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Como sugerencias, hoy tenemos...
Ensayo de un camarero

Como sugerencias, hoy tenemos...

Relatos ocurridos en el interior de los establecimientos de hostelería, contados por un profesional de la sala en Canarias

José Miguel Sánchez

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 24 de junio 2024, 16:07

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A todos los que nos gusta salir a comer a un restaurante y muchas veces repetimos en aquellos lugares donde nos sentimos mejor atendidos, o tienen algo especial, valoramos mucho que el sitio tenga variedades en su carta y si no es así al menos que existan sugerencias o platos «fuera de carta», y así poder probar algo diferente sin tener que cambiar de restaurante porque ya nos sabemos la carta del menú entera y empieza aburrir.

En los sitios donde he trabajado y me dirijo a los comensales para decirles lo que esa semana tenemos fuera de carta, ya sea de comer o de beber, algún coctel o una remesa de vino diferente, observo y esto también ocurre cuando voy de comensal que en la mesa se respira un cierto aire de incertidumbre, y ello responde a que si bien se valoran estas sugerencias, también es bien sabido que a veces hay lugares que se aprovechan para plantar un precio elevado a esos extras fuera de cartas que cuando recibimos la cuenta para pagar nos cortan la digestión.

Siempre se ha mantenido que hablar en la mesa de ciertos temas como política, religión odinero, por ejemplo, no se considera de buena educación. Sin embargo, estas reglas impuestas producto de nuestra evolución son de carácter cultural y a lo mejor alguna de ellas quizás hoy ya carezca de sentido común.

Me da la impresión que los comensales se quedan en una situación de marginación social en la mesa frente a los demás cuando preguntan por esa Lubina, ese chuletón de 40€ el kilo, o esa botella de vino. Suena como si por el hecho de ejercer el derecho a saber cuanto se va a pagar por un producto estemos cayendo en la miseria o sacáramos a la palestra que no tenemos dinero suficiente para hacer frente a la cuenta.

Este complejo sobre el dinero y hablar de ello en un restaurante cuando se dan estas situaciones tiene fácil solución y es la que yo ejerzo como anfitrión en mi puesto de trabajo.

En mi opinión, el camarero debería de comentar los precios al comensal. Saber transmitir la seguridad cuando se describe un plato es igual de importante para el comensal como también lo es la información del coste de ese producto. La regla que yo propongo es que, si lo que ofrezco fuera de carta está en el arco lógico de los precios del restaurante, el valor de ese plato o producto no es necesario decirlo, pues ya el cliente sabe que tipos de precio se manejan en ese restaurante o tasca.

Ahora bien, si el precio supera esa media del valor de la carta, creo que es un acierto avisar al comensal del precio del producto. Explicar que esa botella de vino cuesta 30€ o que el chuletón pesa aproximadamente kilo y medio y ronda los 40€ el kilo, o que nos acaban de traer unas lapas a unos 20€ la ración, no creo que sea motivo de falta de educación o tabú.

El cliente aprecia esa consideración y evita que este no sea juzgado como vulgar o maleducado por los demás comensales de la mesa si este quiere saber el precio de las sugerencias, cosa que sí haces cuando vas a comprar una prenda de ropa o preguntas por el precio de la matrícula del gimnasio. Ensayo de un camarero.

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