El Cicca propone un recorrido por el arte estampado

Carmen Delia Aranda
CARMEN DELIA ARANDA

Grabados, litografías, serigrafías y todo tipo de estampaciones, datadas entre el siglo XVI y el siglo XXI, dan cuenta en la sala de exposiciones del Cicca de la evolución de la obra gráfica. De las 127 obras expuestas, una parte importante, 42, pertenecen a la colección de la Fundación de la Caja de Canarias.

Entre sus autores, figuran nombres tan relevantes como los de Francis Bacon, Rembrandt, Goya, Picasso, Millares, Tàpies, Saura, Christo, Richard Hamilton o Miquel Barceló.

Todas estas piezas pertenecen a colecciones públicas o privadas de la Isla. Sin embargo, las obras son tan delicadas que, en muchos casos, ni siquiera sus propietarios las exponen a la luz para evitar su deterioro. «Es una gran oportunidad para verlas», dice Javier Pueyo, profesor de Historia del Arte de la Uned y comisario de la muestra junto a Antonio P. Martín.

El recorrido, envuelto en una luz tenue, arranca en las salas del sótano con obras referidas al uso inicial del grabado; plasmar espacios geográficos o hechos históricos con cierta fidelidad a modo de ilustraciones. En este apartado se enmarcan los grabados de Theodore de Bry (1561-1613), centrados en el ataque del corsario holandés Pieter Van der Does al Real de Las Palmas en 1599.

Esta finalidad cartográfica también es visible en las piezas de Charina García o Rudolph Ackermann que se exhiben en este espacio reservado a la relación de Gran Canaria y el grabado.

A partir de ahí, los artistas se relacionan en función de la técnica de estampación empleada o de los motivos de sus piezas, derribando incluso barreras temporales. Así, se exhiben varias piezas de Rembrandt (1606-1669) entre ellas, un autorretrato y un Adán y Eva que se vinculan con una pieza de Philippe Mohlitz (1941), que presenta a un grabador agonizante encadenado a un tórculo, mientras unas figuras sin rostro, los críticos, escrutan sus obras. «Es del siglo XX, pero usa la misma técnica que Rembrandt», cuenta el comisario y coleccionista P. Martín.

También Carmen Arozena y Eva Cincerova se emparientan con los modos de Goya, del que se exponen dos estampas originales de sus Disparates y dos reproducciones realizadas por Miguel Seguí de sus Caprichos. Del aragonés también se destaca su principal aportación, las manchas de aguatinta para crear cierta atmósfera. Este elemento se puede apreciar también en una estampa de Annibale Carracci (1560-1609) que le sirvió de boceto para pintar una sugerente bacanal.

La experimentación con el heliograbado de finales del siglo XIX, que mezclaba la impresión fotográfica con la estampación, y las obras de autores como Néstor Martín Fernández de la Torre o Gustave Doré dan paso al grabado del siglo XX. Una obra de Picasso y otra pieza, poblada por los iconos del malagueño y firmada por Alfred Hrdlicka anticipan las nuevas técnicas, temáticas y estilos más actuales. Así, la muestra exhibe de Francis Bacon la obra Seated figure y un tríptico sobre la vida y la muerte que mezcla momentos personales e históricos, como las huellas que dejó el asesinato de Leon Trotsky.

La sensualidad femenina une a Leopoldo Emperador con Uwe Grumann, George Segal o Rafael Alberti. La abstracción, a César Manrique, Ana de la Puente, Juan Hernández y Manolo Millares, del que se exhiben cinco piezas.

Las nuevas formas y lenguajes de la estampación llegan de la mano de autores como Richard Hamilton, del que se exhibe una serigrafía sobre cristal encapsulado, o Christo, que mezcla grabado y collage para envolver el cuerpo de una mujer, o las serigrafías siempre políticas del grupo Crónica y las cinco piezas extraídas de la serie Etcéteras abanderadas de Juan Hidalgo.

En la planta alta, cabezas, motivos florales, abstracciones sobrias y arte cinético aglutinan firmas tan dispares como Eduardo Naranjo, Félix Juan Bordes, Pepe Dámaso, Ado Sato, Cristóbal Guerra, Hildegard Hahn, Pilar Rodiles, Jero Maldonado, Herman König, Miquel Barceló o Pancho Cossío.

Según Pueyo, la muestra constituye un divertimento que ofrece muchas lecturas gracias a los trabajos de artistas que buscaron «dejar huella, transmitir y multiplicarse».