Bar Ginory, más de medio siglo amañando ‘matrimonios’

Carlos Sixto De Inza Serrano
CARLOS SIXTO DE INZA SERRANO

Pocos pueden resistirse a los encantos de un matrimonio del bar Ginory, a sus bocadillos de pescado, o a sus raciones. Desde que Norberto Ginory abriera el negocio en 1960, la tasca de Naos se ha convertido en una institución. Muchos turistas nada más bajar del avión vienen a deleitarse.  

Decía hace unos días un titular en este mismo periódico que los matrimonios se han pasado de moda. Pues que se lo pregunten a Antonio Ginory Camejo, heredero de la taberna que fundara su padre Norberto Ginory en 1960, que desde entonces viene despachando como churros, raciones de pescado y calamares, (más conocidas como matrimonios), que son las delicias de miles de conejeros y foráneos.

La tasca surgió en pleno Puerto Naos, en la misma casa en que vino al mundo el ilustre César Manrique. Su fundador fue antes que hostelero trapecista circense, parrandero, panadero y ni se sabe cuántas cosas más, según rememora su hijo Antonio, el actual propietario de tan afamado bar.  

«Al comienzo vivíamos en el mismo bar, y en el mismo local había una pequeña salita para juegos de cartas y dominó. Mi padre iba todas las mañanas en bicicleta a comprar samas a la pescadería para hacer las raciones y poco a poco el negocio fue haciéndose popular. Venían trabajadores del puerto, de la fábrica de pescado de La Rocar, y de la del Salao y mis padres les despachaban raciones de carne en salsa, garbanzas, carajacas y pescado. Hasta que un día surgió la idea de acompañar pescado rebozado y calamares, y llamarlo matrimonio».  

La familia de Antonio dormía en lo que hoy es el comedor y a medida que el negocio progresaba el local se fue adaptando a los nuevos tiempos.  

Hoy día, después de medio siglo cumplido en 2010, es uno de los bares más reputados de Lanzarote. A diario se despachan casi un centenar de kilos de corvina, ya sea en raciones, bocadillos o montaditos, y casi otros tantos de calamares, combinados en los archifamosos matrimonios de Ginory.  

La clave del éxito según Antonio «está en el personal, que es gente comprometida con el negocio y trabaja a destajo desde las 6.00 de la mañana, y en haber mantenido la filosofía de mi padre de servir buenas raciones de comida sencilla y casera».  

A desayunar y comer acuden gentes de todas partes de la isla, de toda clase y condición, así como turistas y visitantes. Algunos foráneos disfrutan tanto, que lo primero que hacen nada más bajarse del avión, sin ni siquiera pasar por el hotel a dejar las maletas, es comerse un bocadillo de pescado rebozado de Ginory. Para muchos el mejor bocadillo de pescado del mundo.