Tribuna Libre

Economía canaria

23/01/2008

En la época que vivimos, en que las fronteras económicas desaparecen por la dialéctica de una sociedad globalizada, las aspiraciones nacionales de los pueblos se tornan objetivamente progresistas. Por ello, considero que reivindicar el desarrollo del espacio propio es esencial ahora.

En un mundo que tiende a la globalización, y con el auge de las telecomunicaciones y las nuevas tecnologías, los espacios nacionales se ven mermados cuando no superados por esa inercia que hace que el centro, cada vez más pequeño, se desarrolle más y la periferia, cada día más grande, permanezca en el infierno del subdesarrollo. Es, en ese sentido, la economía, la clave para que un pueblo tenga mayor o menor nivel de bienestar social.

Desde el PNC venimos trabajando desde hace mucho tiempo en el análisis de nuestra economía, el modelo actual y lo que creemos puede contribuir a mejorar nuestro panorama en política económica. La economía canaria se encuentra atrapada en esa tendencia. Sus índices no ocultan la relación de dependencia que podría tipificarse como colonial, aun en el siglo que vivimos.

Canarias no es una comunidad de elevado nivel de desarrollo, aunque tampoco un territorio característicamente subdesarrollado. Sin embargo, estando en condiciones naturales y objetivamente potenciales para iniciar un nuevo modelo económico que mejore sus datos de desarrollo, se encuentra en el limbo de las comunidades olvidadas por el centralismo, marginadas en sus singularidades y posibilidades y mermada, por tanto, para dar plenitud a sus legítimos derechos económicos, incluyendo el modelo propio.

Nuestros indicadores de PIB y renta por habitante son aún pesimistas. Nos acercamos en las grandes tareas económicas a la media del Estado, pero con multitud de obstáculos en el camino. También queda esa asignatura pendiente, y preocupante, de la distribución más justa de la riqueza que se genera en el archipiélago. Los salarios canarios están a la cola, comparándolos con la media estatal y las cifras de desempleo se mueven en índices similarmente indeseables. Estos fallos estructurales requieren soluciones que pasan necesariamente, en primer lugar, por el entendimiento de empresarios y sindicatos en el marco de un Pacto Social Canario que contemple nuestra realidad singular, nuestros problemas y las soluciones propias que necesitamos.

En ese contexto de diálogo social debe ponerse sobre la mesa elementos sustanciales como la formación y cualificación de nuestros empresarios y trabajadores –contemplando nuevos campos productivos como el de las energías renovables y en otros olvidados como ocurre con el sector primario que sigue disponiendo de enormes posibilidades- y la prioridad en las contrataciones a los residentes canarios, como propone, con toda justicia, el Presidente del Gobierno de Canarias.

Y es que negar la influencia negativa que tiene en esta realidad la problemática poblacional es cerrar las puertas a las alternativas para superar nuestras deficiencias económicas y la construcción de un modelo económico nacional alternativo. Modelo que requiere, igualmente, de la cesión por parte del Estado a Canarias de aquellas transferencias pendientes que son esenciales para mejorar las condiciones de vida de los isleños (Hacienda, costas, puertos y aeropuertos, política exterior…). Por otro lado, la resolución del problema del Mar Canario, es decir, del mar, aire y subsuelo canario, es fundamental para nuestro desarrollo económico. Con ello, podríamos recuperar nuestra tradición pesquera, que perdimos en el aprovechamiento del caladero canario-sahariano, tras la ocupación del Sáhara Occidental por parte de Marruecos, y que supuso para nuestra economía un profundo retroceso, que afectó, igualmente, a las industrias conserveras y a la pérdida de la importancia económica de puertos relevantes, como el de Arrecife de Lanzarote que llegó a alcanzar, entonces, el primer lugar del mundo en capturas sardinales.»

En el futuro modelo económico debe tenerse en cuenta las posibilidades que Canarias tiene en materia de energías alternativas que haga posible reducir nuestra dependencia energética del exterior. Una de las muchas medidas inmediatas que pueden dar giros a nuestro modelo de comportamiento económico es la que se refiere al empleo. Desde los sectores públicos sería necesario estudiar la viabilidad de impulsar el trabajo social de cooperativas de trabajadores y pequeñas y medianas empresas canarias para aquellos servicios inmediatos que afectan a los ciudadanos, desde los ámbitos, esencialmente, municipales, lo que hace indispensable, también, el diálogo y coordinación de los cabildos y éstos con los ayuntamientos, dando continuidad al diálogo abierto por el presidente Paulino Rivero con los cabildos para igualar las condiciones de vida de los canarios.

Es verdad que el peso del sector terciario en la economía de las islas, principalmente el turismo, es abrumador. Ello, precisamente, ha propiciado el auge de la construcción. Pero también lo es que estamos obligados a la renovación de la planta hotelera obsoleta y establecer moratorias, teniendo en cuenta los datos de entradas de turistas y camas hoteleras, por un lado, y el deterioro medioambiental que ha producido la especulación en este sector, por otro.

Un nuevo modelo económico canario no puede obviar la materia prima que atrae a millones de turistas, anualmente, peor es perfectamente compatible con la correspondiente regulación que permita un crecimiento sostenible y una mayor calidad de la oferta turística. Haciendo viable el desarrollo de nuevos campos productivos - nuevas tecnologías, energías renovables o la potenciación de la agricultura – teniendo en cuenta que las nuevas construcciones tienen que tender, necesariamente, a índices reductores.

La energía eólica y la solar están, todavía, muy por debajo de sus verdaderas posibilidades, teniendo en cuenta nuestras condiciones naturales. Nuestra realidad agrícola, muy relevante hace décadas, apenas cubre, en la actualidad, la quinta parte de las necesidades alimenticias de nuestra Comunidad. El cereal, prácticamente desaparecido, se vuelve un área de trabajo en el sector primario de primer orden, a la vista de su importancia en los mercados internacionales y la trascendencia que tiene en el aumento del IPC, tanto directamente como en su repercusión sobre otros productos alimenticios. Otros productos agrícolas deben ser reactivados, caso del tomate, el plátano y el pepino, con grandes posibilidades aún, en los mercados de exportación.

La ganadería es otro sector a impulsar con grandes posibilidades económicas tanto en el mercado interno como en el exterior.
La realidad de la sociedad canaria necesita un modelo menos ultraliberal y dependiente del exterior, que haga cambiar sus estructuras hacia parámetros de bienestar más cercanos a la media europea.

La resolución del problema nacional canario, con los traspasos de las transferencias plenas pendientes, el abono puntual al Archipiélago de la deuda que el Estado mantiene con este pueblo, la solución al problema del mar, subsuelo y aire canarios, una ley de residencia que salga del Parlamento Canario, sin el veto de Madrid y el desarrollo pleno de los derechos europeos que tenemos como región ultraperiférica, son presupuestos básicos para la construcción de un nuevo modelo económico que, tras el diálogo social isleño, comience a ver un horizonte más justo para esta tierra.

Como escribiera Juan Manuel García Ramos, presidente del Partido Nacionalista Canario, en su artículo Política y dinero, publicado en noviembre de 2004, «... en el tercer milenio de la era que vivimos, la economía se ha colocado por encima de la política y puede llegar a justificar todo lo que acontece».

La economía canaria es justificable sobre la base de las legítimas aspiraciones de esta nación atlántica, del bienestar de sus ciudadanos a los que le ha llegado la hora de reivindicar sus derechos olvidados en la lejanía política.