Cuando la fe se extingue, el Gran Canaria siempre renace

La imagen más veraz del Gran Canaria es la que sometió al Barcelona. La de equipo de dientes apretados, músculos tensos y concentración infranqueable. Esa que siempre sale a relucir cuando los agnósticos son procesión. Cuando el descenso ya es una amenaza tangible, toca brochazo épico.

David Ojeda
DAVID OJEDA

El Gran Canaria domesticó al Barcelona de principio fin. La poca cintura del resultado final no pondera con realismo los márgenes que sujetaron el espídico ritmo del partido. Siempre fue más y mejor el grupo local. Coral en su esfuerzo, intenso en la defensa, dominador en el rebote y excelso en muchos tramos del ataque. Ese Gran Canaria vio al final, cuando su rotación tensaba fatigada sus músculos, como un Barça subversivo empujaba el partido a dos desempates, negacionistas en cualquier caso con una realidad cada vez más clásica en el CID, donde la leyenda cuenta lo mucho que le cuesta ganar aunque los dos precedentes más próximos fueron resueltos con abrumadora superioridad en el tanteo.

La película del partido tiene mucho más carrete del que se revela en sus momentos finales. Tuvo mucha más trama que esos dos balones al hierro de Savané en microsegundos. Más historias que las dos acciones de Navarro que empujaron el partido a un tránsito larguísimo de 50 minutos con dos prórrogas.

El Gran Canaria se personaba en el CID minado por tres derrotas consecutivas, y anunciándose como un oponente menor. Pero pronto demostró que había salido a la pista con la vocación reaccionaria necesaria. Controló los tiempos del partido a pesar de las tempranas ventajas azulgrana (11-13 a 2.58 del final del primer cuarto tras dos tiros libres anotados por Navarro). Rey, luego protagonista capital en el desenlace, fue sentado al minuto de juego con dos personales cometidas. Poco después le siguió Dowdell.

La concatenación de catastróficas desdichas se había alineado en contra del Gran Canaria. Además, la amenaza real de una situación comprometida en la clasificación condicionaba aún más al colectivo insular. Y en esas explotó. Un parcial de 8-0 repuntado con un triple desde la esquina de un certero Alvarado le puso al frente. Una vez dominado el tanteador, el Barcelona no aguantó el primer tirón.

Alvarado y Bellas fueron elementales. En ambos casos, dirección atinada; el canterano ligero y acertado en el lanzamiento, el madrileño agresivo en la defensa. Desde sus directores de juego comenzó a rodar el Gran Canaria, en el que emergía poderoso Sitapha Savané en la pintura para dominarla.

Lorbek fue el único que aceptó el desafío, a veces secundado por Pete Mickeal. El partido había entrado en su segundo parcial y el Gran Canaria corría por la pista engrasado y clarividente. La ventaja local fue en progreso, elevándose la rotación claretiana ante uno de sus mejores momentos de juego de la temporada. Savané culminaba un contraataque que, además del éxtasis popular, significó la máxima renta del partido 14 puntos arriba (40-26 a 1.52 para el descanso). El Barcelona llegó magullado a la Isla. El Banca Cívica lo había derrotado el jueves en el Palau, y no podía clavar la rodilla en tierra con tanto partido por disputar. Mezcló orgullo y calidad para recortar. Un parcial de 0-8, liderado por Mickeal, Huertas y Navarro minimizó el margen para los locales. Fue entonces cuando sin tiempo en la cuenta atrás, recogiendo un balón rebotado de la espalda de Haynes y desde su propio campo Nelson se sacó un tiro desde la cintura que entró en el aro azulgrana y cerró la primera parte con delirio en las gradas y una ventaja de nueve puntos (43-34).

MALEFICIO IGNORADO. Excitados por el final de la primera parte, los claretianos rompieron su infame tradición, aquella que ocurre en el tercer cuarto de los partidos, cuando se descompone y sucumbe ante el oponente. Ésta vez no solo no ocurrió, sino que fue capaz de acabarlo aumentando su renta (61-51).

