Una columna de Rafael Álvarez Gil

El drama venezolano

No hace falta coger un avión a Caracas, aunque cada vez vayan menos aerolíneas, para percatarte de que el problema social aumenta y en cualquier momento puede producirse el estallido político. En Canarias, donde hemos trazado afectos históricos con Venezuela fruto de la emigración, los pensionistas venezolanos llevan más de un año sin cobrar por parte del Instituto Venezolano de Seguridad Social. Ni lo hace a favor de los que están en las Islas ni de los que se encuentran en el resto de la España autonómica. Y, lo que es peor, no hay visos de que se vaya a arreglar. El Instituto Nacional de la Seguridad Social no tiene que pagar algo que no le corresponde, pero es verdad que apurando la situación se podría aplicar el Convenio de Seguridad Social firmado entre España y Venezuela en 1968 (cuando allá venían bien dadas económicamente) y, por lo tanto, abonar para luego exigírselo a Venezuela. Aunque mucho me temo que sea dinero perdido.

En Canarias muchos venezolanos han optado por acudir al Diputado del Común para solicitar amparo. Un número de quejas en aumento que ha motivado que esta institución haya solicitado al Defensor del Pueblo que inste al Estado la aplicación del mencionado convenio. En Canarias la preocupación sobre la deriva chavista está más que latente. Especialmente en la provincia de Santa Cruz de Tenerife en cuanto que allí el enlace con Venezuela es mayor que en la provincia oriental que lo es con Cuba por distintas razones de la emigración histórica.

Nicolás Maduro tiene muchas preocupaciones internas para encima pensar en sus exiliados. Pero si los venezolanos que están fuera y sin posibles lo están pasando francamente mal, cómo estarán aquellos que no tienen ni siquiera los favores del régimen. Maduro debe asumir que está llevando al país al colapso. Y esto solo desemboca en una intervención popular o una asonada militar que a saber en qué deriva. La responsabilidad de Maduro sobre lo que está sucediendo es enorme, pero irá a más si no es capaz de dialogar con la oposición. Un acto de sensatez que previamente requiere asumir que ha cometido errores y que no puede seguir por este camino en el que el margen de maniobra para el chavismo se reduce cada día que pasa.

Es paradójico que el chavismo, discurso político con ánimo redentor de las injusticias sociales que azotan a Venezuela, duplique el sufrimiento del pueblo. Y, a estas alturas, a sus conmilitones le es indiferente porque ya lo único que les preocupa es mantener el poder al precio que sea. Y esa factura lleva una lista en aumento de vidas perdidas. Pero ellos a lo suyo. Lamentable.