El drama de los refugiados en Europa entra en las aulas

24/05/2016
ETIQUETAS:

El activista David Fuertes fue a trabajar como voluntario con los refugiados llegados a Lesbos y vivió cosas que «no salen en la prensa».  Su historia la  cuenta en un blog y ahora también en charlas organizadas por Amnistía Internacional. Ayer estuvo con el alumnado del instituto La Minilla.

Estuve tres meses y medio trabajando como voluntario en Lesbos. No me da tiempo de narrar toda mi experiencia pero sí les contaré lo más importante». Así comenzó la charla David Fuertes, un joven grancanario que marchó a Grecia porque, estando en paro, sintió la necesidad de hacer algo ante el drama de los refugiados sirios. Estando allí descubrió que no solo eran sirios los que arriesgaban su vida para llegar a Europa. Ahora, tras meses de viaje, hace una parada en su tierra, antes de regresar de nuevo Grecia, para contar su experiencia y denunciar que «se nos está toreando, no está pasando lo que nos dicen que pasa, pasan cosas peores».

Las dudas. La charla de David Fuertes a varios cursos del instituto La Minilla despertó las preguntas del alumnado. Los jóvenes se interesaron por quién era él, cómo había llegado a ser voluntario o cuál era la diferencia entre emigrante y refugiado. David respondió amablemente a todas las dudas que iban surgiendo. «Para ir de voluntario, lo primero es tener 18 años», destacó Teresa Sánchez, de Amnistía Internacional. «Me parece importante que ellos empiecen a reconocer qué es lo justo y dónde está la justicia», comentó sobre la utilidad de estas charlas en los centros.

Ante el interés mostrado por los alumnos para «hacerse voluntarios», la activista de Amnistía quiso dar algunas claves: «Se pueden animar a cooperar con ONG de aquí, también interesándote por saber si tu municipio es de los de acogida o no y si no lo es, solicitarlo, ayudar en las campañas de recogida de alimentos y ropa. Hay muchas maneras de ayudar», explicó, destacando que también es importante «visibilizar los problemas», a través de las redes sociales, por ejemplo.

David quiso recordar que todavía hay 8.000 personas hacinadas en las fronteras, que «la policía pierde los nervios muy rápido» y que «no solo los médicos o los traductores son voluntarios necesarios», sino que todos pueden echar una mano.