El Barça fue al cuerpo a cuerpo, sobreviviendo en el intercambio de canastas. Navarro acercó al Barcelona a tres puntos (48-45), pero dos triples, uno de Bellas y otro de Bramos, y el primer acierto en el aro de Dowdell vestido de amarillo forzaron a Xavi Pascual a parar el partido, atemorizado ante la posibilidad de un nuevo rodillo claretiano. La reconstrucción del entrenador culé no modeló a su antojo la retórica del encuentro, equilibrada la distancia hasta el final del parcial en una decena de puntos; pero sí que evitó que su equipo se descosiera y llegara a la hipotética suerte final del envite en disposición de imponer su superioridad y profundidad nominal.

A esas alturas, y con solo un cuarto por afrontar, el Gran Canaria se sentía fuerte. Cansado pero firme. El esfuerzo por recuperar la defensa como valor genético había funcionado hasta el punto de provocar la frecuente incidencia del Barça en faltas ofensivas. Pero también se había consumido la frescura de un grupo menor en efectivos, con Pedro Martínez mimando la adaptación de Dowdell al equipo con apenas ocho minutos en cancha y con Ekperigin sacrificado a 53 segundos de juego.

Y lo que era de esperar acabó sucediendo. Pero mientras Navarro y Mickeal sumaban puntos, el partido se igualó con los protagonistas más inesperados. Alvarado sostenía al Gran Canaria vivo con otro acierto desde el perímetro, pero Joe Ingles con una canasta de seis metros y un triple arrimaba el partido a la zona incandescente.

La diferencia menguaba y crecía al ritmo que atacaban ambas formaciones. Pero llegó el momento en el que al Gran Canaria se le vino encima el mundo. Ingles, de nuevo, anotaba dos tiros libres que ponían al Barcelona a dos puntos a 47 segundos para acabar. Acto seguido, Rey y Nelson se lían y un ataque para resolver el partido acaba en falta personal. Entonces Navarro pidió el balón. Tomó la responsabilidad de entrar en la zona insular y forzó una personal en un discutido tapón de Nelson. Navarro acertó los dos lanzamientos y dejó sin tiempo a Savané para ganar el partido con décimas en el reloj.

Así se enfiló la primera prórroga. La temperatura ambiental del Centro Insular se convirtió en un témpano. El golpe moral de haber nadado para ahogarse en la orilla se hizo mayor cuando el Barça logró su primera gran renta. Cinco puntos a 3.13 para acabar la primera prórroga, con cuatro puntos de Lorbek, los dos últimos al transformar los tiros libres que suponían, además, la falta que eliminaba del partido a Spencer Nelson, principal anotador local.

Pero el Gran Canaria negó la rendición. Una canasta más adicional de Haynes al superar por la espalda a Perovic, una transformación de Savané tras una pérdida de Lorbek y un triple de Bellas ponía el viento a favor (84-81). Pero cuando parecía el partido resuelto, el Gran Canaria se atascó y Navarro acertó con el aro local para una segunda prórroga. Suspense hasta el final. Con el Barça arriba, Palacios desatascaba el partido. Ventaja de un punto. Navarro lo intenta, cede para Mickeal que falla en ataque. Rebote de Rey, va a la línea de tiros libres, anota los dos y el partido al zurrón, antes de que Navarro fuera a tiros libres, fallara el primero e hiciera lo propio en el segundo buscando el rebote.

93. Gran Canaria 2014 (20+23+18+13+10+9): Haynes (11), Bellas (8), Bramos (10), Nelson (15) y Savané (13) -equipo inicial-, Alvarado (13), Beirán (4), Rey (11), Palacios (6), Ekperigin (-) y Dowdell (2).

90. Barcelona Regal (15+19+17+23+10+6): Huertas (8), Navarro (21), Lorbek (20), Mickeal (15) y Perovic (3) -equipo inicial- Rabaseda (7), Ingles (10), Sada (2), Wallace (2), Vázquez (-) y Ndong (2).

Árbitros: Juan Carlos Mitjana, José Javier Murgui y Castillo. Eliminaron por personales al local Spencer Nelson y al visitante Boniface Ndong.

Incidencias: Unos 4.822 espectadores acudieron al Centro Insular de Deportes en este encuentro correspondiente a la vigésima cuarta de la Liga.