Fútbol

Álamo lamenta la "obsesión competitiva" en el fútbol base

«En el fútbol base sólo importa ganar o perder». Así resume José Miguel Álamo, consejero de Política Social del Cabildo y doctor en Educación Física, su visión cualificada sobre la dureza en los terrenos de juego, sobre todo en edades infantiles en las que «la obsesión competitiva llega a un estado de tensión que desemboca en violencia», dijo.

Álamo se mostró triste porque se haya «dado una nueva noticia de violencia en el fútbol base –refiriéndose a la agresión que sufrió un niño de 10 años en un partido de alevines– porque, además soy padre de un niño de ocho años que juega al fútbol», dijo. «En el fútbol base se está adoptando un modelo de fútbol profesional con un exceso de presión en el que sólo importa el resultado. El deporte en sí no es educativo y lo que lo hace educativo es el contexto en el que practica y eso es trabajo de los mayores», reflexionó.

Para el doctor en Educación Física, hay un problema de raíz que es la «obsesión competitiva». Los niños de esas edades están en edad de formación y «debemos preguntarnos cómo es posible que a los 6, 7, y 8 años, las escuelas de fútbol están llenas de chiquillos y cuando se llega a categorías juveniles, no hay jugadores para rellenar los equipos», señaló. «Los niños, a partir de 12 o 13 años dejan de practicar deporte y no es sólo porque están en la adolescencia, sino puede ser que estamos haciendo algo mal y no motivamos al menor. Éste es el principal reto que tiene que plantearse el deporte base», exclamó.

Uno de los planteamientos más interesantes que realizó José Miguel Álamo sobre la violencia en el deporte de base lo fundamentó en la falta de un modelo basado en valores y hábitos saludables: «Sólo establecemos modelos de competición sin enseñar a los niños a competir. Entrenadores y padres utilizan la unidad de medida del ganar o perder y esto debería ser lo menos importante en estas edades», relató. Se trata de un problema «estructural a nivel general» y el hecho de que un padre ponga a su hijo a practicar deporte «no significa que se le esté dando una educación. Se habla de labor social porque los ponen a entrenar pero, ¿realmente esa labor es educativa? ¿De qué me sirve que mi hijo vaya ahora con ocho años si a los 15 ya estará aburrido por la presión que le han impuesto?», se preguntó.

Este especialista en educación y formación apostó por cambiar el modelo competitivo actual: «No estoy en contra de la competición, pero no considero nada educativo creer que los niños con 8 o 10 años van a ser grandes jugadores. Para llegar a ser un Messi o Ronaldo se requieren, al menos, 10.000 horas de trabajo y no se pueden adelantar las fases de progreso deportivo y creer los críos son profesionales en potencia. Esto está escrito en el currículum de Educación Física de Primaria y Secundaria. Mientras el niño aprende actitudes y valores, cuando llega a la escuela de fútbol por la tarde se transforma el modelo a uno meramente competitivo», argumenta.

Frases como «son cosas del fútbol» normalizan actitudes agresivas en un terreno de juego, según Álamo, quien considera que todos los actores protagonistas como lo son federaciones, clubes y familias, tienen que «tomar conciencia» y ser «más autocríticos». «¿Crees que un niño es feliz si le meten 14 goles en un partido? ¿Irá motivado el próximo fin de semana? Deberíamos cambiar la pregunta ¿ganaron? a ¿te lo pasaste bien? Quitarle trascendencia al resultado porque puede generar y desembocar en estos casos de violencia».

Punto de inflexión.

«Es momento para reflexionar, seguir pensando y seguir mejorando la práctica del fútbol en edades tempranas», solicita Álamo. «La gente del fútbol no debe sentirse atacada sino ver este momento como una oportunidad de mejorar y conseguir que este deporte sea más educativo. Es un reto importante y bonito que hay que plantearse. Propondría acciones como eliminar los marcadores y valorar sólo si el niño va aprendiendo hábitos saludables y fomentando el compañerismo. El deporte base no se puede convertir en un problema más de la vida de las personas», ahondó.

En cuanto a la sanción que se le impondrá al futbolista alevín del Unión Viera, José Miguel Álamo considera que «tiene que haber una sanción federativa y otra interna desde el club, pero no para ridiculizar al niño, sino que sea educativa. La sanción tiene que estar presente, es un medio para que el niño aprenda, pero no tendrá incidencia si no se corrige su comportamiento y el menor reconozca que se ha equivocado», detalló.