Católicos chilenos

Nunca sabremos cuántos votantes de la socialista Michelle Bachelet el domingo habrían votado a un candidato cristianodemócrato de haber podido, es decir, de no existir el fenómeno que conocemos como la Concertación, pero es un hecho que la socialista de izquierda, agnóstica y divorciada es presidenta porque muchos católicos la han votado disciplinadamente.

ENRIQUE VÁZQUEZ

Técnicamente, este milagro es obra involuntaria del general Pinochet que vio como, tras un triste periodo de tibieza y expectativa, la poderosa democracia cristiana chilena, primer partido del país en largos períodos de su historia, abrazó sin más vacilaciones la causa de la libertad contra la dictadura. Un hombre se distinguió en ese nuevo rumbo, Andrés Zaldívar, ex presidente del Senado y antiguo presidente de la Internacional Cristiano-Demócrata, que con su autoridad moral aseguró, con otros, el giro estratégico.

La Concertación es, pues, una alianza teóricamente contra natura que ha sido capaz de dar a Chile 16 años de continuidad democrática y estabilidad, sin agostar el debate político pero empujando a los cristiano-demócratas al lugar donde parecían estar hace ya muchos años, cuando, sobre todo en Centroamérica (Napoleón Duarte como gran ejemplo) con el apoyo de la Iglesia institucional optaron por la mayoría pobre.

Zaldívar fue derrotado hace cuatro años en las primarias del invento por un tal Ricardo Lagos y después sucedió lo mismo con la victoria de la candidata Bachelet frente a la aspirante de la DC, la también prestigiosa Soledad Alvear, ex ministra de Exteriores. Si ésta última hubiese sido la ganadora, los socialistas en bloque, con seguridad, la habrían votado y con seguridad sería hoy jefa de Estado.

Creada en su día como un mecanismo de consolidación democrática tras el fin por etapas de la dictadura militar pinochetista, la fórmula funcionó tan bien que sus mentores decidieron mantenerla y parece tener buena salud y larga vida por delante. La derecha/derecha, sin los cristianodemócratas (pero con un muy honroso 46 por ciento de votos y un candidato brillante, Sebastián Piñera) lo tiene más difícil sobre estrategias y preparación del porvenir.

Así, pues, ha ganado una socialista y, con ella, su partido, pero también otro gran partido, la DC chilena, que optó por un camino muy transitable en América Latina para un católico conservador: democracia, estabilidad política y financiera y políticas de igualdad. No siempre ha sido así

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