Canarias ‘traga’ el excedente de los productos nacionales

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Canarias se ha convertido con la crisis en el mercado marginal al que los fabricantes nacionales destinan sus excedentes de producción. Estos se generan porque pese a caer el consumo no se reduce la producción sino que se mantienen para tener atados los costes fijos. La mayoría de las ventas se hacen a pérdida, lo que ha sido denunciado por los industriales canarios.  

Canarias se ha convertido en el territorio «residual» o también llamado «marginal» al que destinan los fabricantes nacionales e incluso internacionales el excedente de sus producciones. Como mercado fragmentado y alejado del territorio, los fabricantes nacionales ven en Canarias el destino idóneo en el que colocar su excedente sin contaminar el precio en su mercado natural, que es la Península.
El sobrante se ha generado sobre todo en los años de crisis, dado que los fabricantes lejos de recortar su producción ante la caída del consumo lo han mantenido como forma de rebajar sus costes fijos de producción por unidad, según indican fuentes cercanas. «En un momento de caída del mercado tienen que producir a un nivel similar para lograr reducir el coste fijo unitario, sobre todo el generado por la energía», indican estas fuentes.

En muchos casos la colocación de este excedente se hace con ventas a pérdida, lo que supone que el producto sale al mercado con un precio inferior a su coste de fabricación. Sin embargo, los productores no pierden dinero porque compensan esas ventas con las de la Península.  

Esta práctica, que esta prohibida por las autoridades europeas, ha sido denunciada en diversas ocasiones por los industriales canarios ante la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia (CNMC).   
Sin embargo, el que el importe de las sanciones impuestas sea mínimo anima a los fabricantes a seguir con esta práctica que le aporta más beneficios que prejuicios.

Desde el punto de vista del Archipiélago canario se puede considerar a priori que está venta del excedente a precio reducido es beneficiosa, puesto que el consumidor paga menos por el mismo producto que en la Península. Sin embargo, según los industriales canarios esta práctica no beneficia a Canarias. Las ventas a pérdida hunden los precios y anulan la posibilidad de competir de los productores canarios lo que a la larga puede destruir tejido productivo y con ello, empleo. Además, si caen las ventas de los productores isleños esto conlleva reajuste en los costes, incluidos los laborales.