A propósito de Lola

05/02/2015
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Tu nivel más alto de ignorancia es cuando rechazas algo de lo cual no sabes nada» (Wayne Dyer)

"Me llamo Lola, tengo 16 años y soy una chica transexual". Con esta rotunda frase  rompía el silencio esta adolescente canaria en la rueda de prensa en la que se presentaba, hace unos días,  su candidatura como aspirante a Reina del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. Acto seguido, el titular Primera menor transexual candidata a Reina del Carnaval se hizo eco en los medios de comunicación hasta la saciedad. En tan sólo unos días, han reclamado su presencia periódicos, revistas, emisoras de radio y canales de televisión convirtiéndola por un momento fugaz en protagonista de rabiosa actualidad. Y Lola, consciente del  brillo efímero de los focos, aprovecha cada segundo para reivindicar con una naturalidad asombrosa que viene a dar la cara por todas las personas que son discriminadas en nuestra sociedad por el mero hecho de ser diferentes, de responder a patrones no convencionales o mayoritarios.

Lola pertenece a una nueva generación que viene a darnos de bofetadas hasta que nuestras conciencias, empeñadas en seguir dormitando en pleno siglo XXI, se decidan a despertar. Lejos de mostrar un estereotipo siliconado y estrafalario  (del que tanto se han servido algunos medios para desacreditar a todo un colectivo) en Lola hemos visto a una niña dulce, sonriente, sencilla, estudiante de bachillerato, aspirante a psicóloga y que, a pesar de su corta edad, se muestra muy capaz de poner en segundo plano las cuestiones relativas a su cuerpo que puedan ser objeto de morbosa curiosidad. Defiende su intimidad y deja claro que viene a hablar de inclusión social y de respeto.

Pero, seamos sinceros: ¿sabemos qué rayos significa ser una persona transexual? Porque la mayoría los medios de comunicación, en mitad de esta euforia trans, vuelven en demasiadas ocasiones a obviar su responsabilidad como educadores de la sociedad y, con la inmediatez por excusa… no responden a la primera pregunta de toda información periodística: el qué. Es decir… de qué estamos hablando exactamente cuando nos referimos a una persona transexual.

Buscando respuestas encontré algo que me pareció realmente fascinante, porque plantea un desafío para nuestras estructuras mentales, para nuestro sistema de creencias o paradigma a través del cual hemos visto hasta ahora al ser humano y a la propia Vida. Una persona transexual no es alguien que nace niño pero se siente niña… o al revés. Una persona transexual no se hace o se convierte una vez nacida. Ya en el vientre materno, la naturaleza opta por desarrollar el cuerpo de un ser humano siguiendo los patrones de diseño de un género determinado (masculino o femenino) mientras que configura el cerebro siguiendo la plantilla del género opuesto. Entonces, nace un bebé con un cuerpo masculino y un cerebro femenino… o al revés. Una combinación fascinante. Preguntarse porqué la naturaleza decide hacer tal cosa es cómo preguntarse por qué naces con un determinado color de pelo o con un lunar en el muslo.

¿Caprichos de la naturaleza? No lo creo. Al igual que no creo en el concepto de error. Me gustaría decirles a las personas transexuales… y a todas las personas en general que jamás piensen que su cuerpo es un error o han nacido en el cuerpo equivocado.  Es en todo caso el ser humano el que comete errores con la naturaleza. Ella es la propia vida que simplemente se expresa en infinitas combinaciones. La transexualidad no es algo que haya que esconder. Está ahí para decirnos algo: que somos  maravillosamente complejos y que todavía nos quedan muchos misterios por desvelar acerca de nuestra propia naturaleza humana.

El injusto rechazo que estas personas han sufrido a lo largo de la historia ya no tiene sentido. El rechazo a lo desconocido procede del miedo, de una reacción automática que responde al instinto de supervivencia. Pero hace mucho que, como especie, desarrollamos nuestro lóbulo frontal, esa parte del cerebro que nos permite tomar conciencia de nosotros mismos, reflexionar, pensar, discernir… y ser conscientes de nuestra propia ignorancia.

Al igual que en la Edad Media podían quemar por bruja a una mujer por el simple hecho de haber nacido pelirroja… seguimos condenando y quemando inocentes en la hoguera de las redes sociales, por ejemplo. Seguimos sentenciando y condenando a discriminación en régimen de cadena perpetua a personas inocentes cuyo único pecado es ser un desafío para nuestra inteligencia, ser piezas que no encajan en nuestros rígidos y limitados puzzles.

Pero aquí llega Lola… y la nueva generación: jóvenes, muy jóvenes… pero quizá con un alma mucho más vieja que la nuestra. Posiblemente sean ellos los maestros y nosotros los aprendices y nos falte humildad para reconocerlo.

Quien siga rasgándose las vestiduras ante la presencia de la diversidad, que tome asiento y un buen abanico… porque no llegan buenos tiempos para las mentes estrechas. No sopla el viento a favor de los corazones cerrados. Los avances en bioquímica, en psiconeurología, en epigenética… están aportando conclusiones sorprendentes acerca del  ser humano y de la vida. Somos milagros en potencia, conciencias creadoras experimentando la increíble aventura de ser un humano. Así que, bienvenido lo TRANS que se escribe con T de Tolerancia y le sigue una R de Respeto, una A de Amor y Aceptación, una N de Naturalidad y una S de Sorprendente.

Bienvenida la TRANSgresión que TRANSmite un mensaje de TRANSformación.