Comentario Internacional. Blair, el cumplidor

Si el presidente Bush tuviera que dar una medalla a la constancia en la aventura de Iraq tendría dos candidatos fijos: Tony Blair, primer ministro británico, y su colega australiano, John Howard. El primero se presentó ayer en Bagdad para apoyar al nuevo gobierno y el segundo ya ha hecho saber que enviará más tropas al área de Iraq donde sus soldados (eso sí: parecen invisibles y nunca se les ve en TV) protegen al contingente japonés, también invisible, cuando el primer ministro nipón se dispone a anunciar a Bush en junio que para fin de año quiere terminar la misión de sus hombres en el país.

ENRIQUE VÁZQUEZ

Romano Prodi ya ha puesto fecha para abrir el procedimiento de la vuelta de los 3.000 italianos y aunque hay otros contingentes de cierta importancia numérica, como los surcoreanos, con un perfil bajo que les tiene fuera de las áreas de combate y en la sombra, la celebrada coalición de voluntades de que habló Bush se queda en lo que siempre fue realmente: la alianza clásica, inmarchitable, angloparlante y de abolengo, americano-anglo-australiana sin los canadienses de rigor, más reservados y perspicaces.

Blair, pretendiéndolo o sin pretenderlo, convierte su viaje en un dato político nacional, estrictamente británico. Tras sufrir un fuerte revés en las locales del mes pasado y la conmoción causada por las bajas británicas en Basora en medio de un cierto júbilo local, él insiste y, de paso, ajusta alguna cuenta con sus críticos.

De hecho, a nadie se escapó que para sustituir a Jack Straw, quien al parecer venía expresando algo más que reticencias sobre Iraq e Irán y la subordinación a Washington en esas materias, nombró en Exteriores a una fiel entre las fieles, Margaret Beckett, quien ha hecho honor a esa condición: ayer dijo que no hay planes para la eventual salida de las tropas británicas, que hay todavía un trabajo que hacer y que se progresa adecuadamente.

Más desenvuelto que nunca, en tanto que no-candidato, Blair resplandece como lo que es antes que nada: un hombre correoso al que es inútil presionar. Hizo la crisis de gobierno a su gusto completo y por completo al margen del partido, donde sus críticos parecen convencidos, esta vez por la exhibición de autoridad en Bagdad, de que el calendario político será marcado por él y solo por él sin más consideración que su criterio y, en política exterior, su intocable asociación con Bush.

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