El CIS y la polarización del discurso

Rafael Álvarez Gil
RAFAEL ÁLVAREZ GIL

En primer lugar, el sondeo del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) confirma que el voto se polariza. Aumentan ligeramente PP y Podemos (que ya sería segunda fuerza) y retrocede en similar proporción PSOE y Ciudadanos. Lo que se intuía viene el CIS a confirmarlo. Y si ya era poca la convulsión y las dificultades para formar Gobierno, ahora todos analizarán con esmero los datos ofrecidos ayer por el CIS. Un elemento más en el tortuoso camino para entenderse los unos con los otros, si es que llega finalmente a suceder. Es toda una paradoja la que se experimenta en los cuarteles generales de los partidos a fecha de hoy: nadie quiere repetir elecciones (y así lo exponen públicamente con mayor o menor convicción) pero todos confían en esa última carta. A ver quién protagoniza el recorte de cerca de 9.000 millones de euros que exige Bruselas para reducir el déficit público. Un deber que se antoja impostergable para los tecnócratas comunitarios y a los que poco les importa que las dos principales preocupaciones en nuestro país según el CIS sean el paro y la corrupción, lo de ellos es encargarse tan solo de que los números cuadren a pesar de la realidad social del momento. Por otro lado, hablar en nombre del pueblo es muy peligroso. Cuando no directamente falso. Por no mencionar que el pueblo, la clase trabajadora, la sociedad o la opinión pública, díganlo como quieran, resultan entelequias volubles cuando son esgrimidas por políticos. Lo que el pueblo te da hoy, mañana te lo quita. Un razonamiento que ya otros, tanto a izquierda como a derecha, aprendieron aunque fuera a un coste considerable. Y no es la primera vez, piensen en Mayo del 68, en el que el lenguaje usado por universitarios afanados en montar la revolución es escuchado con recelo por parte de los obreros de mono azul. De hecho, los trabajadores de la fábrica Renault no dejaron entrar en su momento a los estudiantes. La protesta era de todos, pero cada uno por su sitio. A aquellos jóvenes barbudos y con chaqueta de pana los veían que con el tiempo serían sus jefes y directivos; niños de papá recreándose en las calles parisinas con adoquines. Encima ahora la fragmentación de la izquierda es mayor. Y a saber qué votarían hoy por hoy los sesentayochistas. Probablemente estaban hechos de otra pasta, más apegados a la consistencia del PCE y CC OO. Y el voto de Podemos es fundamentalmente joven. Su relato es el del 15M y las concentraciones en las plazas públicas, la misma movilización social que desbordó en 2011 a partidos políticos y sindicatos. Hoy tenemos el resultado.