Años de ideas utópicas y cortinas de humo

Victoriano Suárez Álamo
VICTORIANO SUÁREZ ÁLAMO

¿Canarias ha progresado en cultura o ha retrocedido en estos últimos cuatro años? ¿La gestión de las principales instituciones del Archipiélago ha sido productiva? Sin duda, la crisis económica lo ha determinado todo. ¿Pero no ha existido también crisis de ideas y de gestión?

Antes de comenzar, una explicación. En este artículo echará en falta las opiniones y valoraciones de artistas y profesionales vinculados al mundo cultural en las Islas. Se debe a que todos, en mayor o menor medida, subsisten gracias a las subvenciones y los espacios públicos. En privado, todos hablan, reflexionan y critican. En público... silencio.

El único plan cultural a corto y medio plazo que ha nacido en esta legislatura ha sido el Septenio, puesto en marcha por parte del Gobierno de Canarias y que culminará en 2014. Nació en 2008 y tres años después, ya es un fiasco. Nació, según sus bases, para que la ciencia y la cultura del Archipiélago lograran un «lugar destacado en el plano internacional». Se ha convertido en una plataforma ideal para que buena parte de los artistas canarios viajen por medio planeta con los gastos pagados con dinero público. Lo mismo sucede con el Espacio Canarias, abierto por el Gobierno regional en Madrid y que tiene una relevancia insignificante en la capital. Es un punto de encuentro carísimo de canarios para canarios.

El escaso rendimiento de la política exterior cultural es un reflejo de la pobreza interior. Ante la crisis económica, tres son las ideas que han imperado. Tirar para adelante, mantener, o casi, lo que ya existía e intentar dejar una huella, vistosa, aunque inútil. La segunda, que la cantidad oculte el descenso en la calidad. Y la tercera, eliminar las barreras entre lo profesional y lo amateur a la hora de programar, apartado en el que el populismo y el nacionalismo rancio han imperado.

Estos cuatro años no han dejado muchos cadáveres, aunque sí bastantes moribundos. Dijeron adiós, entre otros, el Festivalito de La Palma, el Costa Música, una edición del Eólica y del Festival de Teatro y Danza de la capital grancanaria, los circuitos escénicos y artísticos de Gran Canaria, el Festival Aguaviva y el Fuertemúsica. Entre la vida y la muerte, están, por ejemplo, el Gran Canaria Espacio Digital, los museos insulares y casi todos los centros de arte , el Centro de Artes Plásticas, la red de bibliotecas públicas, los conservatorios y las escuelas de música. Los otros dos principios han disparado las cortinas de humo. Bajo el lema llevar la cultura a otros espacios y abrirse a nuevos públicos, se camuflaron aficionados como profesionales y se realizaron un sinfín de actividades de relleno, con el único fin de engordar las cifras de actividades.

Esto, entre otras razones, ayudó a que la industria cultural de las Islas perdiera 4.500 puestos de trabajo. El cambio de registro es tal que hasta se venden talleres y cursos como exposiciones o se abren los nuevos centros de cultura a clases de cocina.