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Vino blanco para ella, tinto para él
Apuntes de barra

Vino blanco para ella, tinto para él

Apuntes gastronómicos desde la perspectiva de un profesional canario de la sala

José Miguel Sánchez

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 4 de marzo 2024, 12:01

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Nunca me gustó la cerveza, su sabor amargo y ese aroma… no suelo beber ron sin acompañarlo con alguna Coca-Cola, y me cuesta saborear aquello de un buen wiski solo. Será que no soy lo «suficientemente hombre». Cuando salgo a tomar algo a un bar o cafetería con alguna amiga, mi hermana o mi madre, y ella es quien se dirige al camarero o camarera pidiendo una caña y un café, suele ocurrir que se da por supuesto que la caña es para mi y el café para ella. Y ello responde a causas antropológicas que son de carácter social y cultural de épocas pasadas.

Es cierto que hay bebidas que suelen ser más consumidas por las mujeres y otras más habituales en los hombres. La comparativa así lo demuestra y la experiencia nos confirma que las mujeres son más consumidoras de bebidas con características dulces, frutales o en cualquier caso mas sensibles y sutiles a los sentidos, no solo a los del gusto, sino también a los olfativos e incluso visuales. Suelen consumir más vino blanco, cócteles, y combinados más creativos o complejos. Los hombres en cambio, suelen tomar tragos más simples a priori, un wiski añejado, rones a «palo seco», vinos tintos con carácter, etc.

A mi entender y experiencia, se debe a varias cuestiones de índole cultural e histórico. En muchas ocasiones esta tendencia viene precedida de unos condicionantes sociales con un carácter claramente machista. No hay que olvidar que las consumidoras femeninas en épocas no muy lejanas eran vetadas en bares en los cuales solo se admitían a hombres o estaba mal visto que las mujeres acudieran a estos garitos. Incluso en las propias bodegas y viñedos si éstas tenían la menstruación, se les impedía la visita o la vendimia por temor a que la cosecha se estropeara.

O simplemente que tomaran ciertas bebidas que se consideraban «solo para hombres rudos que pudieran aguantar los grados alcohólicos de estas». Así mismo, se reservaban ciertas bebidas para las mujeres, como el vermut, licores frutales o el champán. De ahí, en sensu contrario los hombres creían que tomar bebidas mas alcohólicas, o con mayor fortaleza en su sabor, les haría parecer más «varoniles», excluyendo históricamente aquellos tragos mas dulces o con aromas más florales. De hecho en mis inicios en este mundo, algún comercial me ofrecía vino que era denominado «para mujeres», esto era muy habitual, y aún quizás hoy, hay quien sigue arrastrado y condicionado por estas influencias.

Sin embargo, es cierto que a la hora de elegir que beber, en la mujer hay cuestiones que responden a otro tipo de sensibilidades y emociones más propias de la biología de éstas y la capacidad de evitar aquellos aromas y sabores que les produce rechazo, ya sea por su fortaleza, astringencia, acidez, etc.

Es un factor genético que se da en mayor medida en la mujer que en el hombre, enfocado a evitar aquellos alimentos y bebidas que puedan ser nocivos en la época de gestación y que las pone en alerta ante estos estímulos. De ahí que se les desarrolle aún más los sentidos del gusto o el olfato durante los nueve meses de embarazo. Y esto está demostrado que ha influido históricamente en las bebidas y alimentos consumidos por las mujeres.

Hoy en día, debido a estas cuestiones históricas o culturales desgraciadamente seguimos inconscientemente asumiendo que hay bebidas o comidas que son más propias para mujeres que de hombres y viceversa y no precisamente por cuestiones biológicas, sino mas bien por una «evolución» mal entendida.

Si el camarero o camarera que nos atiende en la mesa, se lanza a la libre interpretación seguramente dará por sentado que la ensalada es para ella y el trozo de carne poco hecha para él. O que el café solo lo pidió él y el cortado ella, ya que el primero es mas potente que el segundo. Les animo a que hagan la prueba.

Y esto sucede dentro de la gastronomía en multitud de actitudes estereotipadas que asimilamos sin darnos cuenta y en ocasiones las podemos ver como normales o lógicas. Claro que no debería ser así, o por el contrario estaremos reforzando ciertas actitudes degradantes del pasado que nada tienen que ver hoy en día con la gastronomía.

Y aunque las tendencias cambian en gustos tanto para ellos como para ellas, nunca está de más preguntar antes, ¿quién pidió el vino blanco y quien el vino tinto? Así no caeremos en ese tópico anticuado e involutivo de la gastronomía. Ensayo de un camarero

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