OPINIÓN / ANTONIO F. DE LA GÁNDARA

Consejos al doctor (music)

Vaya por delante que me gusta mucho  Springsteen, que el jueves estuve pegado al ordenador hasta  conseguir mi entrada y que me pronuncio visceralmente comprometido con que el concierto sea un hito. Y valga de prefacio, también, que –como he pagado mi entrada– no le debo favor alguno ni a Eleeme Producciones, la encargada del espectáculo en el ámbito local, ni a Doctor Music, la promotora de la gira en España.


Sentadas mis premisas, al turrón: considero que es justo felicitar a Eleeme Producciones por haber logrado el contrato y por consumarlo en Gran Canaria. Mi experiencia con esta productora se limita a que asistí hace meses al concierto de Maná en el estadio. No veo de interés opinar ahora sobre este grupo, aunque tal vez sí sea importante recordar que la producción era de alta  calidad. Las puertas se abrieron con la suficiente antelación como para que no se produjeran aglomeraciones –desde mi modesta experiencia, esa es una de las claves del éxito de los espectáculos multitudinarios– y, en líneas generales, casi todo fue satisfactorio.

De Doctor Music no puedo decir lo mismo. En 2009 asistí al concierto de Bruce Springsteen que esta promotora organizó en Santiago de Compostela.  Puedo asegurarles que me jugué la vida. y no exagero lo más mínimo. Se la jugó quien escribe  y las cerca de 40.000 personas que, según las informaciones de la época, se congregaron  en el auditorio del Monte do Gozo para ver al Boss el 2 de agosto de aquel año.

Intentaré explicarlo: el Monte do Gozo es un anfiteatro natural adecentado bajo mínimos para el Xacobeo del 93, con un aforo declarado de 30.000 personas según la Xunta de Galicia. Para acomodar al público se construyeron en su día, siguiendo la horizontal semicircular, y del otero al soto, unas gradas de cemento tipo plaza de toros, con una separación entre ellas de unos 50 centímetros. La obra original habilitaba tres pasillos radiales –tomando el centro del escenario como eje- para permitir el acceso y la salida del recinto de  forma ordenada y mantener en todo momento, vías de evacuación urgente.

Para el concierto de  Springsteen el 2 de agosto de 2009, alguien decidió que había que ampliar el aforo del hemiciclo, y no se le ocurrió mejor apaño que soterrar el graderío. Así pues, el recinto se convirtió en una gran explanada diáfana en pendiente.  Me esfuerzo por ser aséptico; los comentarios más piadosos del momento en las redes sociales lo definían como «un puto patatal».

Sin pasillos, y con dos únicas vías de acceso, la organización esperó a que la zona externa del auditorio rebosara de público para abrir las puertas, a las 20.45, para un concierto que iba a comenzar a las 22.00. Casi 40.000 personas –37.800 según datos oficiales– entraron a la carrera, la mayoría sin ni siquiera mostrar su entrada a los porteros. Quizás había entradas falsificadas, quizás había gente sin entrada, el dato aún no está claro. Centenares de personas que habían pagado se quedaron fuera. El recinto estaba petado como dicen vulgarmente, a presión si me apuran.

Mi pequeño grupo familiar había llegado al monte  muy pronto, a eso de las tres de la tarde, y gracias a la interminable espera –y a la loca carrera final– consiguió colocarse  en la segunda fila, casi alcanzando la barrera que separaba el foso del público general. Por supuesto no pudimos movernos ni un centímetro durante las tres horas largas del concierto, ni hacer un pis ni beber una gota de agua. Mirar hacia atrás producía pánico; no había pasillos ni señalizaciones, solo miles y miles de personas apretujadas; las de detrás del vallado del recinto con un notable cabreo, porque habían pagado y no veían nada. Si alguien hubiera incitado a una avalancha, no sé lo que hubiera podido pasar.

Supongo que algunos de ustedes habrán leído algo sobre aquello. Se formaron plataformas de damnificados en las redes sociales. Los periódicos destacaron que sólo el civismo del público evitó el desastre. El Instituto Galego de Consumo abrió un expediente a Big Tours S.L. –filial de Doctor Music– tras recibir centenares de denuncias, la organización del concierto,  el Ayuntamiento de Santiago y la Xunta protagonizaron un vergonzoso peloteo despejando balones y responsabilidades, intervino el Valedor do Pobo (el defensor del Pueblo en Galicia; tengo su informe) y finalmente Consumo propuso una sanción de  dos millones y medio a Big Tours S.L. Lo último que he encontrado, por ahora,  es el anuncio que emplaza a la empresa a ser notificada de la resolución del expediente tras dos incomparecencias. (Boletín Oficial de Galicia, 10 de mayo de  2011).    

Miren la fotografía aquí a la izquierda, difundida por La Voz de Galicia al día siguiente del concierto y publicada en este artículo con el permiso expreso del periódico. Esa es sólo una de las, al menos, tres mastodónticas colas que se habían formado en torno al recinto minutos antes de que  abrieran las puertas. Casi en la cima se vislumbra un claro. Es justo donde estaba la vía de acceso al recinto. No lo puedo llamar puerta porque no lo era; un agujero en un seto. Ese claro que ven lo provocamos mi mujer, mi sobrino, yo y algún  que otro voluntario, cogiendo unas vallas que había apiladas al otro lado de la carretera cuando nos dimos cuenta del desastre que se nos venía encima.

Es posible que alguien se pregunte a qué viene esta crónica ahora, si su autor pretende ser agorero,  colgarse galones de superviviente del Titanic  o boicotear el concierto de Springsteen por rencor repujado. Le aseguro que no. Rescato aquel agridulce recuerdo –el concierto fue fantástico, lo nefasto fue el antes y el después–  precisamente para que la organización y las autoridades tomen  nota de que esto no puede volver a ocurrir. Miren, la Xunta llegó a decir que no tenía responsabilidad sobre el público «desde que éste entra al recinto». Manda carallo, que dicen allí.

Sería estúpido pensar que el estadio se va a llenar con 40.000 fans que tararean todas las canciones como en el DVD de Barcelona. Aquí no hay tantos.  El reto está en  convencer a los 30.000 indecisos de que es  un acontecimiento galáctico, lo nunca visto en estos pagos, que es seguro y que  no pueden perdérselo.