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Arima, dueña de Sarang. Cober

Sarang: siete años de fusión coreano-mediterránea sin perder la esencia

Combinando tradición y creatividad, ofrecen una experiencia gastronómica única en Gran Canaria

Paula F. Rodríguez-Borlado

Las Palmas de Gran Canaria

Viernes, 28 de noviembre 2025, 23:55

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En la calle Obispo Rabadán se encuentra un restaurante coreano un poco especial, ya que, desde sus inicios, fusiona la comida coreana y la mediterránea. Y es que sus dueños originales, un matrimonio formado por una pareja peculiar: ella coreana y él alemán, se encargaron de que la esencia del local y sus recetas quedasen en buenas manos antes de marchar de la isla.

Arima lleva años respirando el ritmo del restaurante que hoy dirige. Antes de ser dueña, fue parte fundamental del equipo que vio nacer a Sarang, un espacio creado hace siete años y que hace solo dos,junto a Nauzet, su socio, decidieron este proyecto no podía perderse.

Llegó apenas un mes después de la apertura y permaneció cinco años trabajando codo con codo con los fundadores. Pasó con ellos la pandemia, vivió los días buenos y sobre todo aprendió todo lo necesario del concepto: «Cuando decidieron marcharse me dio la sensación de que se llevaban un cachito de mi y necesitaba saber que los cinco años trabajando con ellos no habían sido en balde». Cuando la pareja decidió marcharse a Suiza, algo en ella se removió: aquel local en el que había invertido tanto estaba a punto de desaparecer de su vida.

Sala de Sarang. Cober
Imagen principal - Sala de Sarang.
Imagen secundaria 1 - Sala de Sarang.
Imagen secundaria 2 - Sala de Sarang.

Curiosamente, aún hoy muchos clientes no saben que Sarang ya no pertenece a sus antiguos dueños. Arima y Nauzet así lo quisieron desde que tomaron las riendas del local: evitaron anunciar el cambio para mantener la tranquilidad de quienes aman el sitio y temen que las cosas cambien cuando cambian las manos.

Sarang mantiene el espíritu original, pero con una intención clara: mejorar cada día sin perder su esencia. La fusión coreano-mediterránea sigue siendo el corazón del proyecto, entendida como un diálogo coherente entre productos asiáticos y sabores mediterráneos.

El ejemplo más claro es el steak tartar: un plato clásico reinterpretado con un aderezo asiático — cuya receta es secreta— y un toque mediterráneo en forma de alcaparra frita. Lo mismo ocurre con los langostinos rebozados en alguel y terminados con wasabi, o con el pollo de corral, elaborado según una receta tradicional coreana heredada de la familia de la antigua dueña. Cada plato juega con matices propios: picante equilibrado, texturas crujientes, notas frescas, contrastes.

Steak tartar. Cober

También trabajan makis con sello propio: unos pasados por tempura con mayonesa de chile para los amantes del picante; otros con mayonesa de trufa para quienes prefieren suavidad. A esto se suman cortes de atún que solo se ofrecen si el producto tiene la calidad que Arima considera digna del restaurante. Es por ello que trabajan por temporalidad de producto: «Si no lo comería yo, no lo meto en cocina», dice.

La carta se renueva cada seis meses: no por falta de éxito, sino para evitar que crezca sin control y para generar ilusión entre los clientes, que celebran el regreso de platos favoritos como quien recupera un recuerdo.

La propuesta: fusión coreano-mediterranea con identidad propia

Todo se elabora en casa: kimchi, rábano curtido, macerados. Para lograr la calidad que prometen confían en una materia prima de calidad, la cual se compra a diario en el mercado y el equipo de cocina prepara con indicaciones estrictas: cada receta debe saberse exactamente igual siempre. «Ni un gramo más, ni un gramo menos».

La formación interna en Sarang también es esencial. Arima empezó trabajando con la pareja de Nauzet, quien recogió las recetas originales. Luego fue su hermana quien se formó desde cero y a día de hoy es la jefa de cocina. Cada incorporación aprende el recetario como un código: precisión, respeto por el producto y fidelidad al sabor.

Pollo frirto coreano. Cober

Debido a que son fieles a las recetas originales, las cuales se remontan a la madre de la antigua dueña, intentan no hacer demasiadas modificaciones, sin embargo hacen algunas excepciones y de ese modo el restaurante puede adaptarse a vegetarianos y hacer todo lo posible para que también veganos se sientan cómodos. Pero el gluten es el límite más difícil: muchos macerados llevan soja, así que prefieren ser sinceros antes que arriesgar. «A veces soy yo misma quien les dice que mejor no vengan si solo podrán comer dos platos», admite.

Sarang no es un espacio para cenas de empresa multitudinarias ni para quienes buscan barra libre. Como bien dice su dueña, buscan ofrecer un lugar donde poder desconectar: parejas, grupos de amigos, reencuentros tranquilos, pequeñas reuniones de trabajo. Nada de ruido innecesario, nada de prisas. Quieren que el cliente salga sintiéndose relajado, casi como si lo hubieran sacado de una semana complicada para devolverle un rato de paz.

Trabajan con Just Eat, Uber Eats y ahora también con De fork, tanto para reservas como para pedidos.Además, han empezado recientemente con eventos externos tras una experiencia que salió mejor de lo esperado. No era parte del plan, pero ahora el catering está sobre la mesa y se encuentran aclimatándose a este nuevo proyecto.

El corto plazo pasa por una reforma del local: suelos, baños, cocina, detalles que requieren ser actualizados después de siete años de vida. A mediano plazo, todo es posible. Los clientes de Tenerife piden un Sarang allí cada vez que visitan Gran Canaria. La idea gusta, pero Arisma y Nauzet prefieren no precipitarse: mover su cocina a otra isla implica un despliegue que hoy no pueden asumir por solo un fin de semana.

Aun así, la semilla está plantada. El proyecto crece despacio, con cabeza, fiel a su identidad.

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