Camino de inmigrantes

15/10/2006

Este es un trabajo en primera persona, un extrato de un largo viaje que sólo ha querido ser un testimonio de las vivencias de un grupo de cooperantes que ha querido hacer el mismo camino que miles de inmigrantes que buscan una vida mejor: «Después de un proceso intensivo de reflexión, preparación, y trabajo, con mucha ilusión, miedo y coraje, salimos de Ceuta el día 10 de julio por la mañana, Jesús, Rocío, Cristina, Paco y la Hna. Paula. A lo largo de cuarenta días, hemos atravesado Marruecos, el Sáhara Occidental, Mauritania, Senegal, Malí y Costa de Marfil».

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El trabajo que la Asociación "Elin" esta realizando con inmigrantes y refugiados desde hace 7 años, primero en Ceuta y después en la Península, nos ha dado la posibilidad de conocer a través de las personas que llegan a nuestra asociación cual es la realidad de sus países y las causas reales del porque de la inmigración. Ellos nos cuentan como viven estos pueblos y concretamente sus familias, cuanto les cuesta dejar su tierra, su lengua, su cultura y sobre todo sus seres queridos. Nos dicen: ?en África no hay futuro porque el hambre, la guerra y la persecución, cada día están causando la muerte. Sin embargo esta información no nos llega a través de los medios de comunicación. Continuamente la T.V. y la prensa nos intoxican con la continua información de la llegada de cayucos provocando en nosotros la sensación de invasión y el rechazo a que vengan. Pocas veces nos informan de las causas y nos posibilitan la reflexión anta el drama de todas estas personas que armándose de valor y sabiendo que pueden perder la vida se ven empujados y obligados a inmigrar. Esa decisión lleva consigo, un camino desconocido y difícil a veces de años que suponen pasar hambre, sed, miedo, persecución y solo les mantiene la esperanza de un futuro mejor.

Urgidos por todo esto y ante la necesidad de conocer mas de cerca la ruta que ellos hacen y la realidad del pueblo africano, es por lo que proyectamos hacer este viaje en un todo terreno hasta Costa de Marfil, con objeto de atravesar y pisar para "sentir", con toda la fuerza de esa palabra, este continente, y hacer de algún modo el camino de retorno de tantos inmigrantes africanos que han pasado por Ceuta y por nuestra Asociación. Quisimos los del Norte emigrar al Sur. Con ello hemos pretendido distanciarnos del turista rico en busca de sensaciones límites, o del cooperante paternalista que va a salvar a los negritos pobres. Y después de un proceso intensivo de reflexión, preparación, y trabajo, con mucha ilusión, miedo y coraje una representación de la Asociación "Elín", salimos de Ceuta el día 10 de julio por la mañana, Jesús, Rocío, Cristina, Paco y Hna Paula. A lo largo de cuarenta días, hemos atravesado Marruecos, el Sahara Occidental, Mauritania, Senegal, Malí y por ultimo Costa de Marfil.

Por todas estas tierras hemos caminado con un profundo sentimiento de respeto e ignorancia ante un pueblo que, de tanto morir, sabe como ningún otro lo que es la vida. En esta realidad sufriente y gozosa, nos hemos encontrado con algunos de los grupos de inmigrantes en transito hacia Europa, con amigos retornados de Ceuta a Senegal, con familias, con organizaciones africanas y de cooperación y hemos sido testigos privilegiados de la realidad que viven y de su trabajo. Todo esto nos llama fuertemente a dar a conocer con palabras y gestos nuestro testimonio, del porque estas personas cada día arriesgan su vida para salvarla de la muerte lenta que están padeciendo en sus países, como consecuencia de nuestra sociedad de consumo y del sistema neoliberal.

