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Pequeños orgasmos gastronómicos
Ensayo de un camarero

Pequeños orgasmos gastronómicos

Apuntes gastronómicos desde la perspectiva de un profesional canario de la sala

José Miguel Sánchez

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 26 de febrero 2024, 12:27

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Comienza una nueva jornada de trabajo y como cada día repetimos el mismo ritual. Preparamos la sala para que todo esté en su lugar bien organizado y limpio. Cada detalle importa, las copas, los cubiertos, la música, la luz… Después, acicalados, con el uniforme limpio y planchado nos sentimos listos para recibir a aquellos que buscan su momento de placer.

Ambas partes en esta relación deberán estar dispuestas a pasarlo bien y disfrutar del rato. Todos sabemos que en cualquier relación debe haber un equilibrio entre dar y recibir.

Los comensales asumirán la parte pasiva en esta relación. El placer lo hallarán de varias formas, podrán elegir aquello que más les gusta o les llame la atención, a veces incluso podrán probar antes de dejarse seducir. Tendrán sensaciones muy diferentes, placenteras o únicas. O también simplemente encontrar aquello que buscaban, un momento de relajamiento, de distracción, desconexión o porque no de diversión. El lugar, los olores, la música. En compañía o en soledad. Quizás por una hora o cinco minutos, todo un conjunto de factores por los que dejarse llevar y disfrutar del momento.

Nos corresponde a nosotros posicionarnos en la parte activa, con una mayor carga física y mental, atentos al más mínimo detalle, los gestos y las preferencias de aquellos y aquellas que vienen a dejarse llevar. Los preliminares son de gran importancia, ya que nos van a dar pequeñas pistas para conocer a los que vamos a cortejar, la forma en la que iniciamos nuestra presentación y les invitamos a empezar esta ceremonia de acercamiento.

El placer para los que asumimos la tarea de servir, lo encontraremos también de diferentes maneras. Antes que nada, acertando en las pretensiones y expectativas de cada uno de los comensales que nos han elegido. Sintiendo que aquello que le hemos ofrecido del menú, tanto los alimentos como la bebida, coincide exactamente con lo que se esperaba del lugar, siendo de su gusto y agrado. Y como no sabiendo que la atención recibida ha sido la adecuada.

Todo este conjunto de sensaciones del trabajo bien hecho se traduce en placer. Ya no se trata solo de que la comida esté buena, la carta de vinos esté genial o el local sea coqueto. El momento del clímax es cuando ese comensal valora tu esfuerzo y tus ganas de hacerlo bien. Cuando esa mesa te espera en la puerta del local para despedirse y te dice que volverá pronto y tú sabes que en parte es también gracias a ti. Cuando un apretón de manos antes de irse del restaurante tiene más valor que una propina. Y cómo no, cuando ves que esa relación que empezó como una breve experiencia, se acaba por convertir en una relación duradera en el tiempo.

Y aunque a veces puede haber algún gatillazo inesperado aún cuando todo parecía que iba bien, no hay mayor satisfacción y placer para un camarero, que contribuir a pequeños ratos en una barra o una mesa de un restaurante, puedan convertirse en grandes momentos de placer y felicidad para alguien. Por ustedes, ¡salud! Ensayo de un camarero

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