El boya, 63 años de bar playa

IBÓN S. ROSALES

Tres generaciones, se dice pronto, lleva esta familia trabajando prácticamente a pie de playa. Ofreciendo al visitante, sobre todo isleño, la mejor calidad-precio de Arguineguín, en el sur de Gran Canaria. Todavía no han podido disfrutar de las vacaciones pero les queda muy poquito.

A todo el mundo no le puede tocar las vacaciones en verano, y menos a los hosteleros, pero en este «caso sarna con gusto no pica». La familia de El Boya, un bar playa muy famoso de Arguineguín, lleva una temporada veraniega buena. «La gente tiende a venir hacia las playas y siempre hay más movimiento en verano que en otras épocas del año», explica Juan Moreno, hijo del fundador bar playa.

Desde la terraza del restaurante se puede apreciar una cala de piedras donde se pasean los barquitos con sus nasas de pesca; al fondo, la fábrica de cemento impacta en el costeño paisaje.

En este restaurante se sirven productos del día y de la zona: «paella, chocos, pulpo, pescado, cada día tenemos un plato especial, por ejemplo los viernes toca sancocho canario», explica Octavio Moreno, uno de los hijos y camarero del bar playa.

Hace 63 años todo era muy diferente, desde la oferta gastronómica hasta el propio barrio. «En un principio mi padre puso una caseta de madera y vendíamos vino a los marineros de la zona», relata el padre que, con 73 años sigue en activo, echando una mano en lo que puede. Nadie diría que, tres generaciones después siguiera viento en popa a toda vela. Han atendido a todo tipo de celebridades, músicos, cantantes y «a casi toda la plantilla de la UD Las Palmas». Octavio y Óliver lo tienen claro, sus hijos siempre tendrán la oportunidad de trabajar en este negocio pero lo primero es «formarse como personas y que luego decidan». Hace unos cuantos años, la gente acostumbraba a sentarse en la puerta de sus casas y había un hombre que se sentaba en la del bar playa. Y los comensales, estando el bar cerrado por vacaciones, siempre le preguntaba que si estaba o no abierto. A lo que el respondía: «sí, están de vacaciones. Vienen tal día», explica Oliver entre risas. «Pues, un día, harto de responder a 10 o 15 personas diariamente lo mismo, dijo a un hombre- ‘no, está abierto’. Este le respondió, ‘si estoy viendo que está cerrado’. A lo que respondió grosero: ¿entonces para qué me preguntas?», sonríen los tres ante la anécdota que relataba el hermano menor. Sus vacaciones empiezan ahora, «del 10 de septiembre al 2 de octubre», dice Octavio. El padre de familia concluye: «que el cliente se sienta satisfecho y vuelva otra vez es la mejor propina que nos puede dejar».