EN RUTA

Nuestra primera parada fue Rabat, (Marruecos) allí, hemos visto como sobreviven cientos de personas de Congo y Costa de Marfil. la mayoría con el estatuto de refugiado, escondidos en lugares inhóspitos insolubles y hacinados donde se turnan para dormir, sometidos continuamente a la presión y al control de la policía que no reconoce su estatuto de refugiado y continuamente les amenaza, les detiene o les lleva a la frontera con Argelia, tanto a hombres como a mujeres y niños, esto porque el gobierno marroquí no reconoce ni respeta sus derechos. Por ello cada día son arrojados a vivir de la caridad, de las sobras de la basura y a mendigar para pagar el alquiler de la cueva en la que se esconden en Rabat Y a pesar de ello, nos acogen, nos sonríen, nos cuentan sus esperanzas y nos piden que no les olvidemos. Creen que la situación puede cambiar y resistirán hasta ese momento porque están seguros que Dios les va a ayudar siempre. Todo el tiempo que estuvimos allí nos acompañó Adama, un joven amigo nuestro, refugiado de Costa de Marfil, perseguido y huido de su país a causa de la guerra civil, atravesó el desierto entre Malí y Argelia, desafiando la sed, el extravío, el pillaje de bandidos y de las fuerzas de seguridad. Llegado a Marruecos, es protagonista de una historia similar a la anterior: Abandonado en el desierto, caminó 500 Km., a pie, hasta llegar de nuevo a Rabat. Pidió al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (UNHCR) su reconocimiento como refugiado. Ya lo tiene, pero el gobierno marroquí no se lo reconoce. Malvive en una casa mal dotada, con otros sesenta refugiados. No pueden trabajar, no pueden comprar apenas alimentos: viven de las sobras de los mismos mercados. Las fuerzas de seguridad los hostigan, nosotros fuimos testigos de una agresión por parte de la policía marroquí cuando estábamos con él. Nos impresiona su coraje y su servicio a los demás. La vida de los subsaharianos en Marruecos hay que seguir denunciándola porque se sigue actuando con la misma impunidad, con la misma inhumanidad que cuando los deportaban al desierto. Son mil formas de genocidio silencioso las que se están ideando, pagadas con nuestro dinero.

Al día siguiente todavía muy afectados por esta situación, tuvimos un encuentro con A.C.N.U.R ellos conocen bien la situación pero no tienen respuestas, aunque el gobierno marroquí les deja trabajar en Rabat, este no reconoce su trabajo ni los derechos del Estatuto de refugiado y por ello no los respeta ni hay una ley marroquí que obligue e Marruecos a respetarlos. En todo momento la respuesta final es del gobierno, por ello en la mayoría de los casos los refugiados son tratados como delincuentes o ignorados. Esta es la misma realidad con la que nos encontramos en Mauritania, Senegal y Costa de Marfil. No existen leyes en estos países que contemplen los derechos de los refugiados reconocidos por la O.N.U. por tanto, estos, los refugiados o solicitantes de asilo, están a merced de la voluntad política de los distintos gobiernos y nadie les pide responsabilidades.

Dejamos Marruecos y nos adentramos en el Sahara, muchos kilómetros de arena, de silencio, de rostros curtidos por el sol, donde percibimos la espera de un pueblo sometido y dividido por las luchas de poder y pertenencia. Nos impresiona la soledad del desierto, sus casas y sus haimas, a uno y otro lado de la carretera que a veces se oculta entre las dunas de arena, todo es silencio. Nos cuesta conseguir información sobre la situación de los inmigrantes y refugiados, le gente nos mira con desconfianza y prefiere no hablar. Sabíamos que entre sus dunas habría escondidos inmigrantes y lo peligroso que sería para ellos ser descubiertos. Por ello no insistimos, les recordamos y nos unimos en silencio, a su búsqueda. Sentimos la necesidad de seguir ahondando en la denuncia de la situación del pueblo saharaui y no olvidar los subsaharianos que murieron en aquel desierto. abandonados por los cuerpos de seguridad marroquíes, pagados por Europa, dinero manchado de sangre y que sigue dándose con la excusa de la cooperación al desarrollo, para reforzar la presión sobre la población que quiere emigrar.
En El Aaiun, antes ciudad de paso para muchas personas que esperaban llegar a España o a Europa a través de Marruecos. Con pena y rabia constatamos que después de los acuerdos políticos entre Europa, España y Marruecos sobre el control y externalización de fronteras, esta ciudad se ha convertido en prisión de inmigrantes y refugiados que son detenidos por la policía marroquí en el mar, hasta que son abandonados a su suerte en la frontera de Mauritania o en el desierto entre Argelia o Malí y cementerio de todos los cuerpos sin vida que el mar devuelve a sus playas, todos ellos, meses antes habían salido de sus países en busca de una vida digna para ellos y sus familias, en busca de la tierra prometida, que Dios quiere para todos.

