Abel también enseña sobre su ceguera

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Con ceguera total desde que nació, Abel Hernández es un ejemplo de superación y lucha. A sus 40 años, es licenciado en Administración y Dirección de Empresas por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y actualmente es profesor de Administración y Finanzas en Formación Profesional (FP).

Desde pequeño luchó para normalizar su vida y forjarse un buen futuro. Pese a que hoy es licenciado y docente, en su trayectoria se ha encontrado con grandes escollos, y algunos de ellos hoy perduran: "Queda mucho por recorrer. La imagen que se tiene de nosotros es la del ciego es en un rincón vendiendo cupones. Hay muy poco conocimiento sobre nosotros, una gran falta de cultura", manifestó este jueves en las Jornadas de Discapacidad organizadas por la ULPGC y la ONCE, donde contó su historia personal.

En sus primeros pasos universitarios, Hernández reconoció que se cuestionaba si sería capaz de graduarse, pero en cinco años lo logró. "Había muchos profesores que no entendían por qué un ciego estudiaba y no nos facilitaban las cosas, pero gracias al apoyo de otros compañeros, lo conseguí y desde entonces he trabajado en varios proyectos  de Administración, aunque he estado mucho tiempo en el paro", dijo. Con respecto a las posibilidades laborales, relata que en  ocasiones ha sentido rechazo por su discapacidad: "aunque no veo la cara, noto que su expresión cambia".

Siempre acompañado por su perro guía, asegura que es capaz de hacer una vida normal, aunque "con estrategias distintas". Por ejemplo, las cuatro asignaturas que imparte en el IES Mesa y López  las desarrolla  mediante un ordenador conectado a un proyector, algo que, según él, hace que las clases sean como cualquier otra. Pero la clave de sus lecciones está en la enseñanza "de inclusión social": además de los contenidos pertinentes de cada materia, "dejo a mis alumnos que me pregunten sobre mi ceguera o sobre mi perro para que conozcan más sobre nosotros. Es una herramienta para luchar por nuestra integración, que sólo funciona si las personas están sensibilizadas", asegura. Asimismo, relata que sus alumnos se sorprenden si los manda a callar por su nombre o si tienen  el móvil en la mano.

Cuando finalice su contrato, le gustaría opositar, algo que le han denegado en numerosas ocasiones por su discapacidad, aunque espera que "allá por 2018 la cosa cambie".