Científicos mexicanos desarrollan un biochip para diagnosticar la tuberculosis

16/02/2010

Científicos de la Universidad Autónoma de México (UNAM) trabajan en una nueva forma de diagnóstico de la tuberculosis basada en la utilización de un biochip que facilitaría "la detección de la enfermedad en poblaciones grandes", dijeron responsables de la investigación.

"De acuerdo con la OMS, la tuberculosis afecta a una de cada tres personas en el mundo. No se le da publicidad porque no tiene remedio; por eso somos tan optimistas con nuestro descubrimiento", declaró a Efe el doctor Víctor Manuel Castaño, director del Centro de Física Aplicada y Tecnología Avanzada de la UNAM.

Junto a Castaño, trabajan en este biochip la bioquímica Luz María López y la ingeniera en materiales Concepción Arenas, todos ellos del Centro de Geociencias de la UNAM, con sede en el estado mexicano de Querétaro, en el centro del país.

Este método pretende combinar la acción de lípidos naturales, que reaccionan ante el bacilo de la tuberculosis cambiando de color, con la de sistemas microelectromecánicos (MEMS), ya presentes en el funcionamiento de los 'airbags' de los coches o las pantallas giratorias de los teléfonos móviles de última generación.

La clave de la utilización de los MEMS reside en la precisión de su velocidad, que reduciría a 15 minutos el tiempo de diagnóstico de la tuberculosis, ahora mismo detectada mediante frotis bucal, un pequeño raspado para extraer una muestra de células del interior de las mejillas.

Uno de los problemas del frotis, explicó Castaño, es que la interpretación de su resultado puede ser "ambigua", e incluso confundir un caso de tuberculosis con otras afecciones, por ejemplo, hepáticas, lo que se corrige con los MEMS.

"A principios del siglo XX sólo los pobres tenían tuberculosis. Ahora puede tocarle a cualquiera", aseguró Castaño, que añadió a Efe que esta enfermedad "es un problema de salud pública", a pesar de "los pocos recursos" que le dedican las farmacéuticas.

Llamar la atención de dicha industria es uno de los objetivos de este equipo de científicos y, según el físico, está empezando a ocurrir, pese a que la mayoría de laboratorios se han olvidado de esta enfermedad respiratoria, y dedican sus recursos a la lucha contra enfermedades como el cáncer, el sida o el reciente virus H1N1 (gripe A).

Según Castaño, cada día 5.000 personas mueren por culpa de la tuberculosis en el mundo, un mal cuyo tratamiento apenas ha evolucionado en los últimos cuarenta años.