Seguimos adentrándonos en el desierto dirección Mauritania. El mar y la arena nos hacen disfrutar del relax. Llegamos a Dakhla una ciudad con bastantes restos de la colonización española, después de pasar por continuos controles de policías, que suponían tiempos de espera, de cierta inseguridad y de muchas preguntas, buscamos la iglesia católica, allí dormimos y nos informaron de que había un grupo de inmigrantes detenidos en un polideportivo. Nos acercamos al lugar, desde la calle vimos algunos subidos en la tapia, nos pidieron ayuda, en sus rostros pudimos leer todo lo que las palabras no alcanzaban a expresar: hambre, cansancio, preocupación, abandono, resistencia y sobre todo dignidad, nos dijeron que eran mas de 80 y que llevaban mas de 20 días esperando a ser repatriados a Senegal, viviendo a la intemperie y comiendo una vez al día pan y agua, que 8 habían muerto en el mar y 4 en el hospital, antes que nos diéramos cuenta teníamos a la policía detrás y ante el miedo a tener que pasar un control mas o una retención policial nos despedimos, sus palabras fueron ?gracias no nos olvidéis, ayudarnos a llegar a España?

Impresionados por la situación vivida y abatidos por la impotencia nos dirigimos a Mauritania. Después de pasar el control de Marruecos nos encontramos ante un desierto de tres kilómetros minado y sin ruta a seguir porque es terreno de conflicto entre Marruecos el Frente Polisario y Mauritania. A pocos metros nos encontramos con 7 marineros subsaharianos, que habían venido en un barco español hundido en el mar por el dueño, para cobrar el seguro y este les había dejado tirados en Marruecos. Marruecos no los quiso acoger les llevó a tierra de nadie para que Mauritania se hiciera cargo, pero hasta ese momento ninguno de los dos país los aceptaba, llevaban 20 días en aquel desierto minado, dependiendo de alguna ayuda que les prestaban Médicos del Mundo y el Padre Jerome, estuvimos un rato con ellos les dimos agua, la comida que llevábamos y algo de dinero, y con miedo y gran dificultad reanudamos la marcha, atravesamos los 3 kilómetros de desierto hasta encontrar la frontera con Mauritania.
Proseguimos hasta NOUADHIBU (Mauritania) un lugar a descubrir poco a poco, donde se mezclan los animales, con la basura, y multitud de pequeños negocios y gente de muy diverso origen. Aquí entre tanta pobreza es difícil diferenciar un inmigrante de un mauritano. Nos dirigimos a la misión católica, nos acoge el padre Jerome, él es quien mas conoce de la inmigración allí, nos pone en relación con las diferentes comunidades de extranjeros que en la ciudad están más o menos establecidos como: Malí, Ghana, Gambia, Guinea Conakry. etc Todos coinciden en decirnos que no era fácil la vida allí, pero que en sus países lo tenían mas difícil, no conocen la realidad de los que salen en los cayucos. Puesto que estos siempre están en la clandestinidad debido al control que se vive allí. La presencia del padre Jerome es muy positiva, y es casi la única referencia de apoyo a los emigrantes de allí, aunque al estar sólo en esa tarea sus posibilidades son limitadas.

