San Bartolomé de Tirajana

Adiós al coloso de Pilancones

01/02/2008
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El coloso, el padre, el legendario Pino de Pilancones dejó de mantenerse en pie en la noche del 29 al 30 de enero. Su añeja figura, que llegó a medir 47 metros de altura, 8,40 metros de perímetro y 2,60 de diámetro, ya no da sombra. Verlo rendido con su alta copa destrozada por el suelo indigna. No fue el viento, sino años de olvido.

Ayer no fue nadie a visitarlo. Ni un solo político se acercó para despedirlo. Ninguna mano, salvo la de los agentes de Medio Ambiente, acarició su rústica corteza. El Pino Pilancones, el «escudo» de Gran Canaria, como lo denominaban algunos, yace tendido y con sus pesadas y enormes ramas hechas añicos y esparcidas en un radio de más de cien metros.

Su robusto y centenario tronco se astilló y partió ayudado por el voraz incendio que durante el pasado verano calcinó media isla. Por el mismo hueco que antaño hicieron para aprovechar su brea entraron las llamas que quemaron su sufrido corazón.

Llevaba en esa condición de árbol herido más de siete meses. Sin embargo, en ningún momento hubo proyecto o actuación concreta para salvarlo. Dejaron que su debilidad avanzara, que su vida se fuera apagando en medio del olvido más absoluto.

Sólo hizo falta una ráfaga de viento, un poco más intensa que de costumbre, para que su enferma y endeble estructura se partiera y su cuerpo golpeara contra el suelo. Ocurrió en la noche del 29 al 30 de enero en la más absoluta soledad.

Sentido

El primer agente de Medio Ambiente que tomó conocimiento del trágico final lo fue comunicando al conjunto de profesionales que se desempeñan en la comarca. Los que ya estaban en casa, lo dejaron todo para volver deprisa hasta el escenario de los hechos. Con dolor y rabia contenida observaron cómo el olvido, la desidia y el desinterés se había llevado por delante 400 años de historia.

En las condiciones en las que se encontraba el tronco, con ese enorme hueco producto de las extracciones de resina y los efectos del incendio del año pasado en su interior, en ningún momento parece que a nadie se lo ocurrió plantear una fórmula de salvación.

La impresión que tienen algunos es que todos, o casi todos, esperaban un milagro, que el árbol se regenerara, que su savia consiguiera sobreponerse al deterioro sufrido y que así continuara en pie durante otros muchos años.

Ahora, afirman, es tarde para lamentarse. Lo que no se hizo, ya no se puede hacer, y lo único que queda por hacer es esperar que esto sirva de ejemplo para que no ocurra lo mismo con otros ejemplares centenarios.

A modo de propuesta tardía, ya sin ningún tipo de viabilidad, amigos de la naturaleza y senderistas opinan que Medio Ambiente del Gobierno de Canarias o bien el propio Cabildo de Gran Canaria tendrían que haber contratado a algunas de las empresas especializadas en salvar especies legendarias, con el objeto de que estudiara la posibilidad de crear una coraza de cemento o anclajes de hierro para ayudarlo a que se mantuviera en pie.

Nada de eso se hizo. Nadie tampoco lo planteó públicamente, y ningún experto, ecologista o amante de la naturaleza se preocupó por denunciar la situación en la que se encontraba el coloso, el padre y legendario Pino de Pilancones. Ahora es tarde para lamentarse.

Al lugar se puede ir sólo a pie

En las próximos días serán muchos los canarios que querrán acercarse hasta el lugar donde yace el Pino de Pilancones. El camino sólo se puede realizar a pie. La distancia desde Cruz Grande es de 8 kilómetros por pistas con subidas especialmente duras, por lo que sería necesario que los interesados primero se informaran con profesionales.

Los turistas lamentan la pérdida

Los pocos senderistas que ayer realizaron la ruta de Pilancones se manifestaron absolutamente sorprendidos por la desaparición del centenario pino. Anne y Marc no podían creer lo que veían sus ojos: «¿Esto cuándo ocurrió?», fue la primera pregunta de los turistas alemanes al redactor y cámara de CANARIAS7. Miraron, se lamentaron y siguieron su camino.