Akhenatón, un faraón politeísta que sólo persiguió al "advenedizo" Amón

23/11/2016
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Frente a la idea extendida de que el faraón Akhenatón impuso el culto a un único dios, el exconservador del Museo Egipcio de Berlín Rolf Krauss defiende que el esposo de Nefertiti era politeísta y sólo persiguió a Amón, una deidad "advenediza" que había eclipsado a Atón, el dios solar.

Rolf Krauss, vinculado hasta su jubilación en 2007 al Museo que alberga el célebre busto de Nefertiti, expone sus tesis sobre Akhenatón en una entrevista a EFE con motivo de su estancia en Tenerife, en donde impartió una conferencia sobre la "Religión y arte de Amarna" en la Universidad de La Laguna (ULL).

Krauss, acompañado en la entrevista por el profesor titular de Egiptología de la ULL Miguel Ángel Molinero y por el arqueoastrónomo del Instituto de Astrofísica de Canarias Juan Antonio Belmonte, asevera que aunque hay muchos egiptólogos convencidos del monoteísmo del periodo de Amarna él tiene serias razones para defender lo contrario.

"Quizás en una o dos generaciones esto quedará claro", precisa el egiptólogo, quien bromea al respecto al afirmar que no defiende su postura "de una manera agresiva".

En Amarna, explica, hay pruebas del culto a un segundo dios -aparte de Atón- como era Shu, el hijo del Sol y cuyas funciones encarnaba el rey ante sus súbditos, y hay documentos que prueban que como tal lo veneraban.

La segunda razón, prosigue Rolf Krauss, es que aunque hay investigadores que afirman que Akhenatón hizo borrar de forma sistemática la palabra "dioses", hay textos en los que se conserva y sólo se borró en el frecuente título "Amón, rey de los dioses".

Argumenta el egiptólogo que se eliminó en este caso porque en el reinado de Akhenatón se consideraba que el rey de los dioses sólo podía ser el sol, Atón, no Amón.

Juan Antonio Belmonte reacciona con sorpresa al enterarse de que sólo se ha borrado la alusión a Amón y no a Re en los nombres compuestos y pregunta si hubo razones económicas o políticas para esta persecución, lo que Krauss niega, pues cree que el rey tenía el control sobre la organización de los templos.

"¿Entonces por qué la idea extendida de que Akhenatón fue el primer gobernante monoteísta de la historia?". Y replica Krauss: "no soy responsable de los errores de mis colegas".

Realmente no se sabe el porqué de esta persecución a Amón en el reinado de Akhenatón pero el egiptólogo alemán plantea que con el tiempo este dios, un "recién llegado" hacía siete siglos en el panteón egipcio, llegó a convertirse en el más importante, casi el único.

Probablemente Akhenatón quisiese restituir la prioridad del dios solar a través de la veneración a su disco, Atón, pues el culto al astro era más antiguo que el de Amón pero éste la había "eclipsado".

No obstante, no hay textos que avalen esta interpretación, con excepción de los "Himnos a Atón" del periodo de Amarna. Pero estos constituyen una innovación, enfatiza Miguel Ángel Molinero.

Respecto al busto de Nefertiti, asegura el exconservador del Museo Egipcio de Berlín que el Gobierno de Egipto nunca ha reclamado su devolución al país, aunque sí ha habido declaraciones a este respecto de algún director del Servicio de Antigüedades, pero en este asunto prevalecen las buenas relaciones entre los ejecutivos egipcio y germano.

Nefertiti siempre ha estado en el centro de atención desde que el busto salió a la luz en 1924, casi 12 años después de su descubrimiento, rememora Krauss, quien alude a la controversia suscitada hace 25 años cuando un oficial del Ejército alemán dijo que había participado en su traslado fuera de Berlín para esconderlo durante la Segunda Guerra Mundial y que entonces fue intercambiado por una copia.

"Era evidentemente un impostor con contradicciones en su historia", señala Krauss, quien indica que posteriormente un periodista suizo, aparentemente decepcionado por el busto, dijo que la efigie era un trabajo moderno encargado por el egiptólogo alemán Ludwig Borchardt, quien lideró la excavación en Amarna en 1912 y que quizás querría tener un ideal del rostro de la reina.

Rolf Krauss afirma que todas las fuentes históricas avalan que el busto es auténtico, aunque el exconservador sí cuestiona la autenticidad de la estela de Amarna conservada en el Museo Egipcio de El Cairo y que correspondió a Egipto en el reparto de piezas tras la campaña en que se descubrió la famosa efigie de la reina.