Nosotros gracias a las conexiones del viaje anterior. Casi en la clandestinidad dentro de la Misión católica, pudimos encontrarnos y dialogamos con representantes de grupos de jóvenes inmigrantes de, Malí, Costa de Marfil y Guinea que esperaban la oportunidad de hacer el viaje en cayuco hacia Canarias. Nos contaron las dificultades que tienen y les informamos de cómo estaba aquí la situación. Sin embargo ellos siguen desafiando el control policial, que provoca la expulsión continua de inmigrantes al desierto, donde muchos mueren de cansancio y hambre. Los fraudes de las mafias que les engañan, cobrándoles el dinero y a veces dejándoles de nuevo en Mauritania, o vendiéndoles la gasolina con agua, provocando que en alta mar se rompa el motor y naufraguen etc. Sin embargo continúan intentándolo, porque lo prefieren a seguir muriendo lentamente en su país.

Todos viven en la clandestinidad, la ciudad aparentemente está en calma y para ellos es más fácil la vida aquí que en Marruecos, ya que éste es un lugar de acogida de inmigrantes desde siempre. Las mujeres inmigrantes y refugiadas son menos, pero lo tienen más difícil, también con ellas nos encontramos, y nos contaron, como son violadas y maltratadas por los militares y la policía. Algunas se ganan la vida en talleres de tintado de telas promovidos por la Misión Católica. Colaboramos comprando algunas y nos comprometimos a buscar salida de venta en España.
Al final de la tarde nos entrevistamos con A.C.N.U.R. Compartimos experiencias y nos informaron de su trabajo diario, especialmente ahora, con los costa marfileños. Según ellos las relaciones con el gobierno se están consolidando, pero todavía no existe una ley de refugiados en el país que posibilite un compromiso de actuación entre ACNUR y el gobierno, en este momento las actuaciones dependen solamente de la buena voluntad de ambos, esto lleva consigo que al igual que en Marruecos no se respeten los derechos de los refugiados, ni el trabajo que ellos están haciendo.
Es Nouakchott la capital de Mauritania, una ciudad desolada, donde muchos pueden vivir en paz, aunque no hayan salido de la miseria. La mayoría de la población es del África negra. Fuimos acogidos por la diócesis y de nuevo constatamos como este pueblo con raíces nómadas intenta seguir acogiendo a la población subsahariana y a la vez colaborar con España en el bloqueo y control de esta ruta hacia Europa. No pudimos encontrarnos con ningún inmigrante en transito porque viven en la clandestinidad. Compartimos muchos momentos e intercambiamos experiencias con la comunidad de religiosos y religiosas que trabajan allí. Las hermanas de la caridad son un ejemplo de la dura realidad de la presencia de la Iglesia en un país islámico, ellas están insertas en un barrio en que no hay emigrantes cristianos; compartiendo con la gente, con los niños, aunque en la distancia, en el silencio muchas veces, siendo ignoradas, a veces rechazadas, teniendo que volcar el deseo de querer a aquellas gentes en la labor humanitaria, algunas trabajan en un centro de niños desnutridos en el afecto a los bebés, manifiestan el testimonio de amar sin pedir nada a cambio. El obispo nos recibió y nos expresó su impotencia ante la situación de injusticia, nos dijo: ?aquí somos extranjeros y si queremos permanecer aquí, nuestro trabajo tiene que ser discreto y de acuerdo con el gobierno, sin embargo somos concientes de las injusticias que este pueblo y toda África está viviendo?. El pueblo africano además de tener hambre, está sometido continuamente a la arbitrariedad de sus gobernantes corruptos y dictatoriales que no respetan los derechos humanos e impunemente encarcelan torturan o matan a quien no se les somete.

Nos despedimos del desierto y después de atravesar una pista llena de baches de 100 kilómetros entramos en Senegal. Todo es distinto, dejamos la arena y entramos en la sabana, todo verde, el color de sus gentes y las expresiones abiertas de sus caras, sus trajes de colores?..África subsahariana nos acoge. Pasamos por Saint Louis con el mar repleto de cayucos, esperando para zarpar al "paraíso". Aparentemente no se ve movimiento de inmigrantes Que difícil es poder conectar con los que quieren salir. Sentimos no tener más contactos y más información de la realidad que viven los inmigrantes que se encuentran en estas dos ciudades, donde se concentra en este momento, el principal movimiento migratorio de personas por el mar.

