Mientras en la Universidad Complutense de Madrid se plantean qué hacer con la Facultad de Filosofía, aquí permanece el inmovilismo. Una quietud que solo sirve para perpetrar el estado actual de las cosas y, en cambio, aún quedan flecos por solventar en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y su relación con el mercado laboral. A fin de cuentas, de nada sirve un título universitario (ni cualquier otro) si luego lo que te espera es sumarte a la cola del paro.

¿Cuántos matriculados al año hay en el grado de Geografía de la ULPGC? ¿Es sostenible la titulación? ¿Cuántos graduados en Derecho salen por curso entre la ULPGC y la Universidad de La Laguna? ¿Podrá absorberlos el mercado laboral en las Islas? Mientras tanto se crean otras universidades privadas cuyos estudiantes se verán en similar situación que los otros salvo que sepan desenvolverse por sí mismos. La aparición de estos centros universitarios privados no es la solución al problema de la ULPGC sino que ahonda en la problemática de desaliento de la juventud en Canarias. Por cierto, antes de que me olvide, ¿qué hacemos con los canarios que han ido a estudiar a la Península o por Europa? ¿No contamos con ellos? ¿No vamos a facilitar que retornen para mejorar nuestro sistema productivo?

El futuro laboral solo pasa por la versatilidad. A saber, que estés preparado para lo que sobrevenga. Puedes comenzar estudiando Economía pero debes asumir desde el inicio que puedes acabar en algo muy diferente donde solo te servirá algunas nociones de lo que estudiaste. Concurre una abundancia de titulaciones que conlleva una dosis importante de desasosiego. Y esto no puede, o no debe, resolverse aparentemente porque puedas costearte un título en una universidad privada.

A todo esto hay que añadirle que todavía persiste una idea en algunas Facultades en las que se concibe la enseñanza universitaria como una mera extensión del instituto. Voy, suelto los mismos apuntes año tras año y santas pascuas. Sin ir más lejos, no todos los docentes publican ni investigan. Es más, algunos ni siquiera han culminado el doctorado y eso que han tenido tiempo más que suficiente desde la misma creación de la ULPGC y que ahora suponen, quieran o no, un tapón para los jóvenes que aspiran a ser docentes. El panorama universitario español es el que es y aquí, en las Islas, hay otros factores que lo agravan. El nuevo rector de la ULPGC, Rafael Robaina, puede adoptar medidas para revertir este contexto (que, por supuesto, encontrará grandes resistencias internas) o simplemente continuar con la inercia. Entonces, antes o después, la realidad se irá tornando más dantesca y el mercado laboral en Canarias irá degradando las aspiraciones de cada generación. Todo un fracaso colectivo.