería a boxear más por ese disgusto..».

No fue así. Chencho, de vuelta a su Gran Canaria natal, se recicla en San Roque a las órdenes de Andrés Ciclone, hermano del mítico Young Ciclone, aquel primer campeón de España profesional nacido en el Archipiélago, y empieza su despegue. «Desde siempre me dijeron que valía para esto los Pacuco Guerra, Galiana, Quilín, testigos de mis inicios», evoca. Rey del peso gallo en Canarias casi por inercia, a comienzos de la década de los sesenta alcanza la celebridad: en 1963 es convocado por España para el campeonato de Europa junto a mitos como Barrera Corpas, Velázquez o Frías, acude también a los Juegos del Mediterráneo de Nápoles y, un año más tarde, se proclama campeón de España amateur en Salamanca. Su talla la acredita el hecho de que se convirtiera en un asiduo a las llamadas de la selección, con la que pelea por Francia, Portugal o Argelia. Pampito Rodríguez o Palenke fueron algunos de sus seleccionadores.

«De los 16 a los 34 años, más de cien peleas, con un pequeño ciclo como profesional en el que, tengo que decirlo, casi ni gané dinero. Mi carrera duró 18, aunque volví a pelear por motivos económicos. Necesitaba pagar un tratamiento médico para uno de mis hijos y no dudé en ponerme los guantes», recuerda. Del humilde gimnasio familiar en Arrecife, a la pompa de estar con los mejores de Europa y pasar a la historia por figurar en el cuadro de campeones: Chencho Domínguez, único e intransferible.

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