En Dakar nos estremeció ver tantos vendedores y tan pocos compradores y tantos niños de la lata o de la calle, niños comprados para utilizarles y obligarles a mendigar durante todo el día si quieren dormir bajo techo durante la noche. Son organizaciones que dependen de las mezquitas y se comprometen a educar a los niños pobres o que no tienen familia. Su filosofía es que los niños deben aprender a buscarse la vida, y es así como los preparan. Estremece el corazón verles todo el día deambulando, descalzos, sucios, la mirada triste y el rostro curtido por el sufrimiento, las cicatrices y el abandono al que se ven sometidos. Nadie defiende sus derechos, según las gentes son niños comprados.

Uno de nuestros objetivos en Dakar era encontrarnos con Assane. Fue muy emocionante el encuentro con nuestro querido Assane, recién repatriado desde Ceuta, donde ha estado 9 meses, con el cual hemos compartido muchos momentos de alegría, inseguridad y esperanza. ¡Que de ilusiones frustradas! , en su rostro se reflejaba la alegría de vernos y la frustración del retorno, fue repatriado a Guinea Bissau siendo Senegalés. Nos cuenta como fué obligado por la policía a descender del avión a la fuerza, le golpearon y lastimaron un brazo y la espalda, dice que lo volverá a intentar porque en Senegal no hay futuro y quiere que sus hijos puedan comer e ir al colegio y donde vive no es posible. Pasamos todo el día con él en Dakar, caminando por sus calles y esquivando a los continuos vendedores que se nos acercaban ofreciéndonos de todo lo vendible. Con él llegamos hasta Tambacunda donde nos encontramos con Mussa, el otro retornado de Ceuta, con las emociones del encuentro se mezclaron cantidad de sentimientos de alegría, por el encuentro, rabia por la deportación tan injusta que han sufrido, esperanza por el futuro. Mirando sus rostros de fracaso y cansancio, sentíamos fuertemente las cicatrices de la injusticia en sus caras y la pregunta era ¿Por que a ellos? ¿Que hacer para que esto cambie? Al día siguiente volvimos a encontrarnos, recordamos el pasado y buscamos como enfrentar el futuro, pero la solución no era fácil y seguimos con los interrogantes?.Tenían que volver a sus casas y de nuevo la impotencia. Nos comprometimos a no olvidarles y a buscar con más gente en España alguna solución. Os invitamos a ello.

Continuamos la ruta dirección Malí, después de atravesar una pista de tierra de 200 kilómetros toda llena de baches, un poco cansados, ya de noche llegamos a Bamako, fuimos acogidas para dormir y comer por los Padres Blancos y Las Hermanas del Santo Ángel de la Guarda , con ellos compartimos, momentos muy buenos de comunicación, oración y fiesta y también buena cama y buena comida, fueron dos días muy intensos, Tuvimos encuentros con familias de algunos inmigrantes. Musa, hermano de Brahima, un inmigrante que pasó por Ceuta, nos acompañó todo un día, nos enseño la ciudad y comimos con su familia, disfrutamos mucho y ellos también Teníamos mucho interés en conocer una asociación que acoge y trabaja con los inmigrantes retornados a Bamako desde las fronteras de Ceuta y Melilla, con la ayuda de Mussa pudimos dar con ella, sorprendente, en un rincón de la calle encontramos un grupo de personas haciendo cestos de mimbre. Después de la presentación por ambas partes, pudimos compartir más a fondo, ellos nos contaban como fueron heridos, perseguidos, deportados al desierto, para finalmente ser devueltos por Marruecos a Malí, nuestra impotencia y rabia aumentó cuando algunos nos dijeron que sabían de nuestro trabajo en Ceuta y el de Elena en Marruecos, pero nunca tuvieron la suerte de llegar a nuestra casa, la guardia civil los había devuelto a Marruecos y la policía marroquí a Malí, algunos tenían heridas de bala, uno de ellos había perdido una pierna como consecuencia de ellas, al intentar pasar la alambrada. Todos se resisten a volver derrotados a sus pueblos.

