La Arista

CC aparca su renovación

20/03/2017

"La candidatura de Barragán revela la debilidad de CC. Hay que ‘dejarse de boberías’ y defender, con uñas y dientes, mantenerse en las instituciones a costa de lo que sea y evitar, con todas las fuerzas, un cambio en el sistema electoral canario que les perjudique2.

La candidatura de José Miguel Barragán para continuar  al frente de la Secretaría General de Coalición Canaria no es una apuesta por la experiencia y de equipo, como nos han querido vender, sino la expresión de un fracaso. Da la impresión de que el partido no ha logrado un acuerdo de amplia base para constituir el poder interno y que la soledad política hace estragos. Se agarran a la única alternativa posible, la de un hombre, con amplia experiencia, pero quemado por el tiempo, por sus propias opciones y por los acontecimientos.  Barragán era el hombre de confianza de Paulino Rivero y ahora lo es del máximo enemigo de éste, Fernando Clavijo.  Barragán es el secretario general que remitió una carta de dimisión a Clavijo en un enfrentamiento disimulado por  la moción de censura en Granadilla y el pacto con los socialistas. Es el hombre que hasta hace dos meses reconocía su cansancio vital en la política y que soñaba con retirarse a Fuerteventura, abrir un restaurante y dedicarse a sus cosas. Es el hombre para todo, el único capaz de hacer sacrificios por el partido, de aceptar estar en una viceconsejería o en una consejería, subir y bajar, entrar o salir, negociar con el PSOE o con el PP, con Casimiro o con Mario Cabrera. Es el hombre todo terreno capaz de dejarse atropellar por los acontecimientos para resucitar de nuevo. Es el mejor que conoce la fontanería y es, posiblemente, el que mejor se adapta al paisaje  ideológico y estratégico de cada uno de los momentos de CC. Ahora toca insularismo y salvar los muebles, aunque los que lo conocen dice que no renuncia a mantener el espíritu nacionalista  y progresista vivo,  el mismo por el que lucha la organización de la que surgió en Fuerteventura.

Su candidatura es la viva imagen de los problemas internos de CC que imposibilitan al partido avanzar y que, más bien, aconseja conservar lo que hay. Son los problemas en Fuerteventura entre los distintos sectores y de éstos con el partido. Es el distanciamiento de Lanzarote de los postulados oficiales de Clavijo y el malestar de David de la Hoz con la hegemonía del Gobierno, y especialmente de la Presidencia y su fontanería. Es la postura de los herreños que apuran cada día más su pacto con CC y no sueltan la cuerda por la que tiran de Clavijo. Es la debilidad de Gran Canaria  falta de apoyos electorales y de cuadros, lo que explica la sentencia de muerte a Fernando Bañolas y la elevación a los altares de Pablo Rodríguez o la inclusión en la candidatura de Barragán de Héctor Suárez y el ascenso de Francis Candil, ambos recién aterrizados procedentes de Nueva Canarias. Y es la desconfianza y los recelos enormes que el núcleo duro de CC en Tenerife, la antigua ATI,  ha suscitado en todos los demás.

La candidatura de Barragán, lejos de suscitar entusiasmo, evoca  una radical falta de voluntad renovadora, la que anuncian que se producirá, solo en el ámbito de las ideas, en el Congreso que celebran este próximo fin de semana para contrarrestar el declive electoral. Dijo el viernes José Miguel Ruano que las caras nuevas no son un sinónimo de renovación, que procuran titulares un día y problemas en un año. Me imagino que no lo dirá por Narvay Quintero, quien amablemente declinó la invitación para ocupar el mismo cargo, el que ahora necesita de la experiencia para afrontar la próxima etapa. Quintero hubiese sido un buen recambio, pero los herreños no son tontos y les ha ido muy bien manteniendo la independencia y colocando en el centro del tablero de CC al joven político arrastraba por la organización y coartaba esa fructífera rebeldía controlada.

Lo cierto y verdad es que han sorprendido las dificultades de CC para encontrar un secretario general en esta nueva etapa que se anunció, a bombo y platillo, como la de la renovación del partido, sobre todo después de continuados batacazos electorales que han puesto en peligro algunos de sus bastiones, como la plaza de un diputado en Madrid. La candidatura de Barragán ha revelado  el estancamiento del proyecto nacionalista, incapaz de  entusiasmar a los canarios con una alternativa que en el pasado se ha declarado absolutamente necesaria y válida para dar peso a Canarias. Ha puesto de manifiesto la falta de liderazgos regionales fuertes, más allá de lo que ya existía que, además, ha quedado reducido a la mitad tras la purga de los que simpatizaron y apoyaron a Paulino Rivero en su contienda con Clavijo. Incluso lo de «liderazgo en equipo» y la innecesaria existencia de líderes en CC, manejado por Barragán en su presentación, no deja de ser una frase hecha que, además, deja mal parado al presidente del Gobierno, al que no me imagino renunciando al liderazgo a favor de un grupo.

 Más bien hay que pensar que la candidatura expresa la resignación de un partido agotado en su estructura de poder, exclusivamente anclada en el Gobierno, y más concretamente en la Presidencia. Barragán, ni en la etapa de Rivero ni en esta, pudo o supo, llevar al partido hacia una identidad independiente de la del Boletín Oficial de Canarias,  una dependencia que, en esta última etapa, se ha acentuado potenciando el poder insular.  Signo inequívoco de que el camino que ha emprendido CC en su vuelta al pasado es la defenestración de José Miguel Ruano como secretario de Organización, y uno de los ideólogos del nacionalismo, defensor de un partido en el que pesara más Canarias que cada una de sus islas, camino contrario al emprendido en esta etapa como expresaba el mismo Barragán en su comparecencia para proclamarse como el hombre de la experiencia renovadora.  

La candidatura de Barragán revela la debilidad de CC. Hay que dejarse de boberías y defender, con uñas y dientes,  mantenerse en las instituciones a costa de lo que sea y evitar, con todas las fuerzas, un cambio en el sistema electoral canario que les perjudique a corto plazo en sus feudos. Para ello la  alianza con el PP es primordial.  Mantener el estatus y la situación actual, atada con alfileres,  requiere del pacto con el PP para el resto de legislatura. No se trata solo de salir de la soledad parlamentaria, sino de conseguir una sólida alianza que frene en Madrid y en Canarias un cambio sustancial de sus privilegios. Nada de experimentos, mejor quedarse como estaban y para eso se necesita experiencia, la que tiene Barragán.