Comentario Internacional. Irak-Irán: la relación

El ministro iraní de Asuntos Exteriores, Manuchehr Mottaki, confirmó ayer que por ahora no habrá diálogo con los Estados Unidos sobre Irak en lo que parece una actitud relacionada con su controversia global con Washington. Tal diálogo fue oficialmente aceptado por Teherán "a petición de nuestro hermano al-Hakim" (el líder del primer partido iraquí, Consejo Supremo de la Revolución Islámica) y, por parte americana, el presidente Bush dio expreso permiso a su embajador -y estrecho aliado político en el campo 'neocon'- Zalmay Kalilzad para reunirse con enviados iraníes.

ENRIQUE VÁZQUEZ

Ambas partes declararon, por razones diferentes, que las conversaciones versarían única y exclusivamente sobre la situación en Irak, pero el diálogo en preparación suscitó gran interés y, en el contexto de la crisis acerca del programa nuclear iraní, fue entrevisto como la posibilidad de desbordar el temario y hablar de todo como han pedido ciertas voces autorizadas en Estados Unidos y un coro fuera de los Estados Unidos.

La última, la de Javier Solana, que en Barcelona dijo que las diferencias entre Irán y Washington "no se pueden solucionar a bombazos" y que sería útil involucrarse directamente en una conversación de conjunto con Teherán. Lo mismo cree el director general de la AIEA, Mohamed al-Baradei, que tras entrevistarse en Washington el jueves con Condoleezza Rice dijo que él solo es un 'honesto mediador' entre las partes y que corresponde a éstas tomar las decisiones.

Así pues, como era previsible, el diálogo potencial formalmente ceñido a Irak era percibido como un portillo de acercamiento y distensión y su cancelación por los iraníes es la prueba indirecta de que vinculaba los dos escenarios y estaba destinado, incluso sin pretenderlo, a fomentar un diálogo global entre los antagonistas por el que suspira medio mundo.

El jueves, Bush y Tony Blair reconocieron haber cometido errores en Irak y Washington, que no acepta dar garantías políticas de seguridad al Irán islámico, sufre una represalia iraní igualmente política. Jalilzad juzgó perspicazmente al Irán como un factor regional insoslayable y propuso un diálogo directo, aunque tasado, pero hay quien se opone con fuerza para hacerlo. El 'The Financial Times' del miércoles decía que en Washington es el vicepresidente Cheney quien encabeza con éxito la corriente hostil a hablar con Irán.

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