El colegio Canterbury alimenta la solidaridad

20/12/2014
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Un programa de televisión sobre el Banco de Alimentos llevó a lván López, profesor del Canterbury, a animar a sus alumnos a colaborar con la entidad el curso pasado. Un año después, su idea ha calado de tal forma en los estudiantes que las donaciones se repiten cada mes. Ayer entregaron los 1.000 kilos de productos reunidos en diciembre.

Voluntarios del Banco de Alimentos acudían ayer al colegio Canterbury de San Lorenzo a recoger los productos que los alumnos han donado para la entidad en diciembre. La cita se repite cada mes sin fallar uno desde septiembre de 2013, cuando Iván López, profesor del centro, se marcó el reto de implicar a sus alumnos a ayudar a una entidad cuya labor descubrió en un programa de televisión.
Más de un año después, la idea se ha consolidado de tal modo que cada donación se sitúa entre los 300 y los 500 kilos de alimentos no perecederos. Este mes de diciembre, por coincidir con unas fiestas tan señalas, las aportaciones han crecido hasta la tonelada.
En la colecta de comida participan alumnos desde 6º de Primaria a 2ª de Bachillerato, pero su impulsor reconoce que «son los pequeños los que más participan». Además, comenta que su propuesta ha ido calando en otros compañeros, que son los primeros en aportar productos  a las cajas que con ese fin se encuentran en cada aula.
Reconoce que el hecho de que los estudiantes puedan llevar sus aportaciones al centro anima a la participación. «Hay que dar las gracias al colegio, que ha dado todas las facilidades», dice.
De igual modo, Iván López destaca la ayuda y colaboración que recibe este año de Ana Santana, Santi Guillén Gloria Gutiérrez y Yash Nagdev, estudiantes de 2º de Bachillerato que, valiéndose de su papel de delegados y subdelegados de curso, motivan al resto de compañeros a participar en la colecta.
«Si no estuviéramos la gente no estaría tan enterada de esto y habría mucho menos», explica Gloria Gutiérrez
Pero también buscan fórmulas para incentivar al resto de compañeros. Por eso, ayer, último día de clases antes de las vacaciones, los estudiantes podían ir con ropa de calle, «a cambio de que trajeran un kilo de comida. Además, el colegio tiene un sistema de puntos,  y si traen comida se les da un punto», indica Ana Santana.
Los estudiantes son conscientes de que esta actividad les permite acercarse a una realidad muy diferente a la suya. «Es de las pocas cosas que hacemos que conecta a todos los alumnos con el exterior, porque hacemos actividades entre nosotros, pero es de los pocos eventos que junta al colegio para una cosa común fuera de aquí», asegura Santi Guillén.
Además, «los pequeños poco a poco van trayendo más alimentos y en sus casas contagian a sus padres para que participen», afirma Yash Nagdev.