Opinión

El Cristo de la Vera Cruz, patronazgo y devociones

14/09/2012

Las Palmas de Gran Canaria, a lo largo de sus cinco largos siglos de historia, vivió y vive sus devociones y patronazgos con desigual intensidad en muy diversas épocas, lo que en un momento la caracterizó con enorme esplendor, en otros apenas si se recordó por unos pocos.
Hoy al Cristo de la Vera Cruz se le celebra,  pese a la moderada trascendencia que la festividad tiene en el conjunto del municipio, con la solemnidad que el Ayuntamiento capitalino no duda en ofrecer a su Patrón, que lo es también expresamente de la Policía Local desde 1974. Esta capital insular  se caracterizó durante los siglos XVI a finales del XVIII por la enorme devoción que sus vecinos mostraron siempre a este Cristo entronizado en una pequeña ermita construida junto al convento de San Agustín en desagravio por la existencia previa en aquel lugar de una mancebía, cuyas rentas disfrutaba desde 1503 el Concejo municipal para sus gastos ordinarios y otras obras en la ciudad. Una terrible epidemia, que el cronista Marín de Cubas señaló como modorra, hizo que la población la señalara como un castigo por lo que acontecía en aquel lugar, lo que obligó al propio Concejo en 1524 a derruirla y levantar el mencionado templo donde entronizó la imagen de un Cristo que, como señala José Miguel Alzola, estaba «…modelado con la médula de la caña de maíz e importado de Michoacán (México)…». Enseguida el fervor por el Cristo de la Vera Cruz que había detenido la enorme mortandad que asoló la ciudad fue enorme y fueron muchísimas, como recuerda Domingo J. Navarro, las «…promesas y las cuantiosas limosnas que recogía el convento…».
Pero aquella imagen en 1778 estaba ya casi completamente deteriorada, tanto que se cubrió con un velo negro para adecentar su exposición al culto. Entonces el Ayuntamiento, cuyos regidores «tenían el título de ‘esclavos del Señor’ y concurrían a su procesión vestidos con ropa de seda encarnada…», como señala Navarro y Pastrana, deciden encargar una nueva talla al imaginero José Luján Pérez. Diversos avatares hacen que la nueva imagen del Cristo de la Vera Cruz  deba ser guardada durante muchos años.  Sería el Ayuntamiento surgido de las elecciones de diciembre de 1813, según lo dispuesto por la Constitución de Cádiz entonces vigente, presidido por el VII Marqués de Acialcázar y VI de Torrehermosa, Manuel Llarena Calderón y Mesa, el que se ocuparía de solicitar del obispo Manuel Verdugo el permiso necesario para entronizar de una vez por todas la talla lujanera del Cristo. Estos episodios los estudió Alzola con minuciosidad sobre documentación que obra en el Archivo Diocesano, entre la que aparece una certificación del acta de la sesión municipal del 1 de febrero de 1814 en la que se señala textualmente la petición al obispo para que «sin demora, proceda a bendecir la citada imagen que de nuevo se ha colocado en la Capilla de la que es Patrono este I. Ayuntamiento…». Sin embargo, con el cambio provocado por Fernando VII al abolir el régimen constitucional, aquella antigua devoción declinó y, aunque no se olvidó nunca su patronazgo, el esplendor del fervor fue a menos con la desaparición de la primitiva imagen. Incluso como recuerda Alzola ante una terrible sequía que asoló entonces a la isla, pese a que el invierno anterior fue «muy cruel de lluvias», como recoge en su Diario Romero y Ceballos, el Cabildo Catedral sacó en rogativa al Cristo de la Sala Capitular, lo que provocó el disgusto del Ayuntamiento que «se opuso a la decisión argumentando que la costumbre era implorar tal gracia al Cristo de la Vera Cruz, por ser el Patrono de la ciudad…».
Si solemne y bien arropada aparece en la actualidad la procesión semanasantera del Cristo de la Vera Cruz, y solemne es la función que cada 14 de septiembre se celebra en la Parroquia Matriz de San Agustín, con el Cristo puesto al culto en su altar mayor, aún queda un largo trecho para lograr que la devoción y el patronazgo del Cristo de la Vera Cruz tome carta amplia de nuevo en el ser y sentir de la actual población, en una ciudad que también celebra la festividad del Cristo en otros lugares como la Parroquia del Cristo, en Guanarteme, desde su fundación en 1943.
Casi 200 años de la exposición al culto de la  actual imagen, casi 500 de una devoción. Una devoción y un patronazgo antiguo en Las Palmas de Gran Canaria este del Cristo, especialmente el  de la Vera Cruz, que los navíos saludaban disparando salvas al pasar frente a su ermita costera, ante la cual aún nos parece ver a los antiguos regidores revestidos con sus hopas rojas venerando al Cristo del que el Ayuntamiento desde varios siglos atrás tuvo su  patronazgo.