ENTREVISTA

Concha Jerez: "A los 30 años decidí hacer arte y que nadie me iba a mover"

16/12/2015

La creadora, reconocida con el Premio Nacional de Artes Plásticas de 2015, visita Gran Canaria para ver a su gran amigo, el artista Juan Hidalgo. En esta conversación ofrece algunas claves de su trabajo.

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P.- ¿Cuál ha sido el motivo de su visita?

R. Ver a los amigos y sobre todo a uno muy especial, Juan Hidalgo. En su última visita a la Península, con motivo de una exposición en la galería Adora Calvo, donde se le hizo un homenaje, estaba fuera de España y no queríamos dejar pasar mucho tiempo sin  verle. Y por supuesto para ver a Saro León y otros amigos: Juan José Gil, Leopoldo Emperador...  

P.- ¿Qué efecto inmediato ha tenido la concesión del Premio Nacional?
R. Personalmente he notado que tengo muy buenos amigos y amigas (risas). Ha sido tremenda la cantidad de llamadas, mails, wasaps, de sms y es muy agradable. Siempre son frases cariñosas que me han dicho personas a las que no solo aprecio sino que admiro.

P.- ¿Ha surgido algún proyecto a raíz del premio?
R. Nada especial. Solo los proyectos que ya tenía anteriormente. Hay un proyecto del que no puedo hablar, pero venimos trabajando en él desde hace dos años. Los otros son proyectos que ya estaban: una exposición en Stuttgart, con la galería de Brigitte March, para celebrar el 30 aniversario de nuestra colaboración; una presentación de instalaciones importantes que se han incorporado al ZKM de Karlsruhe, una mía que realicé aquí en La Regenta en 2002 -Jardín de ausentes- y se va a presentar junto otra instalación importante, de José Iges y mía, que se llama Net-opera. Es una instalación interactiva del año 2000. Y otra exposición de la galería Aural de Alicante, con la que estaba presentando obra mía de  entre 1975 y 1985 en la feria Artíssima de Turín cuando me enteré del premio.  

P.- Ha plasmado su arte conceptual en múltiples soportes. ¿No es muy anticomercial? ¿No ha elegido la vía más difícil?
R.  Mi vía es múltiple. Es un fiel reflejo del mundo en el que vivimos. Usted trabaja con una tablet, tenemos nuestros teléfonos con los que podemos contactar con todo el mundo, somos seres físicos también... Todas esas realidades son múltiples y en nuestra vida diaria las conjugamos de una forma sencilla. Yo soy muy producto del mundo en el que vivo y siempre he defendido que se reflejara en su totalidad y su simultaneidad en la obra mía.

P.- Pero hay artistas que se pasan la vida haciendo una misma obra que se vende bien. No es su caso.
R. En mi caso no es así, aunque hay hilos conductores que se van sucediendo en el tiempo. Es verdad que nunca he dependido del mercado. Me he ganado la vida con la enseñanza, también a nivel profesional si es verdad que en los últimos 20 años he percibido, no grandes cantidades de dinero, pero sí algunas cantidades como honorarios por las performances, las instalaciones o por los conciertos,  pero nunca he dependido de ello. No he querido. De hecho, entre el año 75 y 86 decidí no vender mi obra para retirarme, a priori, del mercado. Después no, admití que mis obras se podían vender. Si es verdad que tampoco se han vendido muchas. No obstante, en el mundo, este tipo de obras se venden. Hay colecciones especializadas en vídeos, instalaciones y obra conceptual, como la colección de José María Lafuente, centrada en el lenguaje.

P.- Hacer arte conceptual en España en los 70 era algo osado. ¿Se sintió incomprendida?
R. No me planteé nunca si era incomprendida o no. Es verdad que los vientos no jugaban a favor, porque mucha de la obra conceptual era crítica con el régimen político de entonces, el de Franco. Pero era la obra que teníamos que hacer y, cuando surgió el grupo ZAJ, importantísimo a nivel español e internacional, molestaba mucho ese tipo de trabajo a principios de los 70. Pero lo hicimos. No solo ellos, aunque fueron importantes iniciadores de estos movimientos en España. Lo hacíamos de forma absolutamente natural. Mis primeras obras conceptuales eran  escritos autocensurados, ilegibles, por el reflejo de aquella situación.


