Cuando Jémez fue manteado

David Ojeda
DAVID OJEDA

Con el partido en cenizas y tras el refrescante paso por la ducha, los futbolistas de la Unión Deportiva decidieron volver al césped. El Helidoro estaba vacío, pero en la esquina que une las gradas de San Sebastián y Herradura permanecía estoico el millar de aficionados, que a la espera del visto bueno del dispositivo de seguridad para abandonar el estadio, todavía coreaba el empate agónico del representativo en el territorio blanquiazul.

El primero en mostrar impresión fue Juan Luna Eslava, ayudante de Paco Jémez. El técnico miraba al horizonte y con su teléfono móvil inmortalizaba el momento. «Quiero guardar esto como recuerdo. Me habían contado muchas cosas sobre los derbis con el Tenerife, pero no hay nada comparable a vivirlo en primera persona», relataba.

Fue Paco Jémez el gran protagonista. Si ya los futbolistas habían intercambiado cánticos y aplausos con los seguidores, la llegada del entrenador fue el momento estelar. Primero se lanzó disparado, dejando atrás a sus pupilos que comenzaron a seguirle a distancia, se plantó debajo de la tribuna, hizo dos reverencias y aplaudió a los aficionados. Recibió una bandera de la grada, y con gesto de emperador se cubrió con ello. Luego su plantilla lo elevó al cielo manteado. Rodeado de las fuerzas vivas del club abandonó con el pecho hinchado y la sonrisa en el rostro el Heliodoro.