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La arrancadilla
Ensayo de un camarero

La arrancadilla

Apuntes gastronómicos desde la perspectiva de un profesional canario de la sala

José Miguel Sánchez

Las Palmas de Gran Canaria

Lunes, 25 de marzo 2024, 10:54

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Todos hemos estado en un supermercado o en unos grandes almacenes y se ha escuchado por la megafonía del centro aquello de «en quince minutos nuestro establecimiento cerrará sus puertas». Es lógico, ya que a veces uno se dispersa entre pasillos y escaparates y pierde no sólo el rumbo sino también la noción del tiempo y nunca está de más que te avisen.

En los restaurantes y negocios de hostelería no hay megafonía, pero si hay un cartel en la puerta donde se suele informar del horario. En ocasiones te especifican la hora de apertura y cierre, y en otros casos también los horarios de almuerzos o cenas como, por ejemplo, «la cocina cierra a las 23.30h y el local a las 24.00h» precisamente para que, en esa media hora de descuento, al igual que cuando en un centro te avisan por esos altavoces, te de tiempo de ir terminando los alimentos y bebidas que te quedan en la mesa.

Sin embargo, hay situaciones que se repiten continuamente cuando pretendemos cumplir el horario de cierre del establecimiento y esto no se acaba de comprender por los comensales. Que pretenden quedarse por más tiempo en un «abuso» o mal uso del servicio que se les ofrece.

Entiendo que cuando un negocio cierra sus puertas quedan tareas por hacer, el del supermercado hará inventario, el del banco los cierres de cajas y contabilidad y así para cada profesión. Normalmente, o en líneas generales, después de cada servicio que se da en un restaurante, tasca o cafetería, los compañeros de sala y cocina, recogen, limpian, ordenan y preparan el siguiente servicio, entre otras muchas tareas, y estas no se realizan en diez minutos, como poco en media hora. Y a partir de ahí todo lo que se dedica de más está fuera del horario de ese trabajador que lleva ocho o diez horas trabajando y esforzándose para dar lo mejor de sí para que los comensales que han acudido a ese negocio disfruten y lo pasen bien.

Si acaso ves y observas que la mayoría de los comensales que te rodeaban se han ido marchando, que ya las luces del restaurante han cambiado y se muestran mas luminiscentes y que por arte de magia la terraza ya está apilada, seguramente es momento de ir abandonando el local. Lo notarás también cuando los camareros hayan retirado de la mesa todos los platos, vajilla incluso las copas, y seguramente el camarero haya insistido en aquello de «¿falta algo más?» en un afán de no parecer descortés.

Supongo que todos esos clientes que acuden a tomar algo y disfrutar de restaurantes, bares y discotecas, también trabajan y en sus turnos muchas veces no vislumbran la hora de salir del trabajo, el toque de sirena que te dice que ya la jornada finalizó y es hora de descansar, ver a su pareja a sus hijos o simplemente porque les apetece salir a tomar el aire.

No es momento de pedir la última copa, ni mucho menos de solicitar al personal cinco minutos más, será mejor para todos que «la arrancadilla» se la tome en otro local de copas o a lo mejor sea buena idea la de volver a casa. En cualquiera de los casos hay que empatizar, ser educados y respetuosos con el trabajo de los demás, no hace falta enojarse con el camarero, ni llamar al jefe, ni tomárselo como algo personal, simplemente es la hora de cerrar. @ensayodeuncamarero

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