 P.- Le interesa mucho el lenguaje, las discordancias entre el significado y el significante, las palabras ambiguas. Ahora debe estar disfrutando porque hay palabras que se han vaciado de contenido.
R. Sí, el lenguaje me interesa muchísimo, precisamente por la evolución que tiene. Lo fundamental del lenguaje, para mí, es que colocas una palabra donde la coloques y te viene a la mente un montón de significados, pero es curioso que en los últimos años hay palabras que se han gastado mal. Palabras como democracia o libertad se están empleando de forma muy perversa. Precisamente eso me sigue interesando. Sigo trabajando con lo que se dice en los medios de comunicación. Precisamente, en la exposición que hice el año pasado en el Musac de León, trataba de la interferencia en los medios. Ante ese uso del lenguaje, me interesa interferir para que la gente tenga conciencia de sus utilizaciones perversas. Lo vemos en los discursos políticos. No es solo culpa de los medios. No, en absoluto. Es que las personas las usan perversamente. Me gusta acechar esta evolución para enfrentarla a nuestra vida y a cómo nos pueden manipular.

P.- Usted dice que es nómada. pero se ha construido muchos lazos con Canarias a pesar de que nació en las islas de forma circunstancial.
R. De forma decidida por mi madre. Como vivíamos en África, en cabo Juby, en un fuerte en el desierto, necesitaba una clínica. Ella se vino a casar aquí con mi padre, mi abuelo y el fraile de allí. Tras terminar mi estancia en África en el 55, pasé a vivir en Madrid. Aunque mis padres tenían muchos amigos aquí,  mi primera relación con el mundo profesional fue a partir de mi primera instalación, que hice en 1976. La galerista Juana Mordó llevó a la inauguración a Martín Chirino, que me introdujo a los artistas canarios que iban por Madrid: Toni Gallardo y, por supuesto, el grupo ZAJ. Entre el año 76 y 77,  ZAJ hizo un concierto que se llamaba Tamarán en una exposición de Chirino en la galería de Juana Mordó. A raíz de aquello, conocí a ese grupo canario: Juan José Gil, posteriormente a Leopoldo Emperador. A partir de ahí he mantenido una relación de amistad y a nivel profesional, de admiración en mi caso, con Juan Hidalgo. Ese ha sido el lazo. Posteriormente, cuando empezamos a hacer obras conjuntas José Iges y yo, nació otra relación con el mundo de la música en Canarias. Sobre todo con Juan José Falcón Sanabria. Fue el primero que me trajo a Canarias a dar talleres en el aula de música. Pero, previamente, habíamos hecho en el año 90, en el primer aniversario del CAAM, un gran concierto -de Esperanza Abad, José Iges y mío- con un grupo de bailarines extraordinarios que no bailaban, caminaban. Era bellísimo. Era un homenaje a Agustín Millares. Luego hubo más cosas con José Antonio Otero, con el que tuvimos una amistad enorme. Y a raíz de ahí surgió una exposición en La Regenta. También con Juan José Gil y Alicia Batista.

P.- ¿Tiene  lazos en todos sitios y por eso la quieren tanto?
R. (Risas) Sí, tengo este tipo de raíces. El nómada se mueve, pero monta su jaima y mientras está ahí establece unas relaciones.

P.- ¿No hay una gran exposición suya prevista en Canarias?
R. No, no hay nada a la vista.

P.- En los 70, ser artista y madre no debió ser fácil. Se suponía que la mujer debía dedicarse a otras cosas.
R. Empecé profesionalmente en el arte muy tarde, cuando iba a cumplir 30 años. Había hecho otras cosas antes. Me pilló en un tiempo de madurez. Quería hacer eso y nadie me iba mover.  Eso te da fuerza. No es lo mismo que cuando eres muy joven y tienes que compaginarlo con los hijos. Creo que los he atendido bastante bien y es verdad que en eso tuve la complicidad de mi marido. En esos años pude desarrollarlo aunque no era tan fácil, pero siempre vuelvo a la complicidad. He buscado y encontrado complicidades. Es verdad que muchas eran de mujeres.  Mis galeristas estables, salvo dos hombres, han sido mujeres; Brigitte March, Adora Calvo, Saro León, Christel Schüppenhauer, Begoña Deltell... Mujeres bravas.

P.- Su arte se compromete con la sociedad y con la mujer. ¿Ha sentido la aversión hacia el feminismo?
R. Recuerdo una exposición en la que participé de artistas españolas en Europa, que recorrió diversos museos. Era un lujo la selección. No solo había artistas visuales sino músicos, como Esperanza Abad, Genoveva Gálvez; realizadoras como Chus Zabalegui, Pilar Miró, la fotógrafa Cristina Rodero... Me encontré con un crítico de ABC y me dijo: tengo que hacer una crítica a una exposición de marujas. Yo no le dije que yo era una de las marujas. Todavía está mal visto el feminismo. O se exalta de una forma falsa -que no está mal- o se desprecia, muchas veces por parte de mujeres, incluso artistas. Recuerdo perfectamente que en  Alemania, en esa exposición, Niki de Saint Phalle no quiso estar. No quería que la identificaran como  feminista. No soy una artista feminista porque mi obra recorre muchos temas, pero tengo obras feministas porque me ha surgido así y mi actitud ante la vida es absolutamente feminista. Y más ahora. ¿Qué pasa con las mujeres del mundo árabe y del mundo hindú?  En nuestro país los salarios no son iguales, todos los días matan mujeres... Eso quiere decir que en la sociedad hay algo que funciona mal y eso tiene que cambiar con la educación. Es terrible. Una tiene que ser feminista, claramente.

