Admite que se acostó varias veces con su hija de 12 años

ANTONIO F. DE LA GÁNDARA

El boliviano residente en Las Palmas Wilber P.C., de 35 años, admitió ayer ante la Audiencial de Las Palmas que en el verano de 2007 toqueteó a su hija de 12 años y se acostó con ella varias veces. Dijo que la niña consentía, pero ésta lo negó. «Me lo hizo a la fuerza», afirmó la menor.

El fiscal Pedro Gimeno solicitó ayer ante la Sección Primera de la Audiencia una condena global de 23 años para el boliviano Wilber P.C., al que acusa como autor de un delito continuado de violación y otro de abuso sexual, ambos supuestamente consumados sobre la persona de su hija, de doce años en la época a la que alude la acusación.

El procesado, actualmente en prisión provisional, se presentó ante la sala con gesto contrito y reconoció los hechos que le imputan las acusaciones, pero con matices. Respecto a los tocamientos a los que sometió a su hija, dijo que eran «revisiones» para ver «si hacía algo fuera de casa», y en referencia a las dos ocasiones en las que penetró con su pene a la niña se limitó a admitir que lo había hecho, pero negó que ella se resistiera o que él empleara violencia. «Ella no decía nada, no se resistía», aseveró.

Esta versión de los hechos fue desmentida por la víctima, que detrás de un biombo reconoció no sin esfuerzo que su padre la había penetrado vaginal mente al menos dos veces y que ella lloraba mientras él lo hacía e intentaba cerrar las piernas, pero sin éxito por la brutal descompensación de fuerzas. «Yo le decía que estuviera quieto, que parara, pero él seguía y no decía nada», rememoró la pequeña, «eso pasó dos veces», agregó.

Paso a paso

El fiscal y la acusación particular, personada en la causa en nombre de la madre de la niña y dirigida por el abogado Carlos Ruano, entienden probado que durante el verano de 2007 Wilber toqueteaba el exterior de los órganos genitales de su hija día sí y día no en el domicilio familiar de la capital grancanaria, aprovechando los momentos en los que se encontraba a solas con la niña.

Ya en septiembre, el acusado se aventuró a más y llegó a meterle a la niña uno de sus dedos en la vagina, haciendo caso omiso de los ruegos de ésta para que no le hiciera eso. Entre septiembre y octubre se la llevó a la cama, se masturbó e intentó penetrar a la niña aunque no lo consiguió por los fuertes dolores que le producía a la pequeña la desproporción de tamaños, y en diciembre, siempre según el fiscal, venció toda resistencia de la niña y el día 26 la penetró hasta tres veces en dos horas. «Me desperté y estaba metido en mi cama», recordó la menor.

Tan duro como el relato de la niña fue el de su madre, que descubrió lo que se cocía en su casa porque encontró restos de sangre de la niña y fue indagando hasta que se encontró su pantalón de chandal muy manchado. «Como ese mes ya le había venido la regla, le pregunté qué le pasaba, porque ya la notaba rara», expuso la mujer, «y no me quiso decir nada hasta que le dije, si tu padre te lo está haciendo agacha la cabeza, y ella la agachó», expuso. Ese mismo día la mujer llamó a la policía, que detuvo de inmediato al agresor.

El abogado del acusado refrenda la tesis de que hubo consentimiento y pide una condena atenuada por abusos en lugar de por agresión sexual.

«Con los dedos la preparaba»

Paulatino. Las forenses echaron por tierra la teoría de que el acusado toqueteaba la vagina de su hija para «revisarla». «Fue penetrándola poco a poco», expuso la médico Luisa García Cohen, «las penetraciones digitales buscaban la posterior penetración del pene».

Lesiones antiguas. García Cihen expuso que cuando exploró a la niña le encontró varias «escotaduras» o desgarros en la vagina que evidenciaban «maniobras dactilares» continuadas en el tiempo, algunas más antiguas que otras. Aseguró que la niña presentaba un cuadro de haber sufrido abusos sexuales «de libro». Apuntó que tenía el himen «no íntegro».

Relato creíble. Por su parte, las psicólogas forenses Lourdes López y Eva Bajo apuntaron que el relato de la niña era «detallado, coherente, sincero y no fabulado, sin duda», y explicaron que la progresión de tocamientos dactilares a penetración es «habitual» en este tipo de casos.

«Lo peor, que fue papá». Durante su interrogatorio, la menor admitió que le daba pena que su padre fuera a la cárcel, y a preguntas del magistrado Carlos Vielba admitió que lo que más le mortificaba de todo no era el dolor físico, sino que todo aquello se lo hubiera ocasionado su padre.

«Arrepentido». Wilber P.C. hizo uso de la última palabra para manifestarse «muy arrepentido» y no supo explicar su acción: «Pasó lo que pasó», dijo con un hilo de voz.

Condenado por maltrato

Durante la declaración de la esposa del acusado quedó acreditado que en mayo de 2008 éste fue condenado a seis meses de prisión por el Juzgado de Violencia sobre la Mujer número 2 de Las Palmas como autor de un delito de maltrato en el ámbito familiar. Su mujer explicó que había sido por pegarle a ella, ante de que se descubriera la que estaba haciendo con su hija de 12 años.

Piden su expulsión de España

Además de las condenas penales, el fiscal solicita que se retire al acusado la patria potestad sobre su hija durante un total de 12 años, que se le prohiba acercarse a ella durante seis años y que desde que cumpla las tres cuartas partes de su condena o acceda al tercera grado se le expulse del territorio español, archivando cualquier proceso abierto para permitir su estancia en el país.