Una selección de palmeras de Dulcería Nublo. / Dulcería Nublo

Locura con las palmeras más famosas de Gran Canaria: «Podemos vender 4.000 en un fin de semana»

La dulcería Nublo, en Tejeda, es lugar de peregrinación de miles y miles de personas que aprovechan el trayecto para deleitarse con las delicias del icónico negocio, con las palmeras de chocolate como producto estrella

José Luis Reina
JOSÉ LUIS REINA Las Palmas de Gran Canaria

Rosa Mari habla de su negocio con la ilusión de alguien que acaba de empezar, a pesar de que ella ya es una veterana que ha puesto cuerpo y alma durante tantos años para que la dulcería Nublo siga siendo un referente en la isla, y sin duda patrimonio de Tejeda. Fundada en 1946 por Dolores Navarro, los piñones y los mazapanes comenzaron una andadura dulce que permanece intacta hoy en día, respetando el proceso de elaboración tradicional y con el sabor a nostalgia que lo hacen tan especial. «Los piñones son unos de los dulces que siempre hacemos, siendo el más antiguo que tenemos», apunta Rosa Mari, que destaca que «seguimos con la misma fórmula que tenía mi suegra desde el principio».

Rosa Mari, a las puertas del negocio. / C7

Un dulce con historia y arraigo

El piñón con almendra era la golosina de aquel entonces en numerosos municipios grancanarios, y su elaboración es tan sencilla como compleja, pues la paciencia es el arma clave para no fallar. «Azúcar, almendras y un poco de agua. El resto, paciencia y más paciencia para remover hasta que el azúcar coja el punto para hacer los piñones. No tiene ningún tipo de conservante ni de colorante, y eso también lo valora la gente. Se encuentra con los dulces de siempre y hechos a la manera tradicional», se enorgullece.

Una de las célebres palmeras. / C7

Llegó la pandemia y Gran Canaria respondió

La dulcería Nublo, como tantas y tantas empresas, se vio obligada a reinventarse durante la pesadilla pandémica. Internet y la venta online se convirtió en una vía de escape para poder sobrevivir sin que el proyecto se derrumbara. «Llegamos a todos los rincones de Gran Canaria, de norte a sur. No conocía muchos de los sitios donde nos realizaron pedidos», relata emocionada. «Gracias a ese apoyo sacamos a los 18 empleados del Erte en 20 días. Ahí me di cuenta de lo arropados que estamos y de lo mucho que nos quieren en la isla».

Las palmeras, el producto estrella de Nublo

Si hay un dulce que destaca por encima de los demás y es el gran reclamo popular de los golosos peregrinos en Tejeda, ese es la palmera de la dulcería Nublo. Un auténtico símbolo del negocio y que está íntimamente relacionado con su gran reputación. Es tal el éxito, que «en temporada alta, en un fin de semana podemos vender 4.000 palmeras», confiesa Rosa Mari. Todo un hito teniendo en cuenta la localización de la dulcería. ¿El truco? Una vez más, respeto por la tradición, talento y paciencia.

«Todo el proceso se hace a mano, ninguna es igual a la otra»

«Ninguna palmera de las que hacemos es igual. A veces me dice la gente que una palmera quedó grandísima, otra más pequeña o más gorda. Como todo el proceso se hace a mano, ninguna es igual a la otra. Aquí las manos son nuestra mejor herramienta, desde el principio hasta el final».

Uno de los dulces de Nublo. / C7

Más de 30 tipos

Lo que está claro es que allí hay palmeras para todos los gustos. Más de 30 clases, desde las clásicas de chocolate o azúcar, hasta las de dulce de leche, plátano, naranja, galletas Bandama, oreo, de chocolatinas Tirma… Un sinfín de posibilidades que hace las delicias de los visitantes, «que llegan desde cualquier parte». Su fama ya traspasa fronteras y no deja de sorprenderle la cantidad de extranjeros que acuden a la dulcería en busca del célebre producto.

Si las quiere, vaya a Tejeda

Hay algo que se mantiene innegociable para Rosa Mari: sus dulces solo se venden en Tejeda. «No vendemos palmeras a ningún sitio ni tenemos dulcería en la capital. El que quiera una palmera de la dulcería Nublo tiene que venir a Tejeda», afirma tajante. Para ellos es mucho más que un municipio, es toda su vida. «De aquí no hay quien nos mueva. Hemos tenido propuestas muy tentadoras para abrir en otros sitios, pero no. Mi hijo seguirá la misma línea y se quedará aquí. Tenemos un paisaje único, respiras aire puro y encima te llevas un dulce con un día diferente».

La calidad no se negocia

¿El precio de la palmera? 1.90 euros. Han tenido que subirlo 20 céntimos por el aumento del precio de las materias primas, que «ha sido desorbitante».

En este sentido, Rosa confiesa que prefiere «subir el precio un poco pero continuar con la misma calidad. De materia prima no se puede cambiar, y el que no se pueda comprar dos palmeras que se compre una, la calidad no se puede negociar». Y la gente así lo ha entendido, porque por allí la vida, afortunadamente, sigue igual.