Del Director. Una cama está vacía en Vecindario

Llegas a casa tras un duro día de trabajo. O tras un día en paro, que es aún más duro. Da igual. La cosa es que llegas a casa algo tarde, como casi siempre, sueltas las llaves, vacías los bolsillos y acudes a la habitación en la que duerme tu hijo. Lo ves feliz en su inocencia, disfrutando del sueño tras un día menos agobiante que el tuyo, pero para él igual de intenso. Disfrutas con la imagen y lamentas no haber llegado un poco antes para, al menos, desearle buenas noches. Luego, cuando crees estar ante una instantánea que refleja la felicidad en estado máximo, cierras los ojos y te obligas a pensar en la familia de Yeremi. Ellos también han tenido un día duro. Infinitamente más duro. Y no un día; llevan tres y cada uno peor que el anterior. Y ellos, al llegar a su casa, también van en busca de Yeremi. Lo que encuentran, sin embargo, es otra cosa: una cama vacía. ¿Cabe mayor frustración? ¿Es imaginable mayor desesperación?

Que se lo pregunten a Nieves, la madre de Sara Morales. Desde el 30 de junio del pasado año, que se dice pronto y se sufre muy lentamente, su cama también está vacía. Nieves quiere estar hoy al lado de los padres y demás familia de Yeremi. La solidaridad es probablemente lo único que le queda cuando la esperanza se frustra con el paso de las hojas del calendario.

Yeremi y Sara, Sara y Yeremi, dos niños que no se conocen y que no sabremos si llegarán a conocerse algún día, están hoy unidos por la desesperación de sus familias. Es el nexo que entrelaza dos casos sobre los que, a fecha de hoy, no hay relación alguna salvo las coincidencias. El imaginario popular, sin embargo, ya los ha unido. Habrá quien diga que el miedo es libre y que la histeria se ha desatado. Probablemente sea así pero el único antídoto eficaz contra ese miedo -este miedo que nos atenaza hoy a todos- es la imagen de Yeremi y Sara durmiendo en sus camas. Mientras eso no suceda, la búsqueda ha de ser intensa, agotadora si se quiere, pero mientras hay un centímetro que registrar, hay esperanza.

Los vecinos están convocados hoy a una concentración de solidaridad con la familia de Yeremi. ¿Sirve de algo? De mucho. Que le pregunten a los padres de Sara cómo las penas se agrandan en soledad y se alivian en compañía.

PD: ¡Cuánta razón tenía el desaparecido Fernando Berenguer, maestro y compañero de esta Redacción, cuando decía que no hay nada peor en el periodismo de sucesos que encontrarse con que un menor es el protagonista de la información! Habrá quien diga, como antes, que el miedo es libre y la histeria se ha desatado. Habrá quien diga, también, que el morbo lo domina todo. Pero luego, a la hora de la verdad, lo que hay es una cama vacía en una casa de Vecindario. Sólo eso. Nada más que eso.

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