El belga Van Rompuy será el primer presidente de la UE

19/11/2009

El belga Herman Van Rompuy será el primer presidente estable de la UE tras obtener hoy el respaldo de los líderes de los 27 países de la Unión, informaron a Efe fuentes comunitarias.

Discreto, hábil negociador y experto en lograr consensos. Esos son los términos utilizados habitualmente para definir al político belga Herman Van Rompuy, elegido hoy primer presidente estable de la Unión Europea (UE).

Prácticamente desconocido hasta hace unos días fuera de Bélgica y sin experiencia internacional, la reputación de Van Rompuy, de 62 años, no ha hecho más que crecer en su país desde que se hizo cargo del Gobierno, casi a su pesar, en diciembre del pasado año.

Van Rompuy heredó de su antecesor y compañero de partido, el polémico Yves Leterme, un país en plena convulsión entre las comunidades flamenca y francófona, que amanecía un día tras otro con titulares que predecían su fin y con una clase política terriblemente desgastada.

Menos de un año después, Bélgica ha regresado a la normalidad, se han logrado ciertos avances en el plano institucional y la gran preocupación es, precisamente, qué pasará con su marcha.

Nacido en la Bruselas de posguerra, el nuevo presidente de la UE estudió Filosofía y Economía en la Universidad de Lovaina y ascendió rápidamente dentro del partido democristiano flamenco (CD&V), la principal fuerza del país, del que nunca se ha movido.

Hasta hace poco en un segundo plano, Van Rompuy se forjó una imagen de gran creador de consensos por su participación en las siempre complejas negociaciones para formar coaliciones gubernamentales en Bélgica durante más de una década.

Entre 1993 y 1999 fue viceprimer ministro y responsable del Presupuesto, por lo que se le considera el artífice de que Bélgica consiguiese reducir su enorme deuda pública para cumplir con los criterios del euro.

Sin embargo, su figura ha estado tradicionalmente eclipsada por otras, bien por pesos pesados de su partido como Jean-Luc Dehaene, o por políticos con más interés por los focos, como el ex primer ministro Guy Verhofstadt o el propio Leterme.

Ninguno de ellos vio realizado el sueño de ganar un puesto europeo relevante.

Su gestión como primer ministro, sin embargo, le ha valido grandes halagos en la prensa belga, que le ha definido en ocasiones como un "obrador de milagros" o un "sabio minimalista".

Bajo un aspecto serio, incluso aburrido, y un físico de apariencia frágil, muchos belgas celebran su sentido del humor y su afición por componer haikus (breves poemas japoneses).

Van Rompuy está considerado un político de la "vieja escuela", profundamente católico y al que, según se dice en Bélgica, ha costado mucho aceptar divorcios o infidelidades entre sus compañeros de partido.

Paradójicamente ha dirigido un país muy progresista en materia de derechos sociales, que permite el matrimonio homosexual y que está entre los más liberales en asuntos como el aborto y la eutanasia.

Sin experiencia en la política europea, se considera a Van Rompuy un gran defensor de la integración comunitaria y de la cooperación con Estados Unidos.

Por sus creencias religiosas, defiende una Europa cristiana, en la que no tendría sitio Turquía, según dijo hace cinco años en un debate en el Parlamento belga, que la extrema derecha del país no ha tardado en recordar en cuanto su nombre comenzó a sonar para presidir la Unión Europea.

Su candidatura surgió de forma inesperada, cuando hace sólo unas semanas el principal favorito era una persona de perfil opuesto, como el ex primer ministro británico Tony Blair, y cuando los otros dos primeros ministros del Benelux, el holandés Jan Peter Balkenende y el luxemburgués Jean-Claude Juncker hacían campaña por el puesto.