Después pudimos tener un pequeño encuentro con Aminata Traore fue muy interesante escucharla. Esta mujer ha sido ministra en Malí, es la promotora y fundadora de esta Asociación. Intenta con ella dar acogida y acompañamiento a los retornados de Ceuta y Melilla ocupándolos en talleres de artesanía, está creando un mercado artesanal, donde puedan vender lo que hacen y a la vez hacer un proceso con ellos de integración de nuevo en Malí. Ha participado en el foro de Bamako el año pasado, ha escrito varios libros sobre las causas reales de la inmigración africana y ha estado en España. Coincidimos en su pensamiento y en su visión del problema. Su figura se erguía cómo un símbolo de lucha por la dignidad de su pueblo, de los retornados; como punta de lanza en la denuncia libre y valiente ante la poderosa Europa, diciéndole que África vive, que piensa, que busca, que crea nuevas formas para salir adelante y conoce bien la política de muerte y de olvido que quiere ejercer el viejo continente sobre su hermano, más joven ahora, aunque sea cuna silenciada de la humanidad. Nos comprometimos a seguir en contacto y participar en algunas actividades.

Con un poco de miedo, algo cansados y con muchas ganas de ver a Ana Morano nos fuimos acercando a la frontera de Malí con Costa de Marfil, sabíamos que podría ser difícil porque este país esta en guerra y entrábamos por la zona rebelde. Ana salió a nuestro encuentro y después de unas pequeñas negociaciones y la ayuda de Dios, el día 29 de julio después de atravesar un sin fin de controles de militares armados, gracias a nuestra querida Ana que dominaba la situación, llegamos a la ciudad de Bouaké objetivo final de nuestro viaje.

Nos parecía un milagro, nos sentíamos privilegiados y cada vez mas afectados por la pobreza y la guerra de estas tierras. Bouaké una ciudad sitiada, cada vez mas pobre a consecuencia de la guerra. La población sobrevive como puede, sin escuelas, sin trabajo, sin luz sin agua...

Ana, nos introduce rápidamente en su proyecto. Encuentros con mujeres, acondicionamiento de la guardería, de la casa de salud, pintura, electricidad, juego con niños, encuentros con grupos, parroquias organizaciones y familias, algunas de ellas nos acogieron en sus casas y compartieron con nosotros lo mejor que tenían. Experimentar su pobreza fue duro para nosotros, pero mereció la pena porque fuimos enriquecidos por su calidad humana y su Fe.
En el barrio de Broukro en Bouaké además de ser acogidos por algunas familias algunos días en sus casas, también tuvimos varios encuentros con la asociación a la que ellos pertenecen "Amigos por La Paz", esta asociación trabaja, con jóvenes mujeres y niños del barrio e intenta conseguir recursos para potenciar el desarrollo del mismo a través de la construcción de un centro comunitario donde se pueda dar una respuesta educativa y de atención a las carencias sanitarias, educativas, de formación para el empleo y deportivas. Compartimos experiencias de trabajo y posibles vinculaciones y compromisos en este nuevo proyecto.

La Asociación Católica R del Pueblo de Akansakro nos invitó a pasar unos días en su pueblo. Para que conociéramos un proyecto que a través de Ana esta apoyando económicamente Elin. Es un proyecto que está realizando esta asociación para apoyar a un grupo de alumnos que no se pueden pagar la escuela ni el comedor porque sus familias son muy pobres. Su forma de pagar es aportar a la escuela los productos que obtienen de unos huertos que cultivan ellos mismos.

El pueblo muy agradecido por nuestra colaboración nos hizo una acogida al estilo africano. Una representación de los dirigentes ancianos del pueblo, nos dio la bienvenida a través de sus ritos, gestuales, orales teatrales y lúdicos, nos mostraron sus danzas y nos introdujeron en ellas, nos sentíamos inmersos en la cultura africana, disfrutando de sus valores y enriqueciéndonos con las diferencias. Muchos niños y niñas nos acompañaban en todo momento, disfrutamos mucho con sus juegos. Pasamos con ellos 3 días inolvidables. Algunos vecinos nos acogieron en sus casas y todo el pueblo colaboró en la acogida y la comida. Sufren grandes problemas de agua, los pocos pozos que hay tienen la bomba rota, nos pidieron ayuda para arreglarlas.

