tribuna libre

Brecha digital, TLP y Pokémon Go

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La semana pasada tuve ocasión de repetir visita a la Tenerife Lan Party, uno de los eventos tecnológicos más relevantes en el panorama nacional. Durante seis días  2.000 teleperos, nombre con el que se conocen a los asistentes que vienen a jugar y a descargar contenidos a la TLP, se congregan en el Recinto Ferial, además de la ingente cantidad de visitantes que batieron récord este año.
Como les digo, me encontraba en uno de esos escasos momentos en que la vista no se te va a alguna innovación o cosplay curioso, cuando pude echar un vistazo con tranquilidad a la imponente imagen de los jóvenes que pueblan la TLP. Allí estaban absortos en sus pantallas, con la mano puesta en el teclado o en el ratón, los auriculares de colores perfectamente encasquetados y la pinta de haber pisado la ducha solo de raspafilón. En ese momento me vino a la cabeza todo este asunto de la brecha digital.
En general nombramos de esta forma a la diferencia de conocimientos tecnológicos entre los más jóvenes y los más mayores. Ya saben, esa sensación de que se te ha escapado la guagua cuando los ves atrapando un pokémon como posesos, que puede llegar a convertirse en frustración.
Pero la brecha digital, tal y como nos recuerda la Wikipedia, se refiere a más cosas. Ya no solo hablamos de la posibilidad de conectarse a Internet, hablamos también de «las diferencias que hay entre grupos según su capacidad para utilizar las TIC (tecnologías de la información y la comunicación) de forma eficaz, debido a los distintos niveles de alfabetización, carencias, y problemas de accesibilidad a la tecnología».
Así que si usted se atrabanca con la utilización de Snapchat, no le coge el tranquillo a eso de tuitear, no entiende por qué tiene que mover su móvil para ver las fotos 360 del Facebook o pone los ojos en blanco cuando su hijo se desvía para atrapar un pokémon, sea bienvenido al lado oscuro de la brecha digital. Sí, usted, que se consideraba hasta hace poco el tecnólogo de la familia, se quedó en el camino en algún momento de esta escalada mundial hacia la innovación.
Porque la brecha digital se hace cada vez más grande. O más bien se duplica. Ya hemos llegado al momento en el que hay una brecha digital dentro de la brecha digital. Ya no es solo cuestión de que Internet llegue a todas partes y que nos volvamos más o menos frikis con la tecnología. Ahora, además, hay niveles. Entre los que se conectan a la red de redes los hay que saben muchísimo y los que apenas dominan la jerga.
Pongamos el ejemplo de Pokémon Go, ahora que está tan de moda. Mientras menos edad tiene la persona que se descarga la aplicación, menos le cuesta entender el juego. Los más mayores habrán tenido que averiguar qué son los pokémon y qué hay que hacer para que engorden.
A más de una conversación he asistido estos días de forma casual en la que algún progenitor era amonestado por su criatura por no saber quién era Squirtle. Eso sí, mi amiga Loly está contenta porque ha conseguido despegar a su progenie de la pantalla del ordenador y que salgan a la calle. «Ahora además sabrán dónde está el Ayuntamiento», me dice divertida.
Pero cuando pensamos en los pokémon, no pensamos en la brecha digital, pensamos que es una moda y que ya pasará. No nos paramos a pensar en el uso que hacemos del móvil, en la programación que hay detrás, la gamificación, la geolocalización, la hábil estrategia de marketing, ni en la posibilidad de negocio que encierra. Nos limitamos a dejar a los jóvenes con sus cosas y a poner comentarios en las redes sociales, en el mejor de los casos, indignados por la pérdida de valores de la sociedad.
Eso, en cierta forma, puede ser resultado del rechazo que nos provocan las cosas que no conocemos, el miedo a lo desconocido. Y ese es buena parte del origen de la famosa brecha. Otros motivos pueden ser educativos y culturales, los costes de conexión a Internet o el nivel de renta de la población, por nombrar algunos. Pero le queda un largo camino al gobierno español si pretende cumplir con las exigencias de la Comisión Europea de Telecomunicaciones. Para que se hagan una idea, se espera que en el año 2020 el sector TIC suponga un 7,9% del PIB y en 2014 supuso el 3,7%.
Esto quiere decir que nos deberíamos poner las pilas en cuestiones digitales y tecnológicas, tanto las personas como las empresas. No se trata de que nos enganchemos a Pokémon Go, eso es pura anécdota, pero sí se echa en falta un poco más de interés general.
Aprender a utilizar las herramientas en la nube, por ejemplo, y no hablo solo del perfil de Facebook, nos puede ayudar a mejorar la gestión de nuestros archivos. Conocer los formatos de ficheros electrónicos nos permite saber cuándo podemos utilizar software de forma legal. Saber el alcance de nuestras publicaciones disminuirá el riesgo de meter la pata en Internet.
Y en general, servirá para tender puentes y vías de comunicación entre generaciones. No podemos saber qué peligro corren nuestros hijos en las redes, si no sabemos utilizarlas. Prevenir en cuestiones de cyberbulling no deja de ser pura teoría si desconocemos las herramientas. La decisión de limitar el uso del móvil a un adolescente puede no ser una buena práctica si se conocen mejor sus implicaciones. Esa pasión por colgar vídeos en YouTube puede no ser tan mala si se sabe qué fines tienen. Y un largo etcétera.
Ya sé que las novedades asustan, pero en este caso permítanme recurrir a la famosa frase de Einstein: «la mente es como un paracaídas… Sólo funciona si la tenemos abierta». Hay que preguntar a los más jóvenes y que ellos sean nuestros maestros por una vez, debemos dejar que nos cuenten sus descubrimientos y aportar nuestra experiencia, pero siendo receptores de la tecnología y de esta nueva forma de hacer las cosas, no con desgana y con los ojos en blanco. Así estaremos trabajando en eliminar dos brechas, la digital y la generacional.