Carmina la Maestra deja las aulas

04/12/2015

De pequeña le decían «Carmina, Carmina, y Carmina me quedé». Para sus numerosos alumnos y compañeros siempre será Carmina la Maestra, que esta semana se jubiló tras 37 años oficiales de carrera docente y tres de sustituciones. Fuera de las aulas, trabajó con Manos Unidas 20 años.

Menos de Tarajalejo para abajo, donde terminaba la carretera asfaltada cuando llegó en 1978 a Fuerteventura, María del Carmen Cerezo Rodríguez (Burgos, 1950) recorrió una gran parte de los colegios de la isla durante los 37 años de docencia «oficiales», como a ella le gusta decir. Esta semana dijo adiós a las aulas, pero no a su labor de 20 años en Manos Unidas y de catequista.


A Carmina la Maestra, como la conocen todos especialmente su larga lista de alumnos, los niños le pusieron un perinquén en la gaveta de su mesa el primer día de clase -un 28 de octubre de 1978-  en el colegio García Blairzy de Gran Tarajal. Creían que venía de Madrid y que así la asustarían. La cerró con tranquilidad y les aclaró que era de Burgos e hija de agricultores, con lo que así se los ganó. Esos padres agricultores se empeñaron en dar carrera a sus seis hijos para que escaparan del despoblamiento que ya empezaba a asolar a Castilla desde su infancia en Olmillos de Sasamón.

Doce grados bajo cero. El primer destino de Carmina fue Gran Canaria, donde durante tres años realizó sustituciones. Llegó con el título bajo el brazo dejando atrás un Burgos a 12 grados bajo cero, «por lo que no  me costó quedar al llegar a Canarias y ver el sol y el estupendo clima».
Tras dar el salto a Fuerteventura en 1978, dio clase en Gran Tarajal, Tetir, Lajares y varios centros de Puerto del Rosario, entre ellos el colegio San José de Calasanz donde desempeñó el cargo de directora durante nueve años, tocándole el problema de los techos de amianto y posterior demolición del centro. Los últimos años de su carrera docente los ha vivido en el CEO Puerto Cabras, donde la despidieron esta semana con un acto emotivo.  

Guindar agua de un pozo. Desde su primer año en Gran Tarajal, conoció a su hoy marido Manuel Hernández Hierro en unas fiestas de la Candelaria, «empezamos a salir y hasta hoy seguimos».


Madre de tres hijos, Carmina solo detecta un cambio en el mundo de la educación desde que comenzó su carrera: la paulatina pérdida de confianza de las familias en los profesores. «Los niños son niños iguales que hace 30 años, pero los padres y también los políticos tienen menos fe en nosotros y es una pena porque deberían volver a confiar en nosotros».


Pone hasta un ejemplo para ilustrarlo. Cuando estuvo destinada en 1979 en la escuela unitaria de Tetir, el agua la sacaban de un pozo que estaba allí mismo. «Y nunca pasó nada».


En lo tocante a la crisis económica y su repercusión en los alumnos, señala que «necesidades económicas siempre han existido en las familias, y siempre el maestro y el centro han estado atentos para ayudar si un niño no venía desayunado o le faltaba un libro».

 

LA PUPILA DE DOÑA PERSE Y PILAR. Doña Perse y Pilar. Carmina siempre tuvo buenos maestros en su pueblo de Burgos. Su mejor recuerdo es para doña Perse y Pilar que «me inculcaron el amor a los niños, por eso toda mi vida he estado trabajando dando clase y ocupándome de los niños».
Manos Unidas. Además de las aulas, durante 20 años fue la representante de Manos Unidas en Fuerteventura, desde 1986 a 2006. Lo dejó por la enfermedad de su madre, aunque ha retomado su labor hace tres años.
Catequesis a padres. También acude a la parroquia de Puerto del Rosario a dar clase desde 1997, con el mismo paréntesis que en Manos Unidas e igualmente retomado.
Vocación y hobby. Carmina termina confirmando lo que su vida demuestra: «mi trabajo es mi hobby». Ahora se dedicará a su casa «que me encanta».