Entrevista

Carmen Negrín: «Traer el archivo a Gran Canaria fue una decisión muy personal»

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La nieta de Juan Negrín López contesta por correo electrónico apenas una semana antes de que el viernes entregue el archivo de su abuelo, el último Jefe de Gobierno de la República, al Cabildo de Gran Canaria. El valioso fondo documental quedará depositado en la nueva sede de la Fundación Juan Negrín, en Las Palmas de Gran Canaria, convertida en centro de investigación sobre el médico y estadista y su tiempo.

—¿Qué sensación tiene ahora que acaba una etapa con la llegada del archivo de su abuelo Juan Negrín López a Gran Canaria? Cuando firmó en 2010 el convenio de cesión del fondo al Cabildo  dijo que era como entregar a un niño.  ¿Cómo se siente?
—Ha sido un largo y complejo proceso mental. En cuanto confirmé el contenido de los documentos que tenía guardados durante tantos años, supe que no me debía quedar con ellos. Pero a medida que me iba familiarizando con ellos (o para ser mas precisa «con algunos de ellos» pues no los he leído todos, ni mucho menos), mas me los iba apropiando. Me imaginaba las reacciones que pudo tener mi abuelo al recibir ciertas cartas o al tener que contestarlas, o simplemente ante ciertas decisiones.
»Coincidían con comentarios oídos en casa que volvían a mi mente al leer estos documentos. En otras palabras, indirectamente estos documentos formaban parte de mi vida familiar.

— Más difícil es entonces la despedida, supongo.
— Sí. Por eso, a medida que iba pasando el tiempo, cumplir con la decisión que me había propuesto, se iba haciendo mas doloroso, pese a que se confirmaba que era necesario. Tuve que esforzarme en dejar de considerarlos como algo propio y pensar en compartirlos. En la medida que este proceso duró muchos años y que empecé al mostrarlos a algunos historiadores, la decisión se fue materializando y yo me fui acostumbrando a la idea de la separación.
»Hoy es algo asumido y espero que tras esta primera y simbólica etapa, vayan saliendo mas informaciones que establezcan la simple verdad a cerca de lo que fue la República, un sistema político con muy nobles aspiraciones para la población española.

— ¿Cuántos pretendientes tuvo el archivo de Juan Negrín? ¿En qué momento y por qué se decide por depositarlos en Gran Canaria?
—No sabría decir cuantos pretendientes tuvo el archivo, pero sé que hubo varios. En una ocasión alguien de Salamanca nos hizo algunas preguntas sobre   un eventual archivo, pero en ese momento no le dimos ni tres segundos de pensamiento: fue un «no» rotundo.  Mi tío también pensó en venderlo a alguna universidad americana; por fortuna, no se llegó a un acuerdo.
»Gran Canaria fue una decisión muy personal: inicialmente, antes de haber ido a Canarias, pensé que la casa familiar de Buenos Aires en Las Palmas, frente al cuartel de donde salió Franco, era el sitio ideal, pero eso no se pudo realizar.
»Positivamente influenciada por el contagioso entusiasmo de los miembros de la Fundación Juan Negrín acepté el magistral substituto a la casa de Buenos Aires, que, como diría José Miguel Pérez cuando me presentó la propuesta: «no será frente al cuartel, sino dentro de un cuartel, la antigua casa de reclutas». ¡Transformar un sitio militar en un lugar de cultura! ¡Menudo símbolo!

—Sabemos que el fondo es enorme, que hay gran variedad de documentos. A su juicio, ¿qué parte es la más valiosa de los papeles  que se han traído a Gran Canaria?
—Pienso que cada parte del archivo tiene un interés específico para los investigadores historiadores. Tal vez la parte financiera es la que mas interesa por la cuestión del mito del llamado oro de Moscú.

—Falta la biblioteca de don Juan, una colección singularmente valiosa desde el punto de vista bibliográfico, que también ofrece gran información sobre el personaje y su época.  ¿Vendrá también a Gran Canaria? ¿Cuándo?
— La biblioteca irá a Gran Canaria, por lo menos una parte importante de ella. Tendremos primero que hacer un inventario y luego una selección representativa. Eso será otra fase mucho mas compleja pues forma parte de mi entorno cotidiano.

—Se ha avanzado mucho en el reconocimiento de su abuelo, ¿cuál es la verdad que falta por decir sobre el último jefe de gobierno de la República?
—Siempre habrán cosas por descubrir, era un hombre excepcional, científico, economista, político, humanista, muy discreto, no hacía las cosas para que se hablaran de ellas o de él, las hacía por convicción, por lo tanto conocerle bien o simplemente saber lo que hizo con exactitud seguirá siendo complicado.
»Me consta que muchos de sus actos de generosidad no aparecerán nunca en ningún archivo, solo se podrán encontrar trazas en correspondencias privadas o en la tradición oral.
»El archivo debe servir para dar ganas de aprender, conocer mas, investigar, comparar, buscar y rebuscar y, sobre todo, reconstruir la verdad, no solo de mi abuelo, sino de la República y de la gente que la sirvió.

—¿Cómo recibió usted el legado? ¿Le habló su abuelo de lo que había que hacer con el archivo? ¿Cómo fue consciente de que en el sótano había ese tesoro? ¿Qué dejó dicho Juan Negrín sobre los documentos?
—El legado me vino de mi tío Juan, el hijo mayor de mi abuelo. Algunos documentos se los llevó y otros, la mayoría, se quedaron en el piso de París. Siempre supe que había documentos importantes, pero no fue hasta hace unos doce años que supe exactamente de qué tipo de documentos se trataban.
»Mi abuelo nunca me habló específicamente de ellos, solo era una niña, pero cuando uno ve con qué cuidado los hizo envolver, trasladar desde España en plena guerra, proteger de los Nazis, de la policía de Pétain, de la policía secreta franquista, uno se da cuenta enseguida de la importancia que les daba.

—Ahora que la Fundación Juan Negrín toma el relevo y el centro de gravedad se sitúa en Gran Canaria, ¿piensa venir con más frecuencia? ¿estará presente en las actividades de la Fundación?
—¡Espero participar lo mas posible a las actividades de la Fundación!