Antonio de Orellana: "¿Por qué no hacemos teatro, pero sí jugamos al fútbol?"

08/12/2016
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El autor sevillano afincado hace un mes en la isla Antonio Daniel García Orellana estrena este sábado, en El Almacén, una lectura dramatizada con la compañía teatral actúa.

— Lleva un mes en la isla y está muy solicitado con obras como Ícaro, de la que es autor, que se representará en primavera. Háblenos de la obra, galardonada en el Certamen Nacional de Textos Teatrales Esperpento.

— El teatro es un absorbente de la realidad. Es el arte del cambio y tiene la magia de poder mostrar al público lo que no se explica en ningún sitio. Así que creo que el dramaturgo tiene que ser conocedor de lo que ocurre. Aquí ¿qué pasa? ¿Vienen pateras? ¿Cómo reaccionar a eso? Ícaro retoma el mito clásico del joven que quiso volar tan alto que el sol derritió sus alas. En este mimodrama, se trasborda el mito a la realidad actual e Ícaro es un joven limpiabotas marroquí que quiere ir a España de manera clandestina, pero al negociar con el mafioso que le ayudará paga un precio muy alto.

— ¿Qué traslada en sus talleres en Lanzarote, con mucha afición pero pocos profesionales de la escena?

— Parto de la base de que si a alguien le das vino bueno, se acostumbra, pero, si se lo das malo, es muy difícil después educar el paladar. Este ejemplo se puede aplicar al teatro infantil. A los niños, generalmente, se les da un sobrante del teatro y no se crea afición. A los alumnos de la Escuela de Arte Pancho Lasso, donde he impartido varios talleres, les mostré al joven actor de 20 años que interpreta Ícaro. Hay que hacer ver a los estudiantes de Artes Escénicas que el mercado laboral les está esperando. ¿Tú pintas? ¿Tú eres escenógrafo, intérprete, director, figurinista? El problema es que los chicos no conocen sus competencias. Bueno, y que hay que luchar contra los prejuicios contra el oficio de los cómicos desde el Siglo de Oro, contra la programación basura de la televisión o contra los consejos paternos en casa para que se elija otra profesión.

— ¿Qué le atrae de Lanzarote? Como profesional es posible que haya menos oportunidades que en su Sevilla natal.

— En Sevilla, como en las grandes ciudades, hay más puertas abiertas y más puertas cerradas. Lo que padezco en el sur de la Península es que mi parte creadora no está canalizada. Allí suele ser todo muy atávico, las subvenciones son siempre para los mismos. Lo que se puede hacer en Lanzarote es que el teatro no busque solo fama, el teatro no es el arte del exhibicionismo, sino de la presencia. Aquí encuentro gente que requiere lo que yo sé hacer. Para bien o para mal, soy un creador y llevaba diez años hibernando como autor, aunque he estado estudiando el máster o el doctorado, aguantando como un junco las ventoleras de las crisis.

— ¿Cómo ve el teatro local?

— Aquí, como en todas partes, tendría que ser más corriente hablar de  teatro, que parece que hay que convencer a la gente para que vaya. Sin embargo, hay mucho arraigo, con compañías como Actúa o la del TEA, y grupos de aficionados, como Raíces, Comi-K o el de Máguez, compuesto por veinte mujeres que deciden desde la escenografía hasta los papeles masculinos. Es el hecho teatral local, pero lo local bebe de lo universal. Y también he vivido los aplausos del público cuando un nuevo actor entra en escena, una costumbre preciosa de muchos pueblos, es una hermosa bienvenida.

— ¿Qué le parece El Almacén, destinado a centro de innovación cultural?

— Magnífico, siempre que no termine siendo un gremio cristalizado que se mire el ombligo. En Latinoamérica se critica a Europa por su dependencia a mamá subvención. Allí, el teatro es una experiencia viva. ¿No quedamos los fines de semana para jugar al fútbol? Pues ¿por qué no hacemos teatro con ingenio?

— ¿En qué trabaja ahora?

— Dirijo en La vida y sus historias  al grupo de Dévora Ventura y este sábado a las 21.00 horas, estrenamos con Actúa en El Almacén una lectura dramatizada, organizada por la Sociedad General de Autores y el Cabildo, de la pieza La vida de los salmones, de Itziar Pascual, XVI Premio SGAE de Teatro Infantil 2015.