Del Director. La expulsión de Cristina Peri Rossi

Se llama Cristina Peri Rossi. Es escritora, habla español y hasta hace poco era colaboradora habitual en Catalunya Radio, emisora pública catalana. Ha perdido esa condición por el mero hecho de que se expresaba en el idioma de Cervantes, cuando, por lo visto, en los medios públicos catalanes sólo se admite hablar catalán. Estos días, medio millar de intelectuales de muy diverso pelaje ideológico ha dejado constancia expresa de su solidaridad con la escritora; los dirigentes de la Generalitat, mientras tanto, miran hacia otro lado.

Esa es la España de hoy día. No es la Alemania nazi; ni la Sudáfrica racista; ni los estados confederados del sur de EEUU exprimiendo a los esclavos... Es Cataluña, es el siglo XXI y es el tercer milenio. Es, por cierto, la España de la que habla el Rey cuando dice que disfrutamos el mayor periodo de estabilidad democrática de nuestra reciente historia, cosa que es verdad, pero me gustaría que el Monarca se lo explicase a Cristina Peri Rossi, que deberá apuntarse a una academia de catalán si quiere volver a hacer sus comentarios en la cadena de radio catalana.

En todo medio de comunicación está reservado el derecho de admisión, como en los bares. Otra cosa bien diferente es que eso se convierta en un derecho de exclusión del propietario respecto a los ciudadanos, máxime cuando se trata de un ente público, como es el caso. Sucede, sin embargo, que Catalunya Radio tan sólo está aplicando a rajatabla lo que desde hace años es norma común en los centros educativos catalanes, un principio que se ha visto consagrado con el nuevo Estatuto catalán al obligar a los funcionarios públicos a aprender la lengua catalana si quieren aspirar a un empleo en esa autonomía -perdón, en esa nación-. La dejación del Estado ante lo que primero fue una moda en el País Vasco y luego una ley en Cataluña derivó en este tipo de fundamentalismos lingüísticos, de manera que ahora a la gente se la separa no por su condición de buenos y malos, como ocurría en la Biblia, sino por su consideración de catalanoparlantes o hispanoparlantes. A la derecha del dios padre autonómico quedan los primeros, mientras que los segundos son expulsados del paraíso y condenados a vagar por la España castellana, que es presentada como un reducto del franquismo por esos que discriminan, separan y, finalmente, despiden a los que no se adaptan a sus exigencias.

En Cataluña, por cierto, también tuvieron durante un año marginada en un colegio público a una niña que se empeñaba en llevar el pañuelo musulmán. Ahora la Generalitat ha obligado al centro educativo a admitir a la alumna, que estos días ha regresado junto a sus compañeros. La niña, según cuentan, ya es feliz; pero, eso sí, deberá hablar en catalán. De lo contrario, habrá de seguir los pasos de Peri Rossi.

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