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Ecotasa gastronómica
Ensayo de un camarero

Ecotasa gastronómica

Apuntes gastronómicos de un profesional canario de la sala.

José Miguel Sánchez

Lunes, 13 de mayo 2024, 12:25

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Ahora que entra en debate la protección de los espacios naturales y ecosistemas de las islas por aquellos que hacen uso de los mismos, me pregunto si también habría que tener en cuenta los ecosistemas gastronómicos afectados por el mal uso que algunos comensales, extranjeros y nacionales, hacen de estos espacios, llevando a cabo actividades nocivas que afectan al buen funcionamiento e incluso llegan a provocar unas pérdidas económicas sustanciales.

Cada uno de los locales, restaurantes o cafeterías. Con o sin terrazas, tienen un medioambiente al que se deben. Es decir, sus espacios reúnen unas características de consumo propias y adaptadas al tipo de establecimiento para el cual ha sido creado. Por ejemplo, dar desayunos, bar de copas o cervecerías, servir almuerzos, cenas y así sucesivamente.

A menudo me fijo cuando paseo por la avenida de la playa, muchos turistas disfrutando de atardeceres o amaneceres sentados en las terrazas de los diferentes locales que se sitúan a escasos metros del mar, con un café o un Rosé Wine, de media tarde. O también ocupando mesas en los interiores de los locales con un Irish Coffee, leyendo alguna novela amarillenta de Jane Austen o Agatha Christie. E incluso, algunos con lápiz en mano subrayando algunos apuntes, por no hablar de los ordenadores portátiles.

Es fantástico que los turistas nos visiten, la gran mayoría son muy educados, simpáticos y bastante agradecidos en el servicio que se les ofrece, solo hay que ver las propinas que suelen dejar. Sin embargo, estas conductas que se repiten constantemente tienen consecuencias negativas para el negocio.

Cuando un cliente o un comensal toma asiento en un restaurante se espera que realice un consumo adecuado en relación al tiempo que ocupa en la mesa. No se encuentra ninguna lógica que un cliente ya sea nacional o de fuera del país, se tome un café de 1,50€ o una caña de 2,50€ y pretenda ver el crepúsculo sentado en una terraza durante este proceso. Ningún local de esta ciudad y me atrevería a decir también en el resto de las islas, está preparado o los precios de sus productos adaptados para soportar estas envestidas. Hay que entender que, de ser así, ese café o esa cerveza tendrían que tener un coste mucho más elevado.

Un restaurante o una cafetería no está para que los consumidores hagan uso de estos espacios como si fueran bibliotecas o despachos improvisados. Aquello que parecía tan moderno y europeo, de tener Wi-fi para los clientes del negocio, cada vez se ve menos, y la razón de ello es el abuso por parte de clientes, que pretenden usar estas instalaciones durante media hora o más a base de tomarse una bebida y un snack. Quizás ciertos espacios con vistas o ambientes privilegiados debieran cobrar un precio por el uso de sus mesas y de esta forma evitar que sucedan estas situaciones tan poco favorecedoras para el negocio y sus empleados.

Si lo que te apetece es tomarte un café con una amiga o amigo que hace mucho que no ves, o ver la puesta de sol, o simplemente leer el periódico con un café, ha de ser consciente y hacer un uso respetable del lugar acorde con lo que va a pagar en la factura. Por suerte, también hay parques y jardines donde poder llevarte una toalla y un termo con café para sus tardes melancólicas o románticas. Ensayo de un camarero.

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