Cinco generaciones de mujeres

Las cinco generaciones personificadas en Candelaria García, Juana Medina, Juana María Vega, Davinia Santana y Ahinara Florido tienen su hábitat en Valle de los Nueve.

La familia guarda recuerdos gráficos de una sexta generación, la que encabezaban Ángel García y María Alejandro, quien tuvo tiempo de hacerse una foto de familia similar a la que ilustra esta página.

La matriarca ahora es Candelaria García Alejandro, que le lleva 96 años a la quinta rama, Ahinara, de cuatro meses. Vive donde siempre lo hizo su familia hasta la sexta generación, en El Valle de los Nueve Alto, un recoleto rincón de las medianías teldenses de tierras feraces y agua en abundancia, aunque sea de pasada.

Ubicado en un llano y con reminiscencias históricas de cuando unos cuantos conquistadores se repartieron lo líquido y lo sólido de una tierra que nunca fue de ellos, este trozo de terreno, ahora poblado a ambos márgenes de la carretera, sirvió de hábitat a los Medina y Alejandro que fueron sucediéndose hasta llegar, vía femenina, al encuentro de cinco generaciones, con Mama Lala de principal y supervenerada protagonista.

La matriarca actual, Candelaria García Alejandro, Mamá Lala, casó con Sebastián Medina Navarro y, entre unas cosas y otras, trajeron al mundo doce hijos, ocho de ellos hembras. Tres murieron pronto y uno ya mayor. Sebastián, Papá Chano, trabajó siempre alternando los trabajos agrícolas en una finca, en el barranco de Tundidor, con los cuidados de la casa de máquinas y el pozo allí situado. Nadie sabe lo que pasó este matrimonio para sacar hacia adelante a su numerosa prole, máxime cuando, ya con tres hijas pequeñas, Papá Chano fue llamado a una guerra civil en la que él, como miles de otros tantos, no tenían arte ni parte, excepto el jugarse la vida en los frentes españoles.

La ausencia duró solo un año y la pareja siguió a lo suyo, trabajando para criar a sus hijos y haciendo otros. Los ingresos familiares aumentaron con los viajes de Sebastián al mercado y así pudieron salir todos hacia adelante. Los hijos, desde los once años, ayudaban en las más duras tareas, cual fue el caso de Juana Medina García, que se vio desde niña desempeñando labores que hoy entrarían dentro del capítulo de la esclavitud infantil, cosa muy habitual y corriente en todos los niños de aquella época.

Juana casó José Vega Lozano, con el que tuvo dos hijos, un varón y una hembra, José se ganaba la vida en lo que podía y, al parecer, donde más pudo fue en el Mercado Central, aunque siempre retornaba al Valle donde estaban asentados desde siglos los suyos.

Llegamos a la tercera generación y ya, con el cambio de los tiempos, cambian los hábitos de trabajo y la mujer se va incorporando a otras tareas ajenas a las del hogar exclusivamente. La hija de Juana, Juana María Vega, está empleada en una guardería, mientras que su marido, venido de fuera del Valle de los Nueve, Francisco Santana, trabaja en una nave en El Goro.

De aquí saltamos a la cuarta generación, donde aparece la hija de Juana, Davinia Santana Vega, casada con Gustavo Florido, de los Florido del Lomo Magullo, que han traído al mundo a Ahinara Florido Vega.

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