P.- ¿Sigue trabajando con necrológicas de mujeres?
R. Sí, presenté una pieza en el Musac con 140 necrológicas en una pieza. Tendré 200. No voy a parar. Cada día descubro mujeres interesantísimas en todos los ámbitos y me entero de que existen cuando mueren.

- ¿Qué aporta José Iges a su obra?
R. Llevamos trabajando juntos 25 años. En la exposición que hicimos este año en Tabakalera, Media mutaciones, se mostraba  la idea del artista como  mutante mediático a través de una serie de  obras en común desde el 90 hasta ahora. Me  aporta otro camino de la creación que no es ni él ni yo, pero en esa plataforma común hemos desarrollado un trabajo con una profundidad evidente.  Con este trabajo  nos podemos permitir obras que en solitario no las haríamos. Por ejemplo, el arte radiofónico yo lo he desarrollado casi todo con Iges o los conciertos intermedia; en solitario no he hecho ninguno. Si hago performance con él es muy diferente a las que hago yo. Discutimos mucho, en el sentido anglosajón, para construir esa plataforma en común. No ha sido fácil. Ya no discutimos tanto. Al principio era complicado. Yo soy más conceptual. Soy un concepto con patas y él viene de otra aportación más fresca, de meterse en la obra en directo, como el que se mete a nadar. Viene del collage radiofónico. Tiene ideas surrealistas, yo no.

P.- Dicen que su obra es comprometida. ¿Qué significa para usted?
R. El compromiso en el arte no es solo social o político. Para mí, Mondrian es comprometido con otra forma de conocimiento por plantearnos el espacio desde una visión diferente. Muchos artistas abstractos tienen un compromiso enorme. Lo importante es tener la idea de transgredir, de ir más allá y esa idea está en todo el arte que ha supuesto un cambio. Y sin embargo hay muchos artistas que trabajan lo político y social que son carroñeros y que no están haciendo una transgresión sino que usan el compromiso para su propio beneficio, para llegar a un mercado mayor. No  es tan fácil la idea del compromiso. Se debe llevar dentro y es la actitud ante la vida. También es transgresor el compromiso con la forma, con el color.  Esa es la grandeza de la creación artística, que no es reduccionista y nos abre al conocimiento.  

"JUAN HIDALGO MERECERÍA EL PREMIO VELÁZQUEZ".

Amiga y admiradora. Concha Jerez (Las Palmas de Gran Canaria, 1941)  y José Iges (Madrid, 1951) han venido a ver a su amigo, el artista canario Juan Hidalgo (Las Palmas de Gran Canaria, 1927). Un creador al que admiran por ser uno de los precursores del arte conceptual en España. La creadora no escatima elogios a su trabajo y su valiente trayectoria. «Juan Hidalgo es un artista fundamental en la historia del arte, no solo en España sino en el mundo», subraya la Premio Nacional de Artes Plásticas 2015.

Nuevos caminos. Según explica Jerez, el promotor del grupo ZAJ  «creó una vía diferente en la cual es absolutamente pionero, al mismo tiempo que se estaba creando otro gran movimiento Fluxus, también internacional, pero ZAJ es muy diferente de Fluxus».

Herencia. Jerez, en este sentido, se siente deudora y heredera de Hidalgo.  «Me enseñó a plantearme la música de otra forma e incorporarla al terreno artístico, que la acción puede ser una obra de arte por la presencia del artista. Me enseñó, con su ética personal por su defensa de la independencia frente al mercado, una forma de hacer en la cual él es admirable», explica la creadora. «Me introdujo en el mundo de John Cage y, sobre todo, en una forma de hacer música; en lo  que era la forma ZAJ», cuenta la creadora, quien estudió la carrera de piano en el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid y que además es licenciada en Ciencias Políticas. «Yo había dejado la música más clásica y no sabía que existían otras posibilidades. Para mí, con Juan Hidalgo, se me abrió un mundo de cercanía e interés. Hidalgo me abrió posibilidades diferentes respecto a la música, otra forma de acceder a ella unida al arte».
 
Falto de reconocimientos.  En opinión de Concha Jerez, la figura de Hidalgo y su aportación al arte aún está por reconocer.  «Merecería el Premio Velázquez y desde hace muchos años. Es el primero que hizo una partitura de música electroacústica. También merecería un premio de este nivel en el ámbito de la música. El Estado español tiene una gran cuenta pendiente con Juan Hidalgo, porque se lo merece y porque ha abierto horizontes enormes. Es muy dinámico», indica la artista que lo califica de primera figura.