"El coco me dijo que lo matara y lo maté"

Carlos Santana Beltrán
CARLOS SANTANA BELTRÁN

El Tribunal del Jurado de la Audiencia Provincial de Las Palmas comenzó ayer a juzgar a Luis R.V, de 38 años, por la muerte de su amigo Alfredo G.P. el 12 de abril de 2007. El acusado admitió ayer, durante la primera sesión del juicio, ser autor de los hechos aunque aseguró que lo hizo bajo el síndrome de abstinencia.

Tras la pertinente selección del jurado popular, pasadas las 11.30 de la mañana de ayer comenzaba la vista en la Sala del Jurado de la Audiencia Provincial, contra Luis R.V. de 38 años, hermano de la malograda Cathaysa, asesinada en 1988 por un vecino del barrio. Se le acusa de ser autor del asesinato de su vecino y amigo Alfredo G.P, fallecido de dos cuchilladas, el pasado 12 de abril de 2007.

El suceso, acaecido en el barrio de La Feria, se produjo el mismo día que comenzaba en Madrid el juicio contra el asesino de su hermana Cathaysa, Agustín Hernández Renes, acusado por otro crimen. Luis afirmó ayer que se sintió «sobresaltado» por la noticia y por las preguntas que algunos vecinos del barrio le hicieron tras conocer el enjuiciamiento de Renes.

El acusado admitió, durante la primera jornada del juicio, ser autor material de los hechos aunque ante la insistencia por conocer los detalles que llevaron al fatal desenlace, el acusado dijo: «no recuerdo casi nada». Y aseguró que sufre «episodios paranoides» y de doble personalidad. «Ese día tenía un monazo que no veas. El coco me dijo que lo matase y lo hice, yo que sé por qué», respondió Luis R. V, ante las preguntas de la acusación particular.

En la madrugada del 12 de febrero, Luis salió a pasear por el barrio para poder sobrellevar el síndrome de abstinencia provocado por su consumo habitual de heroína y crack. Fue alrededor de las tres de la mañana, siempre según el relato del acusado, cuando vio luz en el interior de la vivienda de Alfredo G.P, en el barrio de La Feria. En ese momento decidió subir a la casa de la víctima. «Toque el timbre para ver si Alfredo estaba fumando crack y me invitaba. El era consumidor habitual sólo de crack. Yo de crack y heroína», relato.

Una vez dentro de la vivienda, y tras fumarse una pipa de crack, se produce una discusión entre los dos. «Tuvo que haber alguna mosca se que le fui a levantar la mano y me pegó un piñazo. Tuvimos un forcejeo en la cocina, después en el salón. Estuvimos en varios sitios. Intentaba agarrarle y se me escapaba», contó Luis. En algún momento de la pelea, Luis acudió a la cocina y tras coger un cuchillo de 20 centímetros de largo y con el mango de madera le seccionó el cuello a Alfredo. «No me acuerdo si le dí una cuchillada o dos. Yo estaba exhausto, enchumbado en sudor», relató.

Esta versión contrasta con la relatada por los testigos policiales cuanto llegaron al lugar de los hechos tras la confesión de Luis R.V, en la Jefatura Superior de Policía, en la madrugada del 13 de abril. Según este relato la casa «no presentaba signos» de haber habido una pelea y el cuerpo de la víctima «en calzoncillos, en el sofá y con un gran charco de sangre» sólo a su alrededor.

Cabe recordar que Luis R. V se presentó en la madrugada del 13 de febrero de 2007 en la Jefatura Superior de Policía donde confesó ser autor del crimen y entregó las llaves de la vivienda de la víctima. «Me remordió tanto la conciencia que fui y me entregué», concluyó.

Una amistad de años que terminó en tragedia

Luis R. V. y Alfredo G.P se conocían desde que sus dos familias se mudaron al barrio de La Feria, más concretamente al edificio conocido como La Pantera Rosa. Aunque ambos habían coincidido durante su infancia en el barrio de La Isleta, una amistad que duró más de 15 años. «Desde muy chico conocía a Alfredo. Teníamos una buena amistad desde hace años. También conocía a su madre, a su hermana menos», afirmó Luis R.V. a preguntas del Ministerio Fiscal. «Yo podía ir a la casa mientras no estuviese fumando con otra gente. Iba con frecuencia a su casa, como vivía solo. Su madre iba todas las semanas a llevarle comida y a limpiarle la casa», añadió Luis. De hecho, Luis solía pasar algunas noches en casa de Alfredo, sobre todo cuando ambos salían de fiesta. «Como estábamos de fiesta, consumiendo bastante crack me quedaba en su casa. Aquello era un fumadero», comentó Luis R.V, preguntado por su relación con la víctima. La hermana de la víctima, Raquel G.P. aseguró al jurado, durante su intervención como testigo de la defensa, que su hermano y Luis «se conocían desde pequeños» y afirmó que al enterarse de lo sucedido se sorprendió «bastante». Los dos estaban en paro aunque conseguían dinero haciendo arreglos y chapuzas en el barrio. Al parecer, según el relato de los testigos policiales, al parecer Alfredo G.P. le debía 300 euros a Luis R.V por haberle pintado la escalera de su portal. Según el testimonio policial, el acusado les aseguró que ese era el motivo de la pelea. «No recuerdo nada. No me acuerdo lo que les dije a los policías», sentenció Luis. A pesar de la insistencia de los letrados por conocer el motivo que llevó a la discusión que terminó con la muerte de Alfredo, Luis sólo llegó adecir: «Me metí una pelotera en el coco que no veas».