El Ayuntamiento tira restos de ataúdes y mortajas a la basura

Si se entera la Unión Europea, cierra el único vertedero que hoy por hoy le queda a Gran Canaria. El vaso de Juan Grande ha estado recibiendo desde hace meses, si no años, los restos de ataúdes, mortajas, ropas y otros desechos de los dos cementerios de Telde. La ley es clara. Hay que quemarlos y no se pueden arrojar a la basura. 

La estampa es desagradable, pero real. Basta destapar uno de esos contenedores, dispuestos junto a la fachada de los dos camposantos y descubrirá, si logra resistir el mal olor, los maderos rotos de ataúdes destrozados, crucifijos, coronas secas y apelmazadas o restos de mortajas y sudarios. No están en depósitos especiales ni custodiados en algún recinto hasta su eliminación. Están en la calle, en los contenedores de la basura al uso, al acceso del ciudadano. Esta insólita forma de proceder por parte del Ayuntamiento de Telde no sólo puede suponer un riesgo para la salud pública, sino que, además, vulnera la legislación vigente, que obliga a la cremación controlada de esos desechos. Esta infracción es tildada de muy grave.

Esos restos son los habituales de las exhumaciones que se practican casi a diario en los cementerios de San Juan y San Gregorio. Cualquiera que haya asistido a un traslado de nicho o a la retirada de un cadáver para su colocación en el osario común se habrá dado cuenta de que los sepultureros retiran lo que queda del esqueleto y lo meten en una bolsa blanca, mientras que lo que sobra lo van echando a un contenedor de la basura que han dispuesto antes junto al nicho.

Este periódico ha sido testigo directo de esta particular forma que tienen en Telde de deshacerse de residuos tan delicados. Varios días a la semana, justo antes de cerrar los cementerios, los operarios sacan a la calle los contenedores acumulados y ya repletos tras varias jornadas de exhumaciones.