El favorito es Benedicto XVI

18/04/2005

Empezaba a hacer frío y la chimenea de la Capilla Sixtina no daba síntomas de empezar a echar humo. Ni blanco ni negro. Ni siquiera era seguro que las votaciones empezaran el primer día así que algunos de los congregados en la plaza de San Pedro se marchaban a casa o se dirigían a algún café próximo y acojedor. Lo único que rompía la monotonía de la espera eran las campanas de la Basílica, que sonaban muy puntuales cada cuarto de hora provocando pequeños ataques de ansiedad entre la multitud.

Eran las ocho y cinco y entonces sucedió el milagro. O al menos eso pareció durante unos segundos. Unas levísimas briznas de humo aparentemente blanco se asomaron por la chimenea de la Capilla Sixtina y entre los decenas de miles de personas presentes se desato el delirio. "E bianca!, Habemus Papa!", gritaban algunos. Saltos, cantos, ondear de banderas. Los periodistas, que traían bien aprendida la lección -"es casi imposible que se elija Papa el primer día", dicen todos sus manuales- se miraban incrédulos unos a otros e intentaban telefonear a sus medios para que les desmintieran lo que no podía ser sino un espejismo.

Y, si, era un efecto óptico. O mejor, un problema de densidad. Según se fue espesando la columna fue pareciendo mas bien color beige (pararon los aplausos y los saltos aunque algunos siguieron gritando), gris (cesaron los gritos, se oyeron los primeros suspiros de decepción) y finalmente negra como el carbón (silencio absoluto durante unos segundos y luego, con gran deportividad, nuevos aplausos). Pero, pese al fiasco final -alivio para los periodistas, que no contaban con un conclave relámpago- la gente se fue para casa con una sonrisa, con ganas de volver a lo que seguramente se convertirá durante las próximas jornadas en un espectáculo con dos sesiones diarias: mañana y tarde.

Frivolidades aparte, la plaza de San Pedro se ha convertido estos días en un imán para gentes de todo el mundo, la mayoría católicas, que han acudido a dar la bienvenida al nuevo pastor de la Iglesia. Imposible encontrar en otro lugar una mezcla de razas tan completa. Hay muchos religiosos, sacerdotes y monjas, y miles de creyentes que han acudido a Roma desde las cuatro esquinas del planeta. Todos tienen una idea de la Iglesia que desean para el futuro. Y la mayoría viene con un candidato en el corazón, aquel que consideran más apto para conducirla con acierto.

El doctor Hidalgo es uno de ellos. Ha hecho un viaje de 20 horas desde Perú -"totalmente desaconsejable con mi edad"- para recibir a un pontífice que espera "esté a la altura de Juan Pablo II", en cuya elección, hace 27 años, ya estuvo presente. Tiene claro a su favorito: Cipriani, arzobispo de Lima, que "conoce los problemas del subdesarrollo, de los derechos humanos y de la fe". Víctor, un sonriente sacerdote vietnamita, apuesta por un candidato mucho más improbable: el obispo de Hong Kong, que ni siquiera es cardenal, pero que según él podría ayudar a convertir a la China comunista al catolicismo. Muy cerca, en el centro de la plaza, un grupo de hondureños ondean orgullosos la bandera de su país: han venido, como si de un grupo de hinchas se tratara, a animar al cardenal de Tegucigalpa, Rodríguez Maradiaga, uno de los 'papables' que suena con más fuerza.

Crispin, sesetaitantos años, es -habito marrón, sandalias, larguísima barba grisacea- la viva imagen de la idea que uno tiene de un monje capuchino. Italiano de origen, emigro en 1952 a Estados Unidos, donde se hizo religioso, pero no quiere oír hablar de un posible pontífice norteamericano. "Estados Unidos ya es una superpotencia militar y económica, no puede ser que también sea una superpotencia espiritual". Un altísimo ejecutivo de Chicago que se pasea por el Vaticano blandiendo una bandera de su país es de la misma opinión. "Ha llegado la hora de un Papa negro, yo soy partidario de el cardenal nigeriano Arinze, que es tradicionalista como yo", argumenta el encorbatado John Paul Sonnin, bautizado así en honor del difunto Wojtyla.

Españoles hay pocos, de momento. Miguel Ángel, un joven enfermero de Madrid que se ha pillado unos días libres para dar la bienvenida a un nuevo Papa se pasea con la bandera española en busca de compatriotas y finalmente encuentra un pequeño grupo llegado de Badajoz. No quiere hacer pronósticos sobre la identidad del próximo pontífice, aunque esta seguro de que "el Espíritu Santo hará un buen trabajo" y reza por que los cardenales se den prisa y lo elijan antes del miércoles al mediodía. "Es que tengo billete de vuelta por la tarde", argumenta. Canarios aun no hemos encontrado, pero me han dicho que si los hay. Al menos dos chicas que vienen desde Siena. Seguiremos buscándolos.

A falta de otras referencias una vez que los cardenales se han enclaustrado con juramento de silencio absoluto en la Capilla Sixtina, agotadas las especulaciones en los periódicos italianos, siempre queda consultar los vaticinios de las páginas de apuestas por Internet. En la célebre web irlandesa paddypower.com los pronósticos han dado un giro radical en las últimas horas. El cardenal Ratzinger, favorito hasta la víspera del cónclave, ha cedido el primer puesto al cardenal nigeriano Arinze, que se paga a tres euros por euro jugado. Empatado con el austriaco en el segundo puesto se encuentra el sorprendente arzobispo de París, Jean Marie Lustinger. Y por detrás, los italianos Tettamanzi y Martini, y el brasileño Humes. Los españoles se encuentran muy rezagados y el mejor clasificado, Carlos Amigo, se paga sólo 50 a 1.

Paddypower -y otros páginas para fanáticos del juego- permite además apostar por el número de días que durará el cónclave (tres según la mayoría de los apostantes), el color de la próxima fumata, el nombre que adoptará el nuevo pontífice (Benedicto es el que suscita mayor número de apoyos) e incluso ofrecen una apuesta combinada, candidato-nombre adoptado. Así que ya saben, los que se juegan su dinero apuestan por un Papa nigeriano que se hará llamar Benedicto XVI y que será elegido en tres días. En los próximos días veremos si acertaron.