En esta ciudad al ser zona rebelde y la sede de ellos, se respira continuamente la tensión, entre la situación de guerra que viven y los deseos de conseguir la Paz. El pueblo se siente muy utilizado por los políticos tanto de los representantes del gobierno como por los de las Fuerzas Nuevas ( movimiento rebelde), y sin libertad para expresarse. Nos comentan que no se ven representados por ellos porque lo único que buscan son sus intereses personales. Nos unimos a los deseos de paz de este pueblo y tuvimos dos encuentros pidiendo La Paz en Costa de Marfil, después de realizar algunas actividades en relación a la paz, leímos el comunicado y les entregamos los manifiestos firmados. En ellos participaron las asociaciones, algunos cristianos mujeres y niños.

La iglesia católica tiene una labor muy importante allí, hay un grupo bastante numeroso de católicos y varias comunidades de religiosos, nos acogieron de forma especial los P.P. Redentoristas que trabajan en el barrio de Broukro. Con ellos mantuvimos varios encuentros.

En Abidjan a través de Ana entramos en contacto con A. J. R. (Ayuda de los Jesuitas a Refugiados) estuvimos intercambiando experiencias y de trabajo. Se abrió la posibilidad de una colaboración ya que su proyecto tiene alguna relación con el nuestro.

Disfrutamos mucho con Ana, nos encantó su trabajo y su manera de estar en esta realidad, trabaja con mujeres inmigrantes con niños, la mayoría abandonadas por sus maridos y algunas con problemas de sida.
Llego el final de nuestro caminar con el pueblo africano, con nostalgia y despedidas, muy emotivas el día 20 de madrugada desde Abidjan salimos para España.

LO QUE QUEDA

Esta ha sido una experiencia muy fuerte y muy rica. Sentimos que es Dios quien nos ha acompañado y se nos ha manifiesta en el camino. A lo largo de todo el viaje se han dado cita muchos cuestionamientos, muchos sentimientos, muchas experiencias y sobre todo mucha gente buena, viviendo situaciones limites. Con ella hemos convivido y compartido su lucha por la supervivencia. Cuesta expresar con palabras tantas emociones y tantos gritos que aun resuenan en nuestro corazón. Pero no podemos callarnos ante tanta injusticia y tanta vida machacada por el hambre, la falta de agua, la enfermedad, la guerra y la explotación, donde la mayoría de niños no pueden acceder a la escuela y están desnutridos y enfermos. Nos impresionó de forma extraordinaria la dignidad de este pueblo que en medio de una gran pobreza material vive una gran riqueza de valores de supervivencia y dignidad que hace que la injusticia no les aplaste y sigan buscando La Tierra Prometida.

Esto es algo de lo mucho que hemos vivido. Ahora de nuevo aquí, nuestra responsabilidad es mayor y los cuestionamientos mas fuertes. Sabemos que el pueblo africano desde hace tres siglos esta siendo saqueado, silenciado, y condenado a no tener voz. África esta muy cerca de nosotros para robarles sus riquezas como son: el café, el cacao, los diamantes y minerales, el petróleo, el gas; pero muy lejos paras oír sus gritos de denuncia ante la venta de armas, apoyo a gobiernos corruptos, experimentos de fármacos etc. que cada día producen las guerras el hambre, la enfermedad y la muerte. Son Miles de personas, sobre todo niños, los que mueren cada hora y a pesar de ello, nos extrañamos rechazamos y condenamos a los que tienen el coraje de dejar su tierra y arriesgar sus vidas, en lugar de acogerles y acompañarles en esta búsqueda interminable de una tierra mas digna, no porque no quieran la suya, sino porque no les dejamos ni pueden vivir en ella.

Durante todo el viaje fue muy emotivo y alentador la compañía a través del teléfono de familia, amigos inmigrantes de Ceuta y otras ciudades de España manifestándonos su apoyo y dándonos animo.

Ceuta a 5